7.12.12

Filosofía económica. La base del pensamiento económico

Hace un tiempo intentaba dar unos pequeños apuntes que diferenciaba las ramas que habían ido surgiendo del pensamiento (comúnmente denominado) keynesiano.
Hoy quiero ir un poco más allá y centrarme en los diferentes enfoques que sirven de base para el desarrollo del pensamiento económico, tanto el que discurre por la corriente principal como los enfoques heterodoxos.

En vez de clasificar todas las escuelas económicas (lo cual suele dar problemas) y definir las bases de las mismas, voy a partir directamente de los fundamentos de la filosofía económica.

Si bien no es una tarea fácil definir qué es aquello que conforma los principios filosóficos no solo en un nivel interpretativo de la realidad (¿qué es lo que vemos?) sino también la forma en la que observamos esta realidad (¿Cómo lo vemos?) y el uso que le damos a esta información, me iré guiando por las aproximaciones que más o menos pueblan el debate a partir de la exposición que realiza Lavoie: La epistemología, el individuo frente a la sociedad, el concepto del homo economicus, y la definición de la economía como ciencia.

     

Realismo frente a instrumentalismo

Una de las primeras contiendas se realiza en el plano del propio conocimiento.  
¿Para qué debe servir? ¿Es el conocimiento un fin en si mismo?
El enfoque científico se separa en dos vías claramente diferenciadas:
  • El enfoque realista, que ve en la ciencia la forma en que el ser humano puede acercarse a la realidad, conocerla y entenderla. Una realidad que es ajena al que observa y que existe por si misma. El objetivo del científico “realista” es alcanzar la verdad de esta realidad.
  • El enfoque instrumentalista, que ve en la ciencia el instrumento para analizar y predecir los fenómenos que suceden en la realidad, independientemente del proceso por el qué estos fenómenos ocurran. Lo importante bajo este marco no es entender lo que subyace (lo que no se ve, lo que no nos afecta), sino solo lo que se ve.
Así, la visión del instrumentalista (según Osiander) hace que las hipótesis que sustenten una teoría (y por tanto, una predicción o el propio conocimiento), no necesiten ser ciertas, pues es suficiente con que estas proporcionen unas conclusiones que sean consistentes con la realidad observada.

En el plano de las teorías (en nuestro caso económicas), lo que hace que una teoría sea científicamente “cierta” (o, categóricamente “mejor”) es, desde el punto de vista realista, que la teoría se sustente bajo la verdad de todos los elementos que la componen (hipótesis y conclusiones), mientras que desde el punto de vista instrumentalista, solo las conclusiones (por ser lo que directamente necesitamos y queremos contrastar) necesitan acercarse a la verdad.

La visión instrumentalista es mucho más práctica (de hecho es puramente pragmática), en tanto en cuanto no dudará en imponer una restricción, un axioma o una hipótesis que sea poco realista si con ello consigue un mayor poder explicativo.

El economista Schumpeter, descrito en Shionoya (1990) como un instrumentalista, escribía:
“The absolute truth of our hypotheses does not matter…The role of hypotheses is merely formal; even if it were proved that they are themselves true, nothing would be gained from it for our laws.”
Friedman, otro conocido instrumentalista, sugería que una teoría, aun siendo falsa, podia ser más util (y por tanto debía ser preferida) que una cierta.

Es por tanto en las hipótesis donde encontramos la primera divergencia.

El enfoque realista trata de utilizar hipótesis ciertas, ya vengan estas de la propia observación y experimentación (tras corroborar la verdad de estas proposiciones con respecto al mundo real) o a través del conocimiento apriorista (cuya existencia es otro debate abierto).

Aunque en el contexto de la construcción de modelos formales teóricos sobre el comportamiento del mundo real, el uso de hipótesis (y más en el plano económico) implica matizar un poco que significa aquello de “real”. Y es que, ¿Cuan realista puede ser una simplificación, una hipótesis?

En primer lugar, los modelos teóricos no muestra la “verdad” del mundo real (algo complejo y lleno de infinitos e infinitesimales detalles), sino el comportamiento en base a las “fuerzas” que lo mueven. El movimiento o comportamiento lo describimos a través de nuestras ideas subjetivas en los modelos que luego contrastamos con la realidad.

