27.6.26

Apuntes de un testigo. La Inteligencia que llamamos artificial


Quizá el cambio más importante de todos los acontecidos entre los años 2000 y 2026 haya sido la llegada de la llamada Inteligencia Artificial. En el año 2000 la IA era un tema de laboratorios y películas. Hoy todos hablamos de ella, y muchos ya la utilizamos.

En este 2026 la IA ya redacta textos cada vez con más calidad y más humanos, traduce de y entre todos los idiomas y entre todo tipo de documentos que le entreguemos, programa nuevo software sin ser programador, ayuda en diagnósticos médicos y en información sobre medicamentos, optimiza redes eléctricas o el tráfico, participa en investigación científica ayudando a personas tremendamente alejadas las unas de las otras, genera imágenes, vídeo y voz de múltiples formas y modos hasta convertir en irreal y sin que se note cualquier petición que se le haga en estos campos, es capaz de engañarnos, de hacerse pasar por otras personas o de inventarse noticias o datos si no los conoce o si realmente está programada para engañarnos.

Y sabemos además que ayuda en las guerras, en temas militares, sobre todo en diseñar estrategias bélicas para optimizar los recursos militares, a ser más eficaz en el campo de batalla, ampliando los éxitos en las contiendas de cada día y sabiendo decidir qué estrategia o qué tipo de arma en cada momento es la más eficaz, optimizando las provisiones de cada combatiente, bombardeando con más eficacia en lograr más muertos y destrucción con menos coste. Fabuloso ¿no?

Y esto es probablemente sólo el principio. A diferencia de muchas tecnologías anteriores, la IA no sustituye únicamente fuerza física como sucedió con la industrialización o con los últimos periodos de la entrada de robot en las fábricas. Empieza ya a poder automatizar parte del trabajo intelectual.

Por eso muchos historiadores futuros podrían considerar los años 2020 como el inicio de una transformación comparable a la Revolución Industrial, que afecte a nuestro modo de visa, además de a la forma en que contemplamos el mundo laboral y la formación necesaria para poder tener éxito en los trabajos.

Hablamos ahora, en pleno nacimiento de la IA y su asentamiento como modelos de futuro que ya no tienen vuelta atrás, de los peligros que tendrá como pérdida de decenas de oficios actuales. Algunos ya previstos, pero otros solo intuidos o ni siquiera eso. Queda claro que esos trabajos que requieren una parte fundamental de trabajo intelectual se van a ver presionados, contaminados por la IA o literalmente verán como desaparecen sus puestos retribuidos de trabajo. No sus servicios, que, al convertirse en mucho más sencillos, serán realizados por muchas más personas, dejando de ser rentables.

En los nuevos trabajos, ya sabemos que al menos un 10% van a requerir una gran profesionalidad en IA, aunque todavía no somos capaces de definir bien qué especialización en IA será necesaria para esa Inteligencia nueva que se está definiendo cada semana.

Yo no creo que la próxima década vaya a ser, sobre todo, la década de “una IA más lista”. Creo que será la década de una IA más autónoma, más incrustada en instituciones y más metida en el mundo físico. Y posiblemente será también una IA más controlable, más vigilada. Ésa es la diferencia importante que hoy no sabemos todavía definir.

Hoy la IA sobre todo responde, pero en los próximos diez años tenderá a saber planificar mejor, ejecutar, coordinar herramientas, vigilar procesos y tomar pequeñas decisiones dentro de flujos de trabajo reales. McKinsey ya describe una expansión de la IA “de agentes personalizados”, y al mismo tiempo subraya que muchas organizaciones siguen todavía en fase de piloto y que la gobernanza para sistemas más autónomos va por detrás de la adopción.

Dicho de forma más clara. La IA no va a cambiar sólo “profesiones tecnológicas”. Va a entrar, sobre todo, en zonas que hoy nos parecen menores, grises de la vida diaria, que antes parecían demasiado humanas, demasiado administrativas o dispersas para ser automatizadas entre ellas. Ahí es donde veo el mayor cambio de hábitos. Pensemos por ejemplo en el mundo del Arte, o en el profesional de varias profesiones diferentes que se juntarán en un trabajo común.

Seguiré hablando a continuación, de este apasionante asunto, que nos está moviendo la forma de pensar, de crear y de trabajar.

