19.2.20

Los Satisfyer Men son las nuevas Rumba del sexo masculino

Tras el éxito del Satisfyer femenino los hombres nos pusimos locos buscando nuestro aparatito Satisfyer Men con final feliz pues no se podía consentir sin gritar que las féminas tuvieran su máquina para apartar hombres de la cama y nosotros no tuviéramos pequeñas damas de plástico duro que hicieran el trabajo feliz. Así que si lo primero era buscar, lo segundo era encontrar.

Los hombres ya asistimos gozosos (y descansados tras las dudas) tras encontrar las diversas máquinas que nos permiten prescindir de la mujer para terminar felices de la zona baja. O de la zona alta que dicen que el placer viene de arriba. 

Desde 40 euros tenemos lo que buscábamos, diversos Satisfyer men, sustitutos de damas en diversos colores y hasta con 14 programas de succión de penes. Joder, es como tener a 14 señoras dispuestas a que tocando el botón te toquen el botón. Un éxito.

Claro que… joder en qué estamos convirtiendo el acto de joder. Todos con máquinas en la mano, hasta que descubran una Rumba folladora que se mueva sin manos. Es cuestión de meses. ¿O ya existe? Un Satisfyer men tipo Rumba que sepa moverse por el cuerpo subiendo y bajando y además sepa ella sola volver a su casa a cargarse.

Lo llaman juguetes que es una manera sencilla de intentar engañarnos. No son juguetes sino peligrosos aparatos para estimularte. ¿Y si se queda atascado con tu cosa dentro? ¿Y si en la ducha empieza a darte calambres y te la socarran? 

Dicen que existen con diversos tamaños de vagina de plástico, pero siguen siendo por fuera un aparato que parece un molinillo de café. Vibra, puedes elegir a qué temperatura te hace la felación, y tiene recogedor que es lo más guay del invento masculino. Vamos, como si fuera un aspirador de mano, pero para las partes bajas.

18.2.20

Si no existe Dios, tampoco puede existir la Virgen

Esta semana han juzgado a Willy Toledo por cagarse en dios, que dado que no cree en Él es una manera minúscula de cabrearse con quien no goza de su fé en que exista. Minúsculo parece también el asunto pues no parece de mucha enjundia entender que se puede insultar a alguien o algo del que no tenemos constancia clara de que exista. 

Cabrearse de palabra con quien no se cree que exista ni hay claros fundamentos de que efectivamente exista parece un ejercicio que no conduce a maldad. Y que los demás creamos no es algo que deba conducir a aumentar la pena de quien no cree. 

Lo de las distintas advocaciones de la virgen sería lo mismo. Si no hay seguridad de que existe o ha existido Dios, complicado sería entender que sí ha existido la Madre del Hijo de Dios. Es todo cuestión de fé. Y del nombre que a esa fé le ponemos los humanos. 

Con independencia de lo gamberro que sea el artista Willy Toledo, y lo provocador que sean sus frases, que para eso es artista.

De existir Dios… no se entera o es bobo, por eso creo también que dios no existe. Tenemos tantas cabronadas todos los días en este mundo que permitirlas es jodido de admitir. Claro que es posible que tenga a su cuidado millones de millones de planetas y no se pueda enterar de todo. 

Podía buscarse ayudantes, que el Cielo está lleno de buenas personas que harían de voluntarios. Al final todo es cuestión de creer o no creer.

Así que si en el 2020 castigamos a una persona por no creer en algo e insultar además a lo que no cree, parece una escena de clase de preescolar. Con un manotazo suave en la mano o con dejarlo sin televisión durante media hora para que no arme mucho follón podría ser suficiente. O a lo sumo un grito fuerte: –¡¡caca, coño!!

17.2.20

No es tristeza, es falta de energía para engañarme

Somos lo que somos por los demás, por el poso que nos van dejando dentro todos los que nos rodean incluido tú. Nos ponemos encima todo lo que vemos y nos influye como una capa de polvo del bueno que nos va curtiendo. 

Hablamos el idioma que nos tocó hablar, comemos los platos de nuestros antepasados, es invierno o verano dependiendo de dónde nacieron nuestros bisabuelos. 

Creemos conocer a cientos de personas con las que nos saludamos, pero si en vez de nacer en Zaragoza hubiéramos nacido en Marraquech, conoceríamos y nos trataríamos con otras muy distintas.

Incluso algunos de nosotros hemos visto distintas banderas en nuestra vida, sin que esos telares nos cambiaran la vida cuando ellos se convertían en una cosa o en la contraria. 

En realidad tampoco es que seamos mucho, pues estamos paseando por todo lo construido por otros y nuestra única labor es mantenerlo y si acaso mejorarlo un poco. 

Nunca estropearlo. 

Nos creamos lo más importante del mundo, pues en realidad para nosotros mismo lo somos, y es mejor seguir engañados para poder sonreír de vez en cuando. Pero lo único que nos pertenece de veras es el tiempo. Nosotros.

Si te vas a una isla desierta, el dinero no sirve para nada

El otro día reflexionaba sobre lo que me llevaría a una isla desierta. Mi esposa sí se quiere ir a una isla desierta, yo no tanto. Y curiosamente no me interesaría llevarme lo que en esa isla donde vivimos con muchas personas que nos rodea, más valoramos. 

El dinero no nos serviría para nada en una isla desierta. El dinero no compra felicidad, ni entretenimiento, ni supervivencia, ni salud. El dinero solo vale donde hay más dinero. 

Si vas a un lugar donde no hay dinero, no vale para nada. Un papel en blanco para escribir tiene más valor. Un lápiz, una aspirina, un calzoncillo, una tirita, un vaso valen mucho más que un millón de papeles viejos ya usados. 

En los últimos tiempos el dinero no sirve ya casi ni para comprar tiempo. Incluso viendo como se lo gastan algunos ha perdido su valor real. El dinero vale en horas o minutos de trabajo. Ese es el cambio real.

Yo conocí a un tipo casi joven al que le importaban un huevo las multas de tráfico por velocidad, lo dramática era que lo pararan y le hicieran perder el tiempo según decía. 

Para este tipo fue tremendo cuando pusieron el Carnet por puntos pues su dinero ya no le servía para comprar su derecho a conducir peligrosamente. 

Al final parte de sus empresas dejaron de fabricar dinero y él fue perdiendo horas de su vida, de esa libertad por hacer lo que le salía del bolsillo. Dios no existe, pero a veces lo parece.
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