Estamos asistiendo en este 2004 y de forma algo balbuceante al nacimiento y crecimiento de una nueva Europa Unida que crece muy rápidamente, pero con bases nada sólidas. En pocos meses hemos llegado a una Europa de 25 países, pero sin tener todavía Constitución propia, sin saber hasta donde quiere ir en esta unión, si sólo será económica y no política, o si será el comienzo histórico de una nación de naciones o un mero intento por crear un gran mercado de producción mundial para competir con el resto.
Los propios ciudadanos de esta Europa damos muestras claras de agotamiento político con unas respuestas en los últimos comicios para su Parlamento que no superaron el 40% de participación. Países de nueva incorporación que son los que más provecho económico van a tener con esta incorporación no quieren pertenecer a la misma, reflejando sus ciudadanos en encuestas el deseo personal de seguir siendo independientes incluso en temas económicos.
Hoy todo el planeta gira alrededor de un solo gran país, los EEUU, de un presidente irregular, George W. Bush, perteneciente al Partido Republicano.
Él consume y reparte las cuotas de poder mundial que deja en manos de aliados que él mismo elige, ofrece delegaciones mundiales en campos diversos para aquellos que están de su lado, lo que arrastra a colocar en el otro a todos los que disientes de sus posturas políticas o económicas. Como gran poder mundial, y dependiendo además de algo tan frágil como una sola persona que ejerce de Presidente, y que toma sus decisiones sin consultar a terceros, todo el mundo lo toma como referencia para lo bueno y para lo malo.
España en los últimos meses ha pasado, de ser el segundo país más fiel aliado, a un apestado con el que no se quiere hablar, por la retirada unilateral de las tropas españolas de la guerra de Irak. (Y lo pongo aquí como ejemplo de lo que explico solamente, pues esto puede cambiar radicalmente para bien o para mal en el transcurso del presente libro).
Ciertamente no fue —a mi entender y visto con perspectiva de 24 años después— una decisión acertada, por mucho que nuestro presidente Zapatero lo hubiera prometido en su programa electoral. No acertada en las formas más que en los fondos, pero ese es otro tema que de momento se nos escapa aquí por su análisis necesariamente más profundo por lo que significa de cara a sus aliados.
Quiero decir con esto que las alianzas nunca han sido eternas, pero que en la misma medida en la que los cambios se suceden unos a otros a una velocidad muy rápida, le sucede lo mismo a las decisiones políticas o a las posiciones en el mapa mundial. Por eso nadie está seguro de casi nada, dependemos excesivamente de muchos factores que no podemos controlar.
Diríamos que sólo une el idioma y no siempre. Los países anglosajones tienen estas alianzas mucho más asentadas que el resto de los países del mundo. De hecho el castellano no une casi nada.
Mientras todo esto se sucede a nuestro alrededor a una velocidad que no detectamos pero que es muy alta, hay una gran parte del mundo que no se mueve absolutamente nada. Esto quiere decir que de ellos nos estamos distanciando un poco más cada año que pasa.
Pero como no se mueven los países que conforman ese mundo, eso casi obliga a emigrar a sus habitantes más osados, hacia países que ya saber que su forma de vivir es muy diferente a la que ellos tienen.


