25.8.16

Odiamos la política o al político?

Es muy curioso que cuando escribo sobre parques, sobre arte abstracto o Dada, sobre alimentación o turismo, las visitas a cada entrada vengan enseguida, a varios cientos a veces, empleando los mismos sistemas de redes para llamarlas que utilizo para las entradas de política. Pero cuando escribo de política en general no paso de las 40 por entrada. Sé la enfermedad. No sé el tratamiento. Pero me pone nervioso pensar que ya está la batalla perdida.

El tal el grado de desprestigio que entre todos hemos llevado a la política que la hemos colocado en un complicado lugar para hacer palanca y levantarla. Lo han hecho muy bien los que lo han hecho mal. Pero las personas necesitamos política aunque lo neguemos. La sociedad se articula sobre y desde la política. Incluso en los países dictatoriales. No existe otro mecanismo en funcionamiento para gestionar sociedades. Incluso el anarquismo es política.

La política es la ciencia del gobierno para los ciudadanos. Lo decían hace miles de años los griegos como poco. No hemos cambiado. La solución rápida y fácil es que en realidad no abominan de la política, sino de los políticos. Pero no hay fútbol sin futbolistas. Es posible sentir asco de los políticos actuales, pero no de “todos” los políticas posibles. Ya vamos avanzando un poco.

Es posible que haya que cambiar el concepto de político. ¿Quién debería ser político? No debe ser una profesión perpetua, no deberían ser profesionales de la política pues el servicio a los demás no es una profesión sino un deber, y una profesión debe servir para servirte. Pero sí necesitamos a los mejores y que además quieran serlo. La política se aprende practicando, por ello estar poco en la política es tan malo como estar mucho. En ambos casos se pierde “productividad”.  De la política se puede entrar y salir con normalidad, se puede subir y bajar con normalidad. Debería ser posible ser Presidente del Gobierno y luego ser concejal de tu pueblo. Pero siempre sucede al revés.

Deberíamos entre todos elaborar un “plano” de la política real. ¿Qué decisiones se toman cada semana en tu barrio? ¿Y en tu ciudad? ¿Y en los departamentos de tu Ayuntamiento o Gobierno Local? Pero no para controlar, sino para conocer.

Que los ciudadanos sepan que si se toma una decisión sobre el agua del grifo que bebemos, alguien la tiene que tomar. Que le podemos llamar a este trabajo como queramos, pero es necesario que esa puesto esté ocupado por una persona. Y que en su decisión intervienen puntos políticos, como es saber qué precio vamos a pagar, con qué potencia viene, de donde la traemos, con qué grado de calidad y salud la entregamos a los vecinos, y si dará servicio en igualdad de fuerza y precio a todos los ciudadanos. Y también qué hacer con aquellas vecinos que no pueden pagar el precio del agua del grifo. Y luego decidir qué hacer con las des-aguas que vienen a continuación. Puede ser un técnico, si. Un técnico que habremos convertido en político pues muchas de sus decisiones no son técnicas. También podemos no poner a nadie. Que el agua salga o no salga y punto pelota.

Mira, hasta los fascismos, los sistemas más bolcheviques, el nazismo, ya empleó la técnica de cambiar a políticos por técnicos. Y los convirtió en malos políticos. Puede que fueran buenos técnicos, pero en su papel de tener que tomar decisiones de calado político y sin decirlo, fueron muy malos políticos en secreto pues estaba prohibido decir que eran políticos. Eran políticos pero lo negaban, no lo querían saber. Pero fueron en todos estos casos los peores políticos posibles. Política y político viene de “polis”: ordenamiento de lo público que afecta a los ciudadanos.
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