Una hipótesis extra es que se pueden estudiar estas fuerzas de manera individual (la gravedad sin tener en cuenta el magnetismo, el consumo propio de patatas sin tener en cuenta la tasa de ahorro de los chinos…). Esto nos permite en primer lugar excluir toda aquella parte de la realidad que afecta en un grado muy pequeño (o nulo) al comportamiento que queremos analizar.

Si no asumes esa hipótesis, quizás creas que el estudio detallado del contexto histórico es la única forma de intentar explicar los eventos pasados, y que la complejidad de un mundo casi caótico (donde una variable se ve afectada por todas las demás) no puede llegar a conocerse (ni por medio de la generalización inductiva del pasado, ni por medio de la deducción lógica, al no disponer de todas las hipótesis necesarias, esto es, el estado inicial del sistema al detalle).

Por otra parte, casi cualquier hipótesis sobre el comportamiento social debe simplificarse a la hora de introducirla en el lenguaje lógico-matemático. Cualquier simplificación es, por mera construcción, una abstracción de la realidad (si no lo que haríamos sería simular la realidad en un matrix condicionado al estado inicial del mundo sobre el que hacemos las hipótesis). ¿Hasta que punto esa abstracción sigue manteniendo la verdad y, por tanto, debe ser válida para los “realistas”?

Creo que es una pregunta que mantiene abierto el debate.

Desde mi punto de vista, la respuesta está en el enfoque. Empezando porque cualquier observación que obtengamos está cargada de juicios de valor propios, e implica un análisis parcial de la realidad, debemos ser conscientes de que aunque exista el termino “real”, lo que hacemos nosotros es acercarnos más o menos a esa realidad, pero no alcanzarla. Las hipótesis que hagamos (basadas en nuestro conocimiento y experiencia) serán siempre, por tanto, más o menos cercanas a la realidad, nunca puramente reales (excluyo enunciados analíticos / tautológicos).

Así pues, cualquier simplificación es una abstracción que no es estrictamente verdad. Pero no incumple el sentido “realista” de la ciencia, puesto que lo que este enfoque hace es valorar la mayor o menor verdad de las hipótesis para valorar el modelo teórico en su conjunto, admitiendo (al menos en mi caso, ya que soy más próximo al realismo que al instrumentalismo) que cualquier modelo es una abstracción y, por tanto, que jamás será una “verdad” pura.

La econometría, como herramienta utilizada para estudiar la correlación y fuerzas existentes entre diferentes variables económicas se dispone para validar la verdad o falsedad de las conclusiones expuestas en las diferentes teorías, como método para validar la teoría en sí. El enfoque mainstream, por tanto, es el instrumental, popularizado tras las aportaciones de Friedman.

Y si bien en el plano teórico las aportaciones se realizan a través de una mayor sofisticación en las hipótesis, la relevancia de las mismas sigue validándose a través de los resultados que estas aportan en sus conclusiones.

Los enfoques heterodoxos (marxistas, post-keynesianos, institucionalistas…) se basan más en la noción realista de la ciencia, cuya principal crítica ante las aportaciones neoclásicas se basa en el mundo imaginario sobre las que descansan.

Se puede hacer un comparación entre las aptitudes de cada una de las posturas científicas y la aportación que hacen sobre el método científico a través del trabajo de Cacioppo, Semin y Berntson (2004):


Elaboración propia a partir del gráfico elaborado por Cacioppo, Semin y Berntson (2004)

     

 Organicismo e individualismo

El segundo de los principios que entrañan divergencia es la óptica desde la que hay que estudiar y analizar el comportamiento económico de los agregados sociales en el escenario económico (lo que en términos clásicos se denomina “mercado”).

La principal es aquella que estudia el comportamiento del individuo y lo generaliza, lo suma y lo agrega para determinar el comportamiento del conjunto. En el otro lado del ring nos encontramos con la propuesta organicista, aquella que rechaza el reduccionismo como forma de analizar un complejo entramado de entidades que se relacionan, vinculan y restringen entre si.

