Literatura visual. Las ideas también entran por la vista


Llevo unos días viendo un libro curioso lleno de párrafos cortos.
No más de seis a ocho líneas cada uno. El texto comienza con una frase corta en negrita a modo de un titular ligero, y continúa con otra frase corta en itálica como subtítulo, ambas separadas por un punto y seguido, para terminar el párrafo y el texto con el mismo tipo de letra en normal. 

Y al dar el punto y aparte, vuelve a comenzar con otro párrafo. En negrita punto, seguido de itálica punto y cuerpo de texto. Eso obliga a tener que diseñar la idea de lo que se dice, pues no solo es un cambio de tipografía, sino de darle contenido diferente casi como titular y subtitular a las primeras líneas antes de llegar al cuerpo del texto. Interesante manera de crear casi poesía visual o literatura visual con textos literarios o filosóficos.

Me encanta escribir para vosotrxs, así que gracias por leerme


Me encanta meterme en barros de escritura, y sé que para nada, pues nadie lo leerá nunca. Excepto que los publique en un blog y que así los lee alguna persona tan loca como yo. Pero la escritura me tiene como atrapado levemente, como un pequeño vicio, como un desahogo para vaciarme. Y que soportan mis pocos lectores de forma estoicamente. Yo escribo para ellos, y ellos me leen para mi. Y todo sin conocernos. Amabilidad compartida.

Dicen que toda escritura tiene que tener sabor, contenido, pues el lector te entrega unos segundos y quiere algo a cambio. Así que una pequeña reflexión.

¿Hasta cuánto y cuándo somos capaces de aguantar el vivir semi confinados y con un futuro cada vez con más nubes grises?

¿Pueden servirnos para compensar los pequeños vicios personales para al menos engañarnos un poco?


Hemos llegado a Marte, pero no ha hecho mucha gracia


Hemos llegado a Marte y como quien ve llover, no nos hemos puesto a saltar de alegría ni nos lo hemos tomado en seria. ¡¡Que hemos llegado a Marte!! que es uno de esos puntitos que a veces vemos en le cielo, y ya hemos logrado mandar unas cámaras fotográficas hasta allí. Na, que no nos hace ni puta gracia. 

Cuando llegamos a la Luna, allá por el 69, hubo mucha gente en España que aquella noche no se fue a la cama. Los adultos de aquellos años ya no han visto que hemos llegado a Marte, pero en el 1969 nos llegamos a creer que a partir de aquel paso por la Luna en pocos años todos podríamos ir a viajar a la Luna de verdad, como quien se va a Badajoz. Luego resulta que no, que no hemos vuelto, y que para qué.

Con Marte pasará algo similar. ¿Marte? ¡Pero si allí no hay nada! Y nos quedaremos con algunas fotos y si acaso con algunas piedras. Leí el otro día que en las misiones a la Luna había un temor nunca dicho que se  pudiera traer hasta la Tierra alguna bacteria o virus que hubiera sobrevivió por esos lares, y que nos pudiera contagiar a todos los humanos. Entonces no nos lo dijeron. ¿Y si los chinos de Wuhan han ido antes a Marte y se han traído el coronavirus sin darse cuenta? Tonterías más grandes dicen algunos famosos.

Que yo os voy a decir una tontería repetida muchas veces. Si se trata de ver paisajes como el de las fotografías que nos llegan, por favor, no gastaros tanto dinero. En Los Monegros estamos sobrados. Incluso tenemos piedras y lagartijas. 

La clandestinidad está de moda. Cuidado, que mola y es adictiva


Nadie nos podría decir hace un año que la clandestinidad volvería a estar de moda, que jugaríamos a intentar saltarnos las leyes a costa de escondernos, consumir cuando está prohibido, comprar lo no permitido y bebernos un whisky como si fuera el mayor pecado del mundo. No se trata de hacer orgías brutales, ni tampoco de consumir polvos de variado color, no, simplemente se trata de hacer algo muy normalito pero fuera de hora, a las 11 de la noche por ejemplo. Y eso a una parte de la sociedad le mola

Por que tendremos que decirlo, los confinamientos están muy bien para los que creemos que la pandemia va en serio y mata, y todos nosotros no necesitamos confinamientos extrictos pues por respeto ya los hacemos sin que nos los manden. Y al resto, a los que no los hacen pues les importa un huevo la pandemia, esos ya han ido aprendido a saltarse las normas. 

No sirve de nada poner nuevas normas, en serio, esos clandestinos seguirán buscándole la vuelta. Harán bailes en pisos alquilados, en almacenes, en naves industriales, o beberán alcohol con los amigos en pisos con sordina o en azoteas y terrazas fuera de la mirada del Guardia Vecinal. Les pone, les gusta ese punto de riesgo. Pero recordemos todos que además de ser clandestino hay que decirlo pues es lo que mola.  El gusto está en demostrar que eres clandestino a los amigos, a los compañeros, a los que no se atreven a ser clandestinos, así que sin duda se está convirtiendo en un vicio nuevo estar disfrutando de la vida mientras saben que los demás… están confinados en sus hogares.

Hemos logrado con esto tener ciudadanos de varias clases sociales sin que dependa el dinero, sino el punto de libertad y de riesgo que quieres tener.