26.2.15

La diosa Cibeles de cerca, como diosa de la Tierra y la Vida

La diosa Cibeles es el emblema de Madrid y la vemos casi siempre de lejos cuando paseamos por el centro de la ciudad, sin prestarle mucha mirada de tanto verla. Así que mostrar un primer plano sería lo de menos. Aunque acercarla siempre es simpático ¿no?

Era Cibeles —la diosa frigia de la zona de la actual Turquía junto a Grecia— de la Tierra madre de todos, como la cueva que nos abraza y nos contiene. Era la Diosa Madre, la de todos los que habitábamos sobre la tierra, seamos humanos o animales. La Diosa de la naturaleza, de toda la vida posible, del poder vital más salvaje, del dominio sobre las ciudades estado y para demostrarlo se corona con unas torres en la cabeza.

Cuentan que Atalanta era una ninfa muy atleta que no quería casarse nunca y prometió hacerlo sólo si un hombre le ganaba en carrera. Precursora griega del feminismo, entendía que no había hombre que le pudiera ganar y cuando se desafiaban el acuerdo era que si ella ganaba él debía morir y si él ganara si casaría con el hombre.

Hipómenes se enamoró perdidamente de Atalanta y pidió ayuda a la diosa Afrodita, quien tiró unas manzanas de oro al paso de Atalante en medio de la carrera. Atalanta se agachó a recogerlas y perdió la carrera, teniéndose que casar con Hipómenes.

Pero un día de caza en que comenzó a llover, ambos se refugiaron en un templo dedicado a la diosa Cibeles e hicieron allí el amor apasionadamente, enfureciendo brutalmente a esta diosa que sin estar en contra del sexo entendiendo que nunca se debía hacer en un lugar sacro.

La diosa Cibeles en castigo los convirtió a ambos en leones machos para que ya nunca pudieran hacer el amor entre ellos y además los condenó a mirar cada uno hacia un lado para que no pudieran volver a verse jamás. Y por eso vemos a la Cibeles de Madrid encima de un carro tirados por dos leones, machos por supuesto, y mirándo cada uno de ellos a un lado de Madrid.

18.2.15

¿Qué futuro le esperan a nuestros archivos fotográficos?

Se está avisando reiteradamente sobre la dificultad de poder asegurar que las millones de imágenes que hoy todos acumulamos en nuestros ordenadores, puedan ser revisadas dentro de solo 50 años. 

No es alarmismo ni hay solución en la actualidad. Simplemente es un grave problema que debemos resolver más urgente que tarde, y sobre todo con un sistema todavía desconocido que permita guardar archivos, con independencia del lugar físico donde estén alojados como del tipo de programa que se necesita para abrirlos y cambiar de formato.

Los que llevamos 25 años trabajando imágenes digitales hemos conocidos tal número de soportes y programas que nos hace pensar que este problema es real y muy complejo. Desde discos duros de 40 megas del tamaño de una lavadora a disquetes de 800 k, pasando por cintas de 8 mm que admitían formatos de imágenes estáticas dentro de un soporte para vídeo, sin olvidar los Zip, los Jaz, etc. Sin contar con el factor añadido de los sistemas operativos o las versiones de los programas.

Millones de documentos existen en los archivos profesionales, de diseños de todo tipo, con documento Freehand que ahora, diez años después, ya nadie puede abrir. Por poner un ejemplo profesional en el que trabajaron la mayoría de diseñadores en medio mundo.

Se dice que la única manera de solventar el problema de las imágenes es trasladarlas a papel. Y esto es falso. Hoy las fotografías que nos entregan en papel son fotografías impresas, muy pocas has pasado por procesos químicos con la garantía que tenía el papel fotográfico tradicional. La durabilidad de estas fotografías actuales es baja, más si reciben la luz o mucho más si reciben el sol. Somos capaces de ver las fotografías de nuestros bisabuelos, pero no queda nada claro que nuestros bisnietos nos puedan conocer.

De la durabilidad de los documentos es mejor no hablar. Tal ver el archivo de la nube sea una posible solución si se hace a nivel profesional, pero es entregar a otros todos tus archivos personales.

17.2.15

¿Es la España irreal o la España auténtica?

Esta imagen está tomada de una furgoneta en Barcelona. El autor de esta pantomima ha querido reflejar la que considera la España irreal, pero más en el doble juego de la palabra que en el concepto de que esto no sea por desgracia la España muy real, muy auténtica. Se intenta que esta sea la España que nos entretienen, la mentirosa pero la que está calando entre todos nosotros. Se creen que somos imbéciles.

9.2.15

Los estafadores buscan ahora a los más necesitados, a los pobres

Curiosamente con la crisis han aumentado las estafas a los pobres. Cuanto más pobres hay, cuanto más pobres somos todos, más se fijan en nosotros los jetas delincuentes, los estafadores de cartilla, los listillos del engaño sonriente.

Los estafadores son tipos que sonríen siempre, son simpáticos y amables. No hay un estafador con mala hostia, en serio. Esto es grave pues es tanto como decir que si se encuentra a un tipo con mala cara, con baba seria y triste, está seguro de que ese tipo mala hostia no es un estafador. Si le intentan vender un coche usado pero lo hacen con mala gana, sin sonreír, sin querer ser su amigo, aunque haya entrada a un banco, a un vendedor de pisos o un prestamista gris, ese es menos delincuente que el tipo simpático con corbata de colores. Que lo sepa usted.

Pero lo cierto es que ahora lo que está de moda es joder al inmigrante, al desempleado, al divorciado que no puede pagar tanta factura, al pobre al que le van a cortar la luz o el gas con el frío que hace. Y le dirán que han tenido la enorme suerte de encontrarle precisamente a él, o que le ha tocado la lotería nigeriana o que su préstamos es el más barato y el más seguro. Le ofrecerán trabajo, coches de colores o herencias. Ventas sin moverse o trabajos nocturnos. Sencillas labores a través de internet y sin moverse de la silla. Todo hasta que logren engañarle. Son así de buena gente en su oficio.

Engañar a un rico es más difícil, pues estos malandrines suelen tener asesores para todo. Así que no hay manera. Si acaso algunos bancos logran metérsela cruzada con algunas acciones que suenan bonitas o con algún producto de laboratorio de despacho. Pero poca cosa, en serio. Si es pobre, cuidado, le acecharán hasta por el teléfono.
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