1.6.26

Google debería indicar donde encontrar urinarios


Yo creo que no he cambiado nada en los últimos 70 años. En los anteriores creo que tampoco, en caso de que hayan existido. Me veo igual de imbécil que cuando nací. Eso sí, creo que más feliz, que no es poca cosa. O al menos, lloro menos.

Yo no creo que haya cambiado mucho, pero el mundo tampoco. O lo que ha cambiado es peccata minuta.

Tenemos inteligencia artificial que es tanto como reconocer que hemos tenido que recurrir a lo artificial para crecer en inteligencia.

Lo magro de la vida sigue siendo casi igual. Vivo en un país que no es un buen ejemplo de democracia participativa, aunque hubo un tiempo en que lo parecía. Vivo en un mundo lleno de hambre y guerras y en donde la policía puede pegarle una pequeña paliza a una mujer embarazada sin saber bien por qué. 

Vivo en un mundo que aspira a llegar a la Luna, pero sin saber bien cómo. En la Luna debe estar el futuro.

A mí me cambiaron de huevo a óvulo en el campo, en las eras del verano de 1955 en un pueblo de Soria, y si hubiera duda de aquello, tuvo que ser en una vivienda subarrendada del Barrio Jesús de Zaragoza. 

Como sucede ahora, sin haber avanzado nada, sin opciones claras de tener vivienda a la que llamar Hogar. Por cierto, ya casi nadie sabe qué eran las eras, en algo hemos avanzado.

La inmensidad de la vida sigue igual, llevamos miles de años con las mismas leyes con ciertos parches y retoques, casi las mismas formas de esperar a que te atienda el brujo de la tribu si estás enfermo, y sintiéndonos más solos que antes, sin vecinos ni familiares que no miran de frente, pues hemos ido construyendo una sociedad apática y posiblemente más egoísta.

A cambio tenemos coches, iPhone y AirTag por si nos perdemos. Cuando en realidad llevamos perdidos cientos de años. Pero al menos ahora, seguimos perdidos pero convencidos de que nos encontrarán en algún momento.

Como decía Miquel Barceló, muchas cosas se me escapan, y eso debe ser la edad. Cuando eres joven no se te escapa nada, pues no eres capaz de detectar qué cosas se te están escapando. Cuando eres mayor las notas, pero te jode perderlas y no quieren tampoco, ni mirarlas ni pelearlas. Te conformas con las que te rodean, admitiendo que no son las mejores, pero son las que te tocan, por haberte equivocado antes.

Al poco de nacer yo me meaba encima y no lo notaba. Me sentía feliz meándome encima. Ahora sufro cada vez que me advierte la próstata que debe mear, por si no soy capaz de encontrar un lugar de forma rápida. El cabrón del sistema urinario sabe joderte dando golpecitos en esas zonas, cuando más complicado es encontrar un urinario. 

Antes, de joven, cuando salía de casa, cuando viajaba por otras ciudades yo me fijaba en las pastelerías, en las esculturas urbanas. Ahora voy buscando tener un local en donde dispongan urinarios cerca, por si acaso. 

Tengo que mirar en mi IA de Google si es capaz de avisarme en donde se puede mear con el Google Maps, indicándole yo mi posición. Que en vez de buscarme restaurantes me busque urinarios.

Julio Puente

Hablamos de bosques oscuros



Hay bosques sencillos.

Hay bosques complejos y oscuros. 

Hay bosques a pie del camino de la vida. 

Hay bosques muy escondidos en los que no sabe ni cómo has entrado. 







Los bosques están para disfrutarlos mientras los atraviesas.

En la vida nos iremos encontrando muchos bosques oscuros.

Tan importante es mirar al suelo como observar las alturas.

Rodeando a los bosques siempre está la luz.