El ser humano necesita una información básica que no siempre es posible tener

 

No es humor aunque lo parezca, Flavita Banana desde El País se pregunta algo muy básico que no sabemos todavía respondernos. ¿Habría sido más duro si desde marzo 2020 hubiéramos sabido lo que se nos venía encima, o tal vez el verdadero drama sea la actual incertidumbre?

El ser humano, incluso el ser vivo, necesita una información básica que muchas veces no existe, no se puede trasmitir. Pero produce incertidumbre no saberlo.

¿Y si nos estuviéramos acostumbrando a no salir de casa?

¿Y si nos estuviéramos acostumbrando a no salir de casa, a no ir de bares ni a teatros, a no viajar y a trabajar desde el dormitorio? ¿Y si este año y medio al menos nos hubiera vacunado contra la vida anterior y ahora estuviéramos tramando un cambio tan brutal que no nos iba a conocer ni la madre que nos parió?

Podríamos comprar por internet, bebernos las mejores cervezas belgas por menos de la mitad de lo que nos costaba en el bar de abajo, ver películas en casa y podernos levantar a mear parando la imagen, o leer con calma libros de calma. 

Todo es cuestión de esa decisión que tomaremos no se sabe cuando pero cuando hayamos salido de la pandemia, y que nos llevará desde el miedo de la enfermedad posible a replantearnos que para la próxima vez nos tiene que pillar con mejores defensas. 

Por ejemplo la Segunda vivienda en la playa ya no tiene el mismo sentido y es mejor cambiarla por un ático en tu ciudad, pues te pueden prohibir durante un año el ir a ver si tienes goteras en tu segunda vivienda, pero siempre te quedará el cielo del ático.

Has aprendido a beber cerveza rara y que no conocías a base de recorrer decenas de supermercados cuando era lo único que te dejaban para viajar fuera de casa, pues te había prohibido irte al pueblo.

Sabes ahora que el silencio o la música es un ejercicio maravilloso y que el cine desde el sofá nuevo es perfecto para soñar si tener que aguantar las palomitas del de al lado. Cuidado con los cambios, que todavía no han llegado todos.


¿Qué tipo de adultos salen tras una adolescencia excesivamente eterna?


Las divisiones por edad social y casi biológica han cambiando en las últimas décadas en España y con ella en todos los países occidentales. Hoy la niñez dura hasta los 12 años, parece que se acorta o desaparece la pubertad y a lo sumo dura un año y se entra en una adolescencia que dura hasta los casi 30 años en algunos casos. Una barbaridad de la que todos somos responsables.

Ese periodo cruel y crucial en la vida de todas las personas, que llamamos adolescencia y en el que cada ser humano se tiene que encontrar con uno mismo y pelear hasta hacerse asumible y soportable, es eterno. Ya lo era antes así que ahora es tremendo.

Es duro asumirse, estar en esa tierra de nadie en la que ya no se es niño pero todavía no se es adulto e independiente; en el que se esperan cosas de adultos sin dejarle ser libre, y no se le permiten cosas de niño sin tampoco desear el protagonista abandonar esa manera de vida casi inevitable.

Pero curiosamente son los propios jóvenes los que han sabido adaptarse perfectamente a esta situación casi dolorosa e irrevocable, asumiendo como en cualquier selección natural, que como la sociedad no te deja ser adulto con todas las de la ley y derechos, al menos no te van a prohibir comportarte cuando te de la real gana, como niños que tienen que vivir al amparo de sus adultos. 

Dura la adolescencia tantos años porque a los adultos les interesa no tener competencia en la sociedad con otros adultos jóvenes mejor preparados y diferentes, y porque es imposible conseguir trabajos que permitan la independencia económica que haría por propia selección natural que todos tuvieran que optar por lo lógico, ser adultos cuando toca. 

Mientras esto no lo dejemos como estaba hace unas décadas, tendremos problemas sociales de adaptación, no tanto como adolescentes como cuando ya definitivamente tengan que ser adultos, pero con el lastre de unos años excesivos en el anterior periodo vital de la adolescencia.

¿Qué tipo de adultos salen de una adolescencia excesivamente eterna?

¿Manipulamos las pizarras para que digan lo que nosotros queremos?

Es cierto, lo que nosotros decimos, lo que pensamos, lo vamos modulando, a veces de forma inoportuna, para manipular incluso. El papel todo lo aguanta, si lo escribimos nosotros. Las pizarras aguantan en su sitio mientras no están escritas por nosotros. En cuanto las contaminamos con ideas absurdas, todo se quiere hundir. Estamos un poco tontos. O eso parece.