Los sentidos

Los sentidos son los que nos recuerdan que seguimos vivos.
Los recuerdos los que nos ayudan a recordar a que fuimos vivos.

Los derechos de los humanos (occidentales)

Tenemos derecho a pedir lo que deseamos
Derecho a decir no, cuando se nos pide algo
Derecho a tener creencias ciertas
Derecho a cambiar de opinión
Derecho y libertad de expresión y sentimientos
Derecho a oponerte si no estás de acuerdo
Derecho a cuidar una relación y una familia
Derecho a la intimidad
Derecho a triunfar y también a fracasar
Derecho al silencio

Las entradas en el Blog deben ser cortas

Ayer leí que para que un blog funcione bien, los textos deben ser muy cortos, pues los lectores de internet no quieren leer muchas Líneas.
Bien.
Ayer terminé un nuevo libro.
Lo he titulado (de momento) "Los barcos de la miseria".
Corto y cambio.
Piiiiiichhh

Agosto es mes de fiestas y descansos

Agosto es mes de fiestas, de antiguos términos de segar y trillar, de descanso preparatorio para un otoño de uvas y de limpiezas.

Mis años acababan en agosto cuando los trabajos de sueldo fijo me obligaban a replantearme los años como retos nuevos, en donde septiembre indicaba el punto de partido de la vuelta y de las nuevas ideas, de las inversiones y de los proyectos aparcados, de los intentos por ser mejor y nunca conseguirlo.

Agosto es mes de descanso incluso si se trabaja, mes de calma y calor, de sol y mar, de pensamientos tranquilos y de siesta de sudor.

Agosto es tiempo de pensar y replantear nuevas metas, de poner engrase en los mecanismos de salir botando para seguir la conquista.

Nadie para en agosto…, si acaso hace un reset.

Poema del palestino Mahmud Darwish


Un metro cuadrado en la cárcel
Ésta es la puerta, y detrás el paraíso del patio. Nuestras cosas, todo lo que nos pertenece se esfuma. 

La puerta es la puerta, puerta de la metáfora, puerta del cuento, puerta que purifica a septiembre, puerta que lleva los campos a la génesis del trigo. 

La puerta no tiene puerta, pero yo puedo acceder a mi salida, enamorado de lo que veo y no veo. ¿Tanta gracia y belleza en la tierra y la puerta no tiene puerta? 

Mi celda no ilumina más que mi interior. Que la paz sea conmigo, y paz al muro de la voz. 

Para alabar mi libertad he compuesto diez poemas, aquí y allí. 

Amo las migajas de cielo que se infiltran por el tragaluz de la cárcel, un metro de luz donde nadan los caballos y las pequeñas cosas de mi madre, el perfume del café en su ropa cuando abre la puerta del día a sus gallinas. 

Amo la naturaleza entre otoño e invierno, a los hijos de nuestro carcelero y las revistas esparcidas por las aceras lejanas. 

He compuesto veinte canciones satíricas del lugar donde no hay espacio para nosotros. 

Mi libertad: ser lo contrario de lo que quieren que sea. 

Mi libertad: ampliar mi celda, continuar la canción de la puerta. 

Puerta es la puerta. 

La puerta no tiene puerta pero yo puedo acceder a mi interior...

Aprender a decir NO

¿Cuanto hace que no has dicho NO con suavidad, con calma, con la seguridad que te da saber que ese NO es lo mejor que estás haciendo?
Para decir NO lo primero es aprender a decirlo con calma, sin mala baba, con la misma tranquilidad con la que decimos SI.
Si eres capaz de decir NO con el mismo talante, el mismo humos con el que dices SI estarás diciendo lo que sientes con toda tu fuerza.
No hay distinción si crees que una negación es lo lógico, pero aprender a decir NO es el camino para a veces, recobrar la libertad.
Nadie te obliga a acudir a esa boda que no te gusta, a esa cena que no te apetece, vestirte con corbata si no te gusta o con pantalón corto porque vas a ir a pasear a la playa.
Las normas las debes marcar tú, no existen normas fijas, todas se han cambiado y se modificarán en el futuro, las normas las ponen otros por tí, y si no afectar al respeto de los demás, no deben sentirse como obligatorias.
Eso si, decir NO es un acto responsable, igual que decir SI, hay pues que medir el momento, el lugar, el porqué. Pero si deseas decir NO, prueba, te sentirás más libre.