La forma más simple de reducir el principio de estos dos conceptos es preguntarse: ¿Es el todo simplemente la suma de sus partes?

La visión neoclásica se fundamenta en el agente económico individual y la microfundamentción de su comportamiento para desarrollar una teoría de preferencias que acabará en el intercambio óptimo a través de la maximización de lo que se denomina su utilidad. Y es este intercambio, en la forma en la que se distribuyen los bienes entre los agentes, el que describe el estado de la economía (del mercado).
El enfoque holista, u organicista, ve en el hombre no solo un animal individual, sino, sobre todo, un ser social, que genera estructuras organizativas a través de la colaboración entre individuos, que conforman una entidad diferente y que afecta directamente no solo a la estructura del mercado, sino a la propia capacidad de acción del hombre.

¿Qué es una mesa, sino simplemente cuatro patas y una tabla? Sin embargo, la mesa, como objeto, como entidad, no es solamente el conjunto de los cinco objetos que la conforman, sino que necesita una cierta organización, una forma (abstracta, o ideal, en el sentido platónico del término), para que tal conjunto sea, efectivamente una mesa.

La visión organicista toma esto en consideración, e introduce las instituciones (la forma en la que se organiza la sociedad, ya sea en base a leyes o a entidades económicas, como bancos, organizaciones territoriales, la cultura…), como un elemento crucial en el contexto de la producción, intercambio y consumo de los individuos.

Estas instituciones, que surgen de los individuos, pero que siguen otras normas o propósitos (una mayor justicia social o económica, una mayor eficiencia productiva, un mejor uso de la información disponible), deben tenerse en cuenta.

Popper, criticó esta visión afirmando:
“Todo fenómeno social…debe ser siempre entendido como el resultado de las decisiones, acciones, actitudes, etc. de los individuos y… no deberíamos estar satisfechos con ninguna otra explicación que esté en términos de los llamados colectivos.”

Sin embargo, no se trata tanto de no explicar el comportamiento institucional o cultural a partir de las decisiones (o preferencias sociales) de los individuos, sino de incluir esto de una manera correcta en los análisis de corte económico.

Se alude, pues, a esta “emergencia” (porque emerge, no porque urja), como aquello que existe como el conjunto de decisiones, colaboraciones y acciones de los individuos.

Si los modelos que parten del individuo incluyen estos procesos emergentes, podrían llegarse a conclusiones parecidas, pero se me antoja difícil por la complejidad de incluir la heterogeneidad y las relaciones necesarias para que esto ocurra.

Existen ramas (bastante novedosas) de la economía que intentan explorar esta emergencia, como pueden ser las teorías de la complejidad, la auto-organización, sistemas adaptativos, evolutionary economics… en diferentes ámbitos más o menos cercanos a posiciones heterodoxas o neoclásicas. Sin embargo, creo que esta dicotomía es bastante más fuerte de lo que parece. Sobre todo si creemos que las organizaciones e instituciones también afectan al pensamiento y las preferencias de los individuos. A continuación podemos ver el popurrí de áreas de estudio social donde aparecen estos conceptos:

 

Robots optimizadores Vs Procesamiento imperfecto

Ya sea sobre el eje del comportamiento únicamente individual, o en base al conjunto de instituciones y estructuras sociales, nadie duda de que conocer el “ser” es indispensable.

Lo que define al ser humano es su capacidad de pensar (de ahí que seamos sapiens). La capacidad de recoger u utilizar la información de la que disponemos es un elemento fundamental a la hora de estudiar la toma de decisiones.

El ser humano es, a todas luces, un ser racional, en el sentido de que utiliza de la mejor forma que le es posible, la mejor cantidad de información que le es posible conseguir, para tomar una decisión de entre las que pueda elegir. Hay tres “puedes” ahí.

En el sentido neoclásico el ser humano, u homo economicus, tiene una racionalidad casi perfecta. En los modelos teóricos se presenta al individuo como una máquina de optimizar que utilizará toda la información disponible (que también suele simplificarse en “toda la información existente”) para elegir la mejor decisión posible.

