8.4.26

Los jóvenes no se afilian a los sindicatos


Los datos son tozudos y duros. Solo el 18% de los jóvenes ya trabajadores, hasta los 45 años de edad —es decir, incluso ya no tan jovenes—, están afiliados a un sindicato. Esta cifra es tremenda, es muy baja, es un síntoma de la enfermedad tan bien tratada por los empresarios y los que no quieren que los trabajadores tengan ni fuerza, ni unión, ni conciencia de clase.

¿Para qué se va a afiliar a un sindicato alguien que trabaja desde las 6 de la mañana, si no se considera un trabajador, si no es de clase obrera, sino de Clase Media?

¿Si además está convencido de que los que dirigen los sindicatos son todavía peores que los que dirigen los partidos políticos?

Estos marcos mentales han calado tan bien entre los trabajadores, que están más afiliados a seguros de decesos que a sindicatos.

La franja de 25 a 45 años representa aproximadamente 12,7 millones de personas en España según el padrón de 2024. No todos están trabajando y eso hace que en porcentaje del 18% no corresponda exactamente.

En Seguros de Decesos hay una estimación para 25-45 años, de entre 4,5 y 5,5 millones de personas aseguradas en este tipo de seguros de entierro. Jopetas.

En Seguro de Vida hay una estimación para 25-45 años de aproximadamente 9,5 a 10 millones de personas. Es, con diferencia, el seguro más contratado en esta franja de edad, ligado fundamentalmente a hipotecas y cargas familiares.

En Seguro de Hogar hay una estimación para entre los 25 a 45 años de entre 5 y 7 millones de personas, con una tasa de penetración probablemente inferior a la media nacional por el alto porcentaje de esta generación que vive de alquiler o en casa familiar.

En cambio personas afiliadas a un Sindicato de Clase hay entre 1,2 y 1,6 millones de personas de entre los 25 a 45 años. En cálculos más optimistas se suben hasta los 2,3 millones de personas, pues no en todos los estudios se entiende igual qué es un sindicato de clase.

Casi tres veces más, los jóvenes hasta los 45 años, piensan en asegurarse el entierro que pertenecer a un sindicato para que negocie convenios, defienda sus intereses laborales, logre beneficios laborales para todo el que trabaja por cuenta ajena. Las conclusiones que las ponga mentalmente cada uno.

4.4.26

Se nos fue con todo su carisma


Me lo dijeron llorando, como sucede cuando el que se había ido era querido por muchos, posiblemente sin ningún motivo especial. Se llama carisma.

Era un conocido de los que atraían con su voluntad y sus ganas de empezar cosas nuevas. Siempre nos quedarán aquellos cabreos que cogíamos todos, cuando, después de una hora de reunión en la asociación, venía tarde y nos soltaba a la cara: —Venga, vamos a empezar, ¿de qué hablamos hoy? 

Y sobre todo cuando tras decirle el resto un: —Quieto parado, que ya hemos aprobado no sé cuántas cosas—; te empezaba a decir que bueno sí, pero que había que mirarlas bien.

—Haber, vamos a verlas otra vez con calma, que yo traigo no sé cuantas más.

Y con su cara de bueno y su barba de progre unido a su sonrisa, se disfrazaba para salvarse él mismo de que nos tiráramos a su cuello para comérnoslo. 

Era joven, menos de lo que aparentaba, y le gustaba el deporte. No siempre el deporte cura.

Su voz tenía un no sé qué y sus amigos eran un ciento. Por eso cuando el infarto le pudo, tampoco yo lo entendí. Como tantas otras veces en que sin avisar, alguien se nos escapa. Ya nunca volverá una hora y media, a decirnos que no era para tanto la espera.

Su pelea favorita de los septiembres era la asignatura de religión. 

Él nunca pensó que 10 años después, le harían una misa muy bonita con todos sus amigos que llenamos la iglesia, y que le cantaríamos y le recitaríamos poemas. 

Creo que incluso le hubiera gustado por que detrás de aquel cuerpo enorme lleno de barba sonriente, había un gran tipo que se dejaba trabajar y llevar al huerto. Hasta tarde José Antonio.