Aprender a vivir el día a día

Aprendí a vivir el día a día cuando ya casi no me quedaban años. Hasta entonces todos los días hacía balance y me preparaba el día siguiente, cada hora era la hora programada varios días antes, no dejaba que los tiempos se perdieran, simplemente los organizaba y los tasaba.
Los míos y también los de suficientes personas como para sentirme jodido durante años, cuando me di cuenta de lo mal que había hechos las cosas.
Nunca si se es de buena pasta, se detectan los errores en el momento, porque se evitan o se cambian por otros errores. No se hacen a posta, sabiendo que no están en el nivel correcto. Por eso cuando detectas que las cosas no son como tú creías, te viene la ansiedad y la depresión por los años gastados y los daños practicados sin saber.
Ahora cada día dejo que se gaste a su gusto, no lo fuerzo, hago con él lo que él se deja hacer, no lo organizo más allá que lo suficiente para que se consuma y de paso al siguiente. Me he vuelto un asqueroso antisistema que ha perdido el respeto de todos porque no quiero seguir jugando a perder y a hacer perder a otros.
No se sale nunca del agujero, si acaso se pasa por encima sin caer al fondo, pero sabiendo que cualquier resbalón es grave.

Relato de Soria o qué hacer cuado no se tienen ganas de escribir

Ahora no tengo ninguna gana de escribir, y en cambio escribo. No me sobra el tiempo libre para dedicarme a mirar por dentro, así que debo aprovechar el momento aunque no sepa de qué escribir. Creo que es un problema muy habitual, pero cada uno lo intentamos resolver de una manera distinta. Yo dejando que los pensamientos vengan solos, dándoles a ellos el protagonismo del momento, para que me sorprendan en el viaje a ningún sitio.
Si pongo que a ningún sitio, realmente me llevará al vacío.
Debo poner que me llevarán a un sitio que solo ellos saben.
Si, tal vez a un campo de hierba junto al río Duero mientras mi padre pescaba truchas y yo era tan pequeño que solo esperaba a crecer. Aquellas tardes en que los mosquitos atacaban de columnas de a cuatro y cuando yo preguntaba que porqué no íbamos a pescar por las mañanas que era cuando no había mosquitos, me respondía con sabiduría de campo y con una piel que nunca supe porque no era pasto de los picotazos, que a esas horas los mosquitos bajan al río a beber agua, y las truchas están pendientes de ellos para comérselos y nosotros pendientes de las truchas para engañarlas.
Yo no comía truchas, me daban asco, pues siempre pensé que estaban llenas de mosquitos que estaban llenos de sangre mía.

El pescador que sabía esperar con paciencia

Hoy vamos a mostrar a un pescador normal ¿normal?.Esa persona que acude con suma paciencia a ponerse delante del río —su trabajo— convencido de que con sus artes será capaz de engañar o convencer a unos peces de su bondad para poder apoderarse de ellos.

Cree en sus posibilidades, en su técnica, en su superioridad contra unos animales a los que no ve mas que cuando ha conseguido el objetivo. Cree que es capaz de engañarlos. Cree en sus propias capacidad para lograr el éxito.

Pero sobre todo es una persona que acude día tras día al mismo sitio, esperando a que tenga éxito su labor, sabe que lo importante no es tanto lo bueno que él es, sino la persistencia, la paciencia y el trabajo del día a día, su dedicación a una labor que para que le reporte éxito debe tener tenacidad.

Sabe que con que acudiera al río unos instantes antes de que pasara por allí el pez con hambre, sería suficiente, pero como no sabe qué momento es ese, debe estar cuanto más tiempo mejor, pescando o intentándolo.

No está perdiendo el tiempo, aunque lo veamos sin moverse hora tras hora, quieto esperando. No está perdiendo el tiempo porque necesita la suma de todos los momentos para que le pille en su posición el pez con hambre que pasa por su lugar.

Puede estar muchas horas, pero si no está en el justo momento en que pase la presa, no habrá servido para nada todo su trabajo.

Sólo tendrá éxito si le dedica a la labor el máximo tiempo posible porque nunca puede determinar cual es el minuto bueno, la acción que desencadenará la consecución del objetivo.