La inclusión de expectativas racionales (uso generalizado por Robert Lucas), que incorporan el hecho de que toda predicción es esencialmente cierta excepto por un error aleatorio, es una de sus principales conclusiones.

Esto asume que el modelo teórico de comportamiento de los individuos es conocido por los propios individuos (ya que los individuos, que tienen información, también tienen la información que se desprende del análisis del comportamiento económico).

Si el modelo predice que la inflación va a ser del 3%, el modelo intenta describir una realidad en donde ese modelo es cierto y los individuos lo conocen (por que tienen toda la información a su alcance), entonces los individuos actuarán en consecuencia. Y puesto que una de las virtudes de la economía es que es, en muchos casos, auto-proféticamente-cumplida, la inflación será del 3%.

Otro de los elementos que incluyen estas expectativas racionales es el hecho derivado del punto número 2, el concepto individual en el análisis del agregado. En vez de tener en cuenta las asimetrías entre individuos en la suma de estos (que se forman en base a su propia interacción, en lo que antes denominábamos “emergencia”), se genera un representante de los mismos, que dará cuenta por todos. Al tener que simplificar la economía al comportamiento de un individuo, este debe reunir el comportamiento agregado medio, que en el caso del proceso mental, implica una moderación en la variabilidad que pueden surgir de los errores del comportamiento individual.

Es decir, que un individuo puede equivocarse más o menos, pero en media, el conjunto (y por tanto el individuo que la represente) no se equivocará mucho.

Por otra parte está la visión procedimental del proceso de toma de decisiones que utiliza la llamada “racionalidad limitada” desarrollada por Herbert Simon.

No solo los seres humanos tenemos diferentes informaciones, sino diferentes formas de procesarlas. El tiempo y las emociones afectan a nuestra toma de decisiones más de lo que queremos aceptar.

En esta visión, si bien como seres humanos intentamos analizar todas las alternativas y las consecuencias de las mismas para tomar una decisión, relegamos en la heurística (proceso por el que elegimos basándonos en decisiones pasadas, estrategias, para resolver los problemas).

Una de estas estrategias puede ser el “sentido común” que puede diferir entre diferentes contextos sociales (agregados, todo se retroalimenta).

En concreto, delegamos la toma de decisiones en normas o algoritmos predefinidos, que pueden estar mejor o peor preparados para optimizar la decisión.

Daniel Kahneman, por un lado, o Daniel Ariely (y todo lo que implique el estudio de las behavioral economics), por otro, dan cuenta de las limitaciones, costumbres y el reflejo de las emociones y el entorno en nuestras acciones.

Y si el empleo de la información es un tema importante, las asimetrías derivadas de una información imperfecta o incompleta (o incluso inexistente) cobran aun más importancia. Sobre todo si tenemos en cuenta que la información es, también, algo generado por el ser humano, por lo que un tipo de poder social puede tener preferencia ante la generación de información falsa o incompleta ante la que no hay alternativa y que generará de todo menos una aproximación a la eficiencia.

Y en la cúspide de todo este embrollo, la incertidumbre se mantiene como eje principal de algunas escuelas heterodoxas como el post-keynesianismo, el hecho de no tener información disponible ni siquiera para calcular los riesgos de un futuro que es (a cierta escala) impredecible.

      

¿Qué demonios es la ciencia económica?

Por último voy a comentar uno de los ejes principales de divergencia que, quizás, sea el principal. Pues antes de pensar sobre economía debemos definir propiamente qué nos preocupa, cual va a ser nuestro principal punto de análisis. Debemos, por tanto, definir el tema sobre el que va a versar la ciencia económica.

Una de las visiones es el estudio de la satisfacción de necesidades ilimitadas (dado nuestro carácter de no saciabilidad, una consideración que ya entraña debate) con una serie de recursos escasos, y la manera en la que la asignación de estos recursos entre todas las personas implica una mayor o menor eficiencia.

El problema surge, por tanto, de la escasez de estos recursos.

