11.3.26

Se me escapan las referencias literarias


Llevo malos meses con los fallecimientos. Debe ser la edad. la mía y la de los que se escapan. En pocas semanas he visto desaparecer a dos Vocales de mi trabajo municipal, al presidente de mi partido, al esposo de otra persona que gestionó durante décadas mi partido, y ayer a Raúl del Pozo. No han sido los únicos.

Mi vida como lector está siendo larga, aunque en las dos última décadas haya bajado mucho de intensidad lectora aunque no mi actividad de comprador casi compulsivo de libros. Es imposible leerme ya, ni la décima parte de los que tengo.

De jovencito empecé con José Luis Martín Vigil. Tuve un periodo intermedio con Camilo José Cela y algunos más de la prosa política y social de la época final de la dictadura. Eso me abrió la idea del periodismo literario hacia un Francisco Umbral ácido, y crítico con lo que ya teníamos sobre las cabezas.

Cuando Umbral falleció tuve que buscarme un sustituto. Gabilondo desde la radio no era suficiente, tenía que leer. Algunos aragoneses vinieron al rescate y desde Madrid, Raúl del Pozo ocupó ese espacio. Luego encontré a Juan José Millás y empezó a acompañarme.

Como es de suponer estos fueron los más usuales, aderezados por otros de similares características, casi siempre españoles lo cual es posiblemente un déficit mío, hasta que poco a poco fue dejando la literatura dura para adentrarme en el ensayo.

Raúl del Pozo a veces me gustaba y otros lo odiaba. Eso es bueno, pues si lo mantenía en mis escuchas y lecturas sería por algo valioso que me transmitía. Algo similar me sucedía con José Luis Trasobares.

Cuando uno mismo va creciendo en edad, a la vez que mengua en fuerzas y pelo, va perdiendo referencias de su vida, acompañantes de todo tipo. 

Parece lógico, pero todo son como pequeñas heridas que te deja huella por abandono. Podríamos pensar que estar vivo y conociendo esas pérdidas es positivo por lo que supone de la propia trascendencia, pero no es cierto. 

Quedarse poco a poco menos acompañado es admitir que todo va cambiando, todo se va perdiendo, y solo puedes observarlo y esperar…

Se pueden buscar recambios, eso sí, incluso es recomendable hacerlo. Pero ya no es lo mismo, pues muchas veces percibes que ya no estás viviendo en el mismo mundo. 

Admites que vas cambiando, incluso admites que es a peor, pero cuesta admitir que te van dejando tus referencias.


6.3.26

Es efectivo tener en casa algo de dinero? ¿Es peligroso no tener efectivo?


Desde Suecia y en estos tiempos de guerra en medio mundo, a modo de preparación o de información institucional que se considera útil, el propio gobierno de este país aconsejaba a sus ciudadanos que tuvieran al menos unos 95 euros (en su propia moneda) por persona, en efectivo.

En concreto les informaba desde el Riksbank, el banco central del país, de la necesidad lógica  de que los hogares guardaran en casa 1.000 coronas suecas por persona.

El motivo era simple. En Suecia ya casi no se utiliza el dinero en efectivo, más del 90% de los pagos se realizan por métodos digitales, bien con tarjetas o con el teléfono. Incluso para pagos muy pequeños.

Pero ante un conflicto social severo, puede haber fallos de electricidad, o caídas en los modelos de control del pago digital, y su recomendación hablaba de tener lo necesario en efectivo, para el consumo de alimentos para varios días, de una semana al menos.

No es mala idea ampliar este concepto de incluso llevar siempre en la cartera algo de efectivo. Hace ya unos años que un amigo me decía que él siempre llevaba mínimo en la cartera el equivalente a 30 ó 50 euros, por si le atracaban en la calle. Que era una forma de seguridad para que no ejercieran violencia.

Tener 100 euros en casa por persona, como recomienda el Riksbank, para la mentalidad española parece corto. Es verdad que eso depende de cada persona, pero tener algo de efectivo es lógico y de sentido común. 

No solo billetes, sino también monedas, dinero fraccionario para bajar a comprar lo básico. Y también recomienda tener al menos dos sistemas de pago digital activo, y tener dos tarjetas de crédito de diferente marca o redes, por si falla solo una. Y recordar el PIN de las tarjetas, pues para según qué tipo de pagos de bajo nivel, podrían pedírtelo aunque nunca lo hayan hecho con anterioridad.

Todo tiene también algo que ver, con la necesidad de que Suecia mantenga en funcionamiento su sistema de efectivo, pues al no pagarse ya casi nada con billetes y monedas, el sistema de los bancos está en serias dudas, con recomendaciones desde el BCE de que no se deje caer el sistema pues los propios bancos privados se impondrían en los controles y costos del sistema.

La desaparición total del metálico "dejaría a los ciudadanos a expensas del sector privado a la hora de tener acceso al dinero y los métodos de pago", advierte la vicegobernadora del Riksbank, Cecilia Skingsley, en un reciente artículo publicado por el Foro Económico Mundial

¿Deben los gobiernos explorar la idea de tener sus propias monedas digitales o modelos de pago, ajenos a las grandes empresas bancarias?