19.10.17

De qué se puede negociar en Cataluña?

En cualquier proceso de negociación hay unas constantes que se repiten SIEMPRE. Y si no se repiten, no es posible negociar. La principal es que ambas orillas QUIERAN negociar. La segunda es que admitan que ambas orillas VAN A PERDER ALGO. La tercera es que merece la pena negociar, pues ambas orillas VAN A LOGRAR ÉXITOS.

En este problema crítico con Cataluña, un proceso por cierto que se debería haber comenzado hace unos cuantos años, una de la partes aspira a no admitir bajo ningún concepto que la otra parte va a lograr éxitos. Y ese arrinconamiento claro y de ganador neto, es el principal obstáculo para lograr la negociación.

Si las personas que desde Cataluña tienen que negociar observan que ya se está metiendo en la cárcel a los suyos. Y si admiten con la lógica del jurista que se las sabe, que en pocos meses ellos también irán a la cárcel, si saben que tras los 5 millones a Artur Mas de multa vendrán otros muchos más contra todos ellos, si saben que todo el proceso que han iniciado no va a servir para nada…, ¿alguien me puede decir para que les serviría emplear el sentido común, la negociación, el sentido de Estado?

Si ahora los dirigentes catalanes que quieren la independencia, todos desde la CUP a PDeCAT pasando por ERC, saben que el futuro va a ser mucho peor para ellos y sus ideas…, ¿para qué van a querer negociar nada?

Nos queda preguntarnos si es necesario negociar o en cambio lo mejor es derrotar sin negociar. La respuesta que demos es la clave de la solución. O del agravamiento del problema. Escucho tantos simplismos, tanta manipulación de las palabras y las cartas, tanto tacticismo de preescolar, que me preocupa que alguien sea capaz de creer que ya ha resuelto esto. Ninguno lo podrá resolver con medidas sencillas y del Siglo XVIII o XIX.

Cualquier político debe pensar siempre en el medio plazo como poco. Resolver el hoy es muy sencillo. Incluso no haciendo nada. Lo complejo es resolver de verdad las tensiones para que no se reproduzcan. Y eso siempre va a necesitar negociación, diálogo, brazos extendidos. Creer que algo se ha resuelto si después hay que limpiar las calles de excesiva basura y dolor, no es resolver. Eso será aplazar.

No se dice, pero en la cabeza de Rajoy, Puigdemont, Santamaría, Oriol, Forcadell, Más, los Jordis, Pablo y Pedro, en todos ellos suspira por encima la imagen de sus nietos. Todo ser humano quiere ser recordado positivamente. Y nunca tan negativamente como que tal vez fueron ellos y ellas las que lograron el caos para nada. Al enemigo que tiene que huir, le debemos poner puente de plata. Frase de Gonzalo Fernández de Córdoba en el siglo XV.


18.10.17

De qué debería hablar España en estos momentos?

Me cuesta sentarme a reflexionar antes de ponerme a escribir sobre la situación de España y Cataluña, pues entiendo que si ambas partes se están saltando las normas políticas básicas, la Ley o están jugando con ella o la están retorciendo, un pobre escribidor no es nadie para opinar sin antes no ponerse a llorar de pena. Entiendo de ajedrez, pero no de tute o de subastado. Y por eso me pierdo. Pero voy a lo magro.


¿Qué papel está jugando la izquierda española en todo este conflicto grave?


No es nada fácil para la izquierda española —que llegó tan dividida a este problema—, saber qué hacer, por dónde mirar, qué opinar, con quien caminar de la mano. Los dos grupos —PSOE y Podemos— han optado por colocarse en diferentes posiciones y eso debilita las soluciones progresistas, dando más fuerza a las conservadoras.


Inevitablemente y aunque partiendo la izquierda de conceptos muy similares —el derecho a decidir de los catalanes—, los movimientos pendulares de sus respectivos aliados ante el problema —por un lado el PP y por otro el independentismo moderado— hace que ante los constantes conflictos se tengan que distanciar y posicionar en diferentes líneas ideológicas.


El corto plazo es resolver sin violencia el problema de Cataluña; que es muy complicado sobre todo por su enquistamiento ante la inanición de excesivos poderes de todo tipo, en Madrid y Barcelona. La violencia tiene muchas aristas y colores, no siempre es física, no siempre es soportable, no siempre se olvida. Y sobre todo siempre deja huellas en la historia.


Pero sobre todo me preocupa y mucho el medio y largo plazo. No escucho a nadie hablar del 2020 ante este problema. Todos deben pensar un: “¡Ya veremos!”. Y ese error me parece dramático. Lo que vaya a suceder en el 2020 o en el 2030, lo estamos escribiendo hoy. No sabemos en qué punto estaremos dentro de 2 ó 15 años, pero dependerá de los aciertos o errores que hoy mismo estemos gestando. Por eso es fundamental pensar en el medio y largo plazo.


¿Y esta reflexión me sirve para Cataluña y para la izquierda?


