13.12.17

Queridos catalanes: acertar el 21D

Estoy esta semana en Barcelona, cuando faltan 7 días para el 21D, buscando entre las caller y algunas personas, el latido del futuro, las sensaciones que transmiten una Barcelona que siendo catalana es lo más internacional posible en Cataluña. No sé si representa la media en esto de la independencia y la república entre toda Cataluña, pero no hablo de la sensación de su cogollo turístico sino también de sus barrios hasta el segundo anillo urbano.

He observado muy pocos lazo amarillos pidiendo la libertad de los presos encarcelados por el Proceso. Y he observado menos esteladas que banderas españolas en Murcia o Zaragoza, incluido el barrio del Born, la zona de Villa Olimpica o Sant Antoni, Poble Neu o la zona aledaña al Palacio de las Corts.

Noto algo de cansancio, mucha tranquilidad, algo de vacío, ganas de volver a ser líderes, preocupación.

Barcelona y Madrid son tremendamente diferentes en todo, en su cultura, su arte, su sociedad, su urbanismo, su historia, su cultura, sus colores incluso o su luz. Pero esa enorme diferencia siendo mal resuelta, sin duda, debería haber servido dado el poder de Cataluña, para cambiar España y no para irse de España. Tenían el poder de decidir quien debe mandar en España y han despertado a la bicha del anticatalanismo para nada.

Si el 21D aciertan puede volver todo a la normalidad que construya un nuevo futuro. Pero no va a ser nada sencillo visto la enorme herida que intentan esconder. Yo sí creo que la herida es mayor de lo que se percibe.

Crecen los indigentes en Barcelona y Madrid

Toda esta semana estoy en Barcelona a la que hacía casi año y medio que no venía. Mucho tiempo. Está distinta, tienen razón los que hablan de herida. Hay menos personas por las calles céntricas a cualquier hora, posiblemente sobre todo menos turistas, y los comerciantes se quejan aunque esperan que sea una moda muy temporal.

Pero lo que más me ha llamado la atención es el número creciente de indigentes tirados en la calle, viviendo entre mantas, cartones y basuras en la indignidad de su libre elección pues creo que hay albergues suficientes para recoger el problema. O para esconderlo al menos.

Ver multiplicado el drama es una mala señal social, sea Berlín, Bruselas o Madrid y Barcelona. Y va en aumento.

2.12.17

Los sindicatos tiene la culpa. Y se callan

Ayer en la Sexta TV dentro de la serie La Sexta Columna se emitió el programa titulado “10 años después. Esta crisis sí la pagamos” que me produjo sonrojo y pena. Hablaba, intentaba explicar en qué punto estamos en España tras la crisis económica que comenzó hace 10 años y sobre el contenido del programa como paquete guionizado no tengo ninguna duda ni queja. Me pareció correcto.

Pero las declaraciones de algunos líderes sindicales sí que me produjeron dolor por su torpeza, por su falta de responsabilidad en el pasado y en el presente, e incluso y fue lo que más me preocupó por su idioma no verbal al realizarlas. Sobraban sonrisas, formas, tonos, y faltaba empatia, entendimiento y admisión de la culpa.

Sabemos ahora, 10 años después, que desde la izquierda lo hemos hecho MUY mal, que no es admisible acatar con benevolencia lo que ha demostrado tener unos resultados desastrosos para los trabajadores y las partes más débiles de nuestra sociedad.

Es mentira que para aumentar nuestra capacidad de competitividad haga falta trabajar más y por menos sueldo. Y como ejemplo me puedo remitir a los sueldos de los alemanes, austriacos, franceses, suizos, ingleses o suecos, por poner algunos ejemplos. El problema NO ES los sueldos altos, luego la solución no puede ser bajar los sueldos de los que ya eran bajos.

Es verdad que nuestra productividad es más baja que la media europea, pero es falso que para aumentarla haya que trabajar más, ni menos horas. Simplemente hay que trabajar mejor y con mandos intermedios y directivos mucho mejor formados. En España hay grandes empresas que son ejemplo por su elevada productividad.

Que los sindicatos y sus líderes que son los que los representan, pongan caras sonrientes ante el destrozo del mercado laboral, de su dignidad y sus derechos, me produce pena. La respuesta de la desafección nos la dieron ellos mismos con sus respuestas. Tenemos lo que sembramos.

13.11.17

Sachsenhausen y el dolor de la muerte

La sensación que tienes en la primera visita que realizas a un campo de exterminio o de concentración es compleja de explicar. Sabes que vas a ver un lugar ya reconvertido en atractivo turístico y si acaso y dependiendo del guia, un lugar histórico del que quedan despojos.

Yo estuve en el de Sachsenhausen con un estupendo guía español que trabajaba en Berlín y que además de mostrarnos todo lo visitable, nos explicó con dolor y ruina moral todo lo que nos podemos imaginar. Quedan suficientes elementos como para no tener que adivinar nada, si acaso contextualizar y poner en dolor.

Pero si algo me produjo mayor impresión no fueron ni las vallas metálicas de alambres de espino, ni los dormitorios o los suelos de los barracones o los muros o el montaje para asesinar o torturar. Tampoco las cámaras de ga o las habitaciones que se utilizaban para experimentos médicos. Casi todo esto ya lo había visto o leído. Imaginado y palpado en el pensamiento.

Lo más doloroso fue un paseo de tiempo libre por unos jardines de su exterior, donde posiblemente algunos de aquellos enormes árboles todavía le había dado tiempo de haber visto y oído el dolor. Era ver la enorme muralla que separaba la vida de la muerte. Saber que el dolor y la desesperanza a veces lo separa un muro de ladrillo que las ramas de unos árboles podían saltarse sin problemas.

Algunos internos trabajaban en el mantenimiento de aquellos jardines, eran los privilegiados que estaban en los lugares comunes de tropa sirviendo en el bar o en la cocina, limpiando letrinas o arreglando jardines. Y que tenían que volver a entrar cada noche a la miseria y callarse lo que había fuera, pues fuera todo parecía normal.

En aquel lugar estuvo preso Largo Caballero. Todavía en algunos suelos de barracones se dejan ramos de flores de familiares. Y lo curioso es que todo aquello había sido realizado por seres humanos. Personas como tú y como yo. No te quieres ir, pues crees que es faltar al respeto irse muy pronto de aquel dolor. Pero te vas al hotel y cenas.


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