14.10.16

Trucos para entrar en política. Y para detectarlos

No es garantía de eficacia ni de limpieza el populismo como forma de acceso a la política, al trabajo social. No me voy a referir a ejemplos recientes o con más décadas encima del sufrimiento y la jeta, pero el ser humano puede ser tan bueno como tan malo, y a veces incluso todo a la vez y en la misma persona.

Por eso mismo, pensar que el acceso a los puestos de trabajo para la sociedad, son más “limpios” si se abren a todo el mundo, es un error. Como pensar lo contrario. Todo depende de los controles que seamos capaces de poner, para seleccionar a las personas.

¿Y quién pone esos controles? ¿Y si se ponen tarde, cuando ya el problema está dentro?

Ni todos los políticos son malos, ni por el hecho de abrir el acceso a la política a todo el mundo se garantiza la eficacia. Pero lo mismo sucede con médicos, jueces o periodistas.

Yo que he tenido que dirigir equipos humanos, sé que en todo grupo de personas con las que hay que colaborar y lograr objetivos, tienes a auténticos “tochos”…, por algún motivo.

O bien lo eran ya cuando fueron contratados, o bien se han ido convirtiendo con la edad o el más común de todos, con los cambios tecnológicos o el desencanto profesional. Si alguien espera ser concejal y lo dejas de peón de mesa, se convierte en columna.

Son columnas o son estorbos, pero cumplen funciones que hay que soportar si no se es capaz de modelarlos hacia otras actividades. Soportarlos a veces supone evitar otros problemas añadidos.

No voy a dar más detalles, pues cualquiera diría que lo fundamental en estos casos es despedir, y os puedo asegurar que NO. En una empresa es sencillo despedir, excepto cuando hay que despedir. Y tengo experiencia en ello y sé qué problemas lleva en su conjunto un despido.

En una organización política o social, despedir a veces es literalmente imposible. O al menos no con la rapidez que se necesita. Y si no hay rapidez…, es ineficaz la medida. Todos tendemos a disfrazarnos y a cambiar de color, pero no de piel.

Cuando se crean organizaciones nuevas es mucho más fácil equivocarse en las sumas de personas. En las distribuciones de responsabilidades. Sea un partido político, una ONG o una empresa.

Los listos se cuelan y se ponen en las esquinas. Pero no todos los listos son buenos. O no todos los listos pueden ser aprovechables.

¿Te imaginas un gran equipo de fútbol con seis enormes y grandes porteros y ningún delantero? Un fracaso.

A veces además de listos, se cuelan “malos”, es decir vendidos, espías, jetas, traficantes de información, obreros de la construcción de la competencia. Y estos…, efectivamente estos…, no suelen ser los más tontos ni los que se quedan en las escaleras sin entrar.

Todo esto que os digo lo sabemos bien, es de preescolar de organización de Recursos Humanos. Pero es bueno recordarlo cuando parece que abrir las puertas de par en par, es tan positivo que es lo único que garantiza el aire fresco.

Ojo con las gargantas: si entra aire frío, hay que ponerse fulares para no coger resfriados.

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