Este enfoque no solo da pie a la forma que toma la distribución de estos recursos (puesto que el “todo” está limitado), sino que, puesto que las partes, es decir, los diferentes bienes que se producen con estos recursos, son también escasas, debemos enfrentarnos a un proceso de decisión derivada de un coste de oportunidad (elegir algo implica no elegir otra cosa) que confronta nuestras preferencias, con las posibilidades de producción, determinando así los precios (demanda y oferta). Es en esta confrontación donde podemos obtener información de tipo económica, en el mercado. Esta confrontación entre uno que compra y otro que vende, uno que demanda y otro que ha producido, se centra en el acto del intercambio.

El primer enfoque, por tanto, se centra en el intercambio de bienes, derivado del trabajo y preferencias individuales, como forma de estudiar “la economía”.

El segundo enfoque se basa primordialmente en la forma que toma la producción y el crecimiento económico derivado de la misma. Y no es tanto la forma en la que toma la asignación de los recursos en los diferentes procesos productivos (o de consumo), si no el grado en el que estos recursos son utilizados o desaprovechados en el proceso productivo.

Este proceso deriva del hombre, que es el que demanda y el que en última instancia produce. Si son las maquinas las que producen, será el hombre el que haya producido las máquinas.

Poniendo el enfoque en el propio ser humano y en su relación con el proceso productivo, el estudio y análisis del empleo es, por tanto, fundamental.

El primer enfoque trata de discernir si la distribución de los trabajadores por el proceso productivo es el más eficiente, dando por hecho que se aprovechan todos los recursos disponibles y que, por tanto, todo desempleo es voluntario.

El segundo enfoque estudia porqué no todo el mundo está trabajando, porqué el proceso productivo no incorpora a trabajadores que desean y pueden trabajar.

Si esos trabajadores tienen una capacidad de trabajo y unas necesidades o preferencias. ¿Por qué no se incorporan al proceso productivo y de consumo?

Si bien el primer enfoque da por sentada una cierta eficiencia, el segundo se pregunta por el grado de esta, y el proceso por el cual esta no se llega al alcanzar.

Aun más heterodoxa, la propuesta marxista argumenta que el concepto en si mismo está equivocado, no es la relación del hombre individual con unos recursos escasos, sino que hay que estudiar las relaciones sociales que fundamentan el proceso de provisión social (al final y al cabo, todo es una lucha de clases).


Elaboración propia

     

 Filosofía económica

La base del pensamiento económico, que da forma a las teorías que tratan, por un lado, de explicar nuestra realidad, y por otro, de ser útiles, se basa, primero, en aquello sobre lo que queremos pensar, segundo, en la forma sobre la que creamos que actúa y es el ser humano, y tercero, en la forma en la que el ser interactúa con el medio, tanto natural como social.

Es en la filosofía, por tanto, donde encontramos la base del pensamiento económico (y científico). Y es en las consideraciones subjetivas como las arriba expuestas de donde parte toda divergencia.

Muchas veces se alude al hecho de que las escuelas económicas están muy dispersas y piensan de forma completamente diferente como algo necesariamente malo. Como la clara representación de que no existe “verdad” detrás de la propia ciencia económica y de que, por tanto, no debe llevar la palabra “ciencia”.

Lo cierto es que hay diferentes aproximaciones científicas, diferentes visiones de lo que es la realidad. Diferentes formas de obtener y contrastar el conocimiento adquirido. Lejos de ser un lastre, hace de la ciencia económica una ciencia aun más rica e interesante.

PD: Durante la búsqueda de fuentes de información para la elaboración de este artículo he encontrado un libro que puede ser del interés de aquel que haya llegado hasta el final: The philosophy of economics, una antología de textos de autores como Marx, Veblen, Friedman, Hausman, Schumpeter, Sen…

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Fuentes:
Realism Vs Instrumentalism
Two responses to the failings of Modern Economics: The Instrumentalist an the Realist
Shionoya (1990): Instrumentalism in Schumpeter’s economic methodology
Cacioppo, Semin y Berntson (2004): Realism, instrumentalism and scientific symbiosis
Methodological individualism Vs. methodological holism
Think Complexity
Readings in the Philosophy of Social Science
Introduction to Heterodox economics
 
 
Escrito por Miguel Puente AjovinSígueme en twitter
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