El papel del PSOE es el de la responsabilidad española. Pero está excesivamente abrazado al oso conservador del “padre protector” que tanto ha calado en la sociedad española. Y el papel de Podemos sigue siendo un libro de hojas desgrapadas, dispersas y sin unas portadas o tapas que resulten claras para adivinar de qué libro se trata, con solo una mirada. No vemos un título claro.


El juego de las banderas me parece destructor. Por debajo de esas banderas existe un componente de violencia frenada, de muchas personas anónimas y en muchos casos desafectados de todo tipo de política, que ya se nota entre amigos, familiares o compañeros de trabajo. Hay que curar heridas para que no sangren mucho tiempo.


Si sumamos a todo el problema actual, que el concepto de que la política es negativa, junto al uso e incluso abuso de trapos de colores, mensajes rápidos y vacuos entre todas las partes, manipulaciones de todo tipo en todos los lados, juegos de justicia para mover alfiles, medios de comunicación manipulados, incapacidad de diálogo real y juegos de cartas para la galería, nos encontramos en un momento mucho peor, aunque no haya violencia de sacar los colores.


¿De qué debería hablar España en estos momentos?


España debería haber hablado de su pobreza, de su mercado laboral, de su nueva economía productiva, de su formación mal utilizada, del encaje de todos los territorios en una Constitución ya ajada, del efecto empobrecedor de la última crisis de una década, de sus debilidades políticas y sociales, de su autoestima. De Europa e Iberoamérica.


Pero en cambio nuestra sociedad está hablando de autodeterminación sin saber qué representa eso y ni si es lógico, bueno o un error. Hablamos de Europa como el padre al que le queremos pedir consejo pero sin que se entere nadie de para qué. Jugamos al electoralismo más imprudente para tomar posición en el tablero, aunque este se nos caiga al suelo antes de hacer enroque. Estamos hablando de presos políticos que es un concepto de los años 70 mientras odiamos la Transición donde sí supimos hablar y negociar en calma pero avanzando. Necesitamos un tiempo muerto, y a cambio hemos matado al tiempo, jugando a la lentitud planificada.

15.10.17

La quinta crisis de España en un década


Como muy bien nos dice El Roto, el PODER real está muy concentrado, mientras que los que no tenemos poder estamos excesivamente divididos. Y cuando nos creemos unidos no es para construir o para edificar y reflexionar, exigir o participar, sino para atacar con violencias de todo tipo, incluidas verbales o simbólicas, y casi siempre además manipuladas por los que sí tienen PODER.

En esta década España se la ha jugado al menos cuatro veces. Las anteriores (crisis económica, crisis de partidos, cambio de Rey, imposibilidad de formar gobierno) las ha salvado mal, pero las ha soportado bien aunque con pérdidas para las bases sociales. Todos esperábamos más de estas cuatro crisis, y todos sabemos que se debería haber logrado un camino de futuro mucho más libre de piedras.

Ahora estamos en la quinta crisis en una década. El conflicto con Cataluña. 

¿Dónde quedará la solución? 

¿Quién será capaz —si es necesario— de reconstruir los edificios derribados entre Cataluña y España?



13.10.17

Siempre es igual el teatro de la violencia

A Puigdemont se lo han puesto a huevo para irse a su casa con algo de sentido de Estado. Bastaría con decirle a la CUP y a ERC que la respuesta a la primera pregunta de Rajoy es NO. De esa forma duraría como President lo que dura un caramelo en la puerta de un colegio. Lo malo puede ser que quiera pasar a la historia con letras grandes, aunque sean torcidas.


La gran duda española es saber si declaró la independencia de Cataluña en el Pleno del Parlament o si en cambio no la declaró. No se puede suspender aquello que antes no se tiene. Y por otra parte no es necesario que una orden salga en el Boletín Oficial de Cataluña, para que socialmente sea válida. Jurídicamente puede que no, y por eso hay estas grandes dudas. ¿Qué importa más una base jurídica o una base social?


Las bases jurídicas, es decir, las decisiones ya firmadas y publicadas, no tienen marcha atrás ni marcha adelante. Son fijas y quedan. Las bases sociales se pueden activar, acelerar, parar, suspender, olvidar, luchar, dialogar, modificar o explicar con manipulación o sin ella. ¿Qué es mejor en estos momentos?


Dentro de unos años, incluso de unos meses, estos días nos parecerán historia, historias incluso. Pero la realidad es que nos estamos jugando el camino. De Aragón, de España y de Cataluña, casi en este orden. De aquí se saldrá, aunque nadie sabe todavía ni el cómo ni a qué precio. Es importante saber quién pagará el estropicio, como lo es saber que antes de que lo tengan que sufrir sociedades enteras, es mejor que lo sufran personas concretas. Nada volverá a ser igual en el 2018. O tal vez si.

Si vemos la imagen de arriba, sobre la independencia de México, podemos observar una constante en todos estos procesos. Religión y vírgenes. Militares o guardias desfilando mezclada con gente del campo y las ciudades. Armas y cadenas. Sentimientos de Nación. Papeles con nuevas leyes. Y muchas caras serias y cabreadas. Y oscuridad. Siempre es igual el teatro de la violencia.
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