26.6.26

Apuntes de un testigo. Analógico y digital


El mundo del año 2000 todavía era analógico, aunque ya existía Internet, seguía siendo un mundo esencialmente analógico. La mayoría de la gente no llevaba Internet en el bolsillo, se seguía utilizaba mapas de papel, llevaba sus imágenes a revelar, compraba periódicos impresos, veía la televisión a una hora determinada y en el momento en que ponía su programa favorito, acudía al banco físicamente, compraba siempre en tiendas físicas, llamaba por teléfono e incluso escribía cartas.

En el año 2026, todo eso sigue existiendo si alguien quiere seguir utilizándolo, pero ha dejado de ser el centro de la vida cotidiana. Ese cambio se ha producido de forma extraordinariamente rápido y las nuevas generaciones ya están dejando de utilizar mecanismos que ellos mismos consideran obsoletos, viejos, de otras generaciones. No parece un cambio espectacular porque ha ocurrido poco a poco, pero todo eso es comparable a la llegada de la imprenta, el coche o la electricidad. Pero de forma mucho más rápida, llegando al total de la sociedad si así lo quiere, en muchos menos años.

La información ha dejado de ser escasa en estos años de la tercera década del siglo XXI, y al contrario, hay tanta que resulta muy complicado separar lo real de lo que es manipulación, bulos para convencernos de mentiras fabricadas.

En el año 2000 la información era difícil de encontrar. Hoy el problema es exactamente el contrario. Tenemos más información de la que somos capaces de procesar. 

Eso ha cambiado en gran medida el concepto que tenemos de la política, los usos que le podemos dar a la educación, el valor de los medios de comunicación hoy muy multiplicados con respecto al año 2000 pero casi todos ellos de peor calidad y menos seguridad de que solo dirán la verdad, con una publicidad que intentamos no ver y que nos afecta por saturación mucho menos, y con unos cambios personales muy serios en la forma de creer en lo que nos crean para formar opinión dirigida.

Por primera vez en la historia una persona puede acceder desde su casa a más conocimiento que el disponible en muchas universidades de hace apenas unas décadas.

Pero al mismo tiempo han aparecido problemas nuevos sobre todo de desinformación y manipulación informativa al multiplicarse los medios sin control y sobre todo al ser muy sencillo crearlos y hacerlos desaparecer, convirtiéndose en cámaras de eco que buscan la polarización dentro de una saturación informativa. La abundancia de información ha resultado ser tan problemática como la escasez.

Ha nacido una segunda realidad, la llamada época digital. En el año 2000 existía una clara diferencia entre el mundo físico y el virtual. En 2026 esa frontera casi ha desaparecido. Dentro de nuestras interacciones diarias han entrado decenas de modos que ya no son físicas, entre personas. Trabajamos, compramos, aprendemos, nos relacionamos y nos entretenemos en espacios digitales.

Las redes sociales han creado algo completamente nuevo en la historia humana. Miles de millones de personas compartiendo simultáneamente un mismo espacio informativo. Nunca había ocurrido. Ni siquiera los grandes imperios o las religiones consiguieron una sincronización de la atención humana comparable. Nunca hemos estado tan acompañados… y a la vez tan solitarios.

Podemos enamorarnos sin conocer a la otra persona, podemos incluso hacer sexo sin podernos tocar ni conocer de verdad su voz en sonido ambiente. Y podemos hacer ghosting con todas ellas y con la misma facilidad con la que hemos tenido relaciones sexuales con varias personas en el mismo día, sin haber conocido físicamente a ninguna de ellas. 

Por eso la soledad es también una realidad, pues como animales humanos no estamos acostumbrados a tantos cambios en lo que son las relaciones humanas, que no son relaciones de tacto, de olor, de oído, de sentir. 

Incluso ya podemos tener sexo con personas artificiales, que no existan, y creernos que son personas que, aunque alejadas, son humanas, existen. En realidad, estamos teniendo relaciones, sexo o conversaciones con una representación, siempre. solo con aquello que vemos en una pantalla.

¿Qué hay alrededor de lo que nos enseñan desde sus pantallas? ¿Creemos que estamos masturbándonos con una persona que solo se dedica a nosotros, o a su alrededor está su pareja haciendo la cena o planchando…, y no la vemos?