14.8.14

El Padre Patera nos muestra el resultado de los inmigrantes de África

Hoy por la mañana he visto una entrevista que le hacían al “Padre Patera” en Telecinco. Isidoro Macías con casi 70 años sigue trabajando por trabajar a favor de todos los inmigrantes desde Algeciras en una labor casi increíble desde los Franciscanos de la Cruz Blanca.

Con el periodista nos comentaba mientras veíamos la Casa Familiar Virgen de la Palma”, la historia de una niña de 3 años que había llegado en una patera hacía unos años mientras se acercaba la cámara a presentárnosla. Aquella niña hoy es una joven de casi la altura de un adulto, con unos 12 años y lozana como pocas que hablaba con el Padre Patera y el periodista en un castellano andaluz simpático y alegre.

Esta chica es española, sin duda para nadie, es una española de derecho pero sobre todo de hecho, de sentimiento, de lógica. Es un ejemplo de humanidad palpable que nos muestra claramente que lo que separa a un ciudadano que viene en busca de alimento y respeto social desde África y este mismo ser humano convertido en español feliz y capaz, es la educación que le podamos dar para convertirse en ciudadano como nosotros. Si a estos seres humanos jóvenes y en busca de futuro los abandonamos en la calle rodeados de bolsos y de economías sumergidas y sin formación añadida, esteremos perdiendo una oportunidad de crecer como país. Pero si somos capaces de convertirlos en españoles de verdad lograremos una riqueza añadida.

Quien piense que España no es capaz de crear vida capaz para miles de ciudadanos más, se equivoca en las apreciaciones geográficas y sociales. Por espacio, por capacidad social, por tamaño y por economía, España es capaz de crecer con la inmigración sin restar calidad de vida a los españoles actuales, que parece ser la gran duda de todos nosotros. Hace tres o cuatro décadas, en la Portugal vecina, el número de personas de color que trabajaban en oficinas o en los segundo niveles laborales era sorprendente para un español que acudía con los ojos medio tapados por su realidad. Pero si acudía (o acude) a París o a Londres vería que la sensación de anexión social sería igual.
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