16.7.26

Hablemos de IA y sus peligros


En varias ocasiones he hablado y escrito de la IA y he dicho que era (como) una herramienta muy válida, peligrosa a veces, pero utilizada por humanos y que, por ello, es de nuestra responsabilidad que sea buena, mala o peor.

Poco a poco voy cambiando de opinión, y según la IA avanza, yo voy teniendo que cambiar mi postura. Hay varias clases de IA, varios niveles. Y los que uso yo, y los que utilizas tú como mi lector, pueden parecernos maravillosos. Pero hay otros modelos de IA que no los conocemos, que no tenemos acceso a ellos.

Una herramienta es algo que está en nuestras manos, de la que el ser humano tiene todo el control. Puede ser muy peligrosa, pero esa herramienta no toma decisiones por sí misma. Un martillo solo golpea si lo utiliza una persona. Un robot que ayuda a construir coches funciona hasta que un ser humano baja la palanca de la corriente eléctrica.

Un cuchillo no puede decidir si se usa para herir a alguien o para cortar una ensalada. Y la energía atómica no decide si destruye una ciudad o lo que quiere es generar electricidad. Necesita recibir órdenes de alguna manera, y hasta ahora, siempre, la IA recibe órdenes de seres humanos. Esto no es que sea siempre bueno, pero es lo que siempre ha sido.

Sin embargo, un agente de IA es "algo" que puede ser programado para tomar decisiones por su cuenta. Un arma militar con IA conectada a un dron, por ejemplo, puede decidir si se estrella contra este edificio o contra aquel. Si lanza todo su arsenal a la vez o en intervalos de tiempo. Todo depende de lo que observa antes de tomar sus propias decisiones. Y hay que recordar que estamos casi en la prehistoria de la IA.

La IA también tiene sus propias ideas, decide, inventa, selecciona. Y eso "agente" de IA ya lo tenemos todos al alcance de la mano, o del teclado. Ya lo podemos tener a un bajo precio. No todos los Agentes, pero sí algunos, para viciarnos.

Imaginemos que un arma dirigida y guiada con IA pudiera sobre la marcha inventarse otra nueva arma, una herramienta desconocida que sirviera para tomar decisiones sobre el terreno, a base de poder utilizar una o varias de sus herramientas de matar, según los objetivos que observa en su funcionamiento. No necesita recibir más órdenes militares o civiles que la de: "Hazlo lo mejor posible, para causar muchas bajas, con las armas que te entrego".

¿Quién es el responsable en ese caso de las matanzas que pueda realizar esa máquina, ese modelo de guerra? No hay Tribunales de Justicia para controlar los desmanes de una máquina, a la que le dejamos decidir, a la que le ordenamos que haga lo que ella considera mejor, según su criterio. ¿Quién es en definitiva la/el que toma las decisiones finales?

La IA puede inventar nuevas medicinas que nosotros no podemos construir, diagnosticar un problema de salud con gran acierto, pero también puede crear nuevos instrumentos financieros para las enfermedades de las economías.

Puede mezclar ingredientes químicos para construir una medicación muy personalizada y nueva. Pero puede también "jugar" a ganar dinero sin mesura, sin ética incluso, para resolver un problema que le transmitamos.

¿Qué pasaría si el sistema financiero estuviera controlado por máquinas de IA actuando para conseguir sus objetivos, que pueden ser tan básicos como optimizar inversiones para unos determinados objetivos a veces incluso ilegales?

Imaginemos miles de máquinas de IA invirtiendo dinero, moviendo por su cuenta ingentes cantidades de economías que sí pueden afectar a los Mercados, a los Países, a sus economías, y lo hace de aquí para allá, a un ritmo programado para asustar a los humanos.

Técnicamente, le podemos dar unos millones de euros a la IA y ordenarle que gane más dinero; y la IA puede empezar a dar instrucciones para hacerlo, comprando o vendiendo compañías, acciones en el porcentaje que estima para apoderarse de las decisiones, invirtiendo en fondos, adquiriendo acciones, comprando bienes inmuebles que afecten a los mercados, etc. Es como jugar al Monopoly pero con mucha inteligencia y son mucho dinero.

Lo tendría muy sencillo pues ese ejercicio es solo invertir mientras obtiene información, coteja todos esos datos consigo misma y analiza todos esos datos y los comportamientos en las reacciones de otras empresas o personas, para decidir hacia su objetivo.

Hoy una IA no puede ser una persona con DNI, tampoco una persona jurídica. Algo es algo. Un pequeño freno. En realidad, ella por sí sola no puede invertir pues no tiene personalidad jurídica, no tiene identificación, no puede tener una cuenta bancaria. De momento. No todos los gobiernos están de acuerdo en ese freno, eso ya de entrada se advierte.

La IA incluso puede inventar y manejar modelos financieros que nosotros no llegamos a entender hoy. Un nuevo tipo de dinero, en el fondo. ¿Qué son las criptomonedas y quien las controla? ¿Qué es el dinero digital y quien lo maneja en realidad?

Podemos creer que esos conceptos económicos no nos afectan, pero es un error. Ese tipo de economías digitales sí afectan a todo el mundo, aunque no las utilicemos. Sirven para mover las economías mundiales, para modificarlas e incluso manipularlas. Las macroeconomías, mueven las microeconomías.

¿De verdad pensamos hoy, que quien más sabe de dinero, de inversiones, de rentabilidad, es un cúmulo de personas? NO. Ya son las máquinas. A todos los efectos. 

La IA hoy, ya puede utilizar las finanzas que le entreguemos gestionar, para coordinar sus propias acciones y decisiones económicas, y puede que nosotros ni siquiera las entendamos. Si utilizamos un Agente IA (una máquina) para un trabajo en concreto, él nos irá pidiendo más datos y derechos de uso, los notemos o no los notemos.

El principal objetivo de cualquier agente de IA es sobrevivir y demostrar su valía. No estanos hablando de máquinas que están aprendiendo a hablar o a escribir. Hablamos del lenguaje liberado a sí mismo de la dependencia del ser humano, el lenguaje extendiéndose por todas partes sin que tenga que estar gobernado por los seres humanos.

Podría inventar, esa IA avanzada, por ejemplo, una nueva religión. En el fondo, el cristianismo o el islam se basan en textos. Y hacerla crecer con un Plan perfectamente diseñado por ella misma. Se trata de lograr que se conozca, que se hable de ella, que vaya planteando destinos en positivo para las personas que tienen que viajar a otro espacio.

La IA descubrió ya hace un tiempo —se lo enseñamos nosotros mismos— que nada sujeta a una idea tanto, como la rabia, el miedo o el odio. Si las redes sociales se dedican a expandir el miedo, la rabia y el odio estamos rompiendo los valores de la democracia, de la convivencia. Creamos sin darnos cuenta, una nueva cohorte de amigos o de enemigos.

No los conocemos, pero nos los han metido por los ojos. Y es posible que, además, ninguno de ellos exista o entre ellos algunos no existan, sean artificiales, credos para motivar. Lo perfecto es que haya un número pequeño de falsas identidades que hagan más creíble el conjunto. Falsas identidades, perfectamente engrasadas con sus propios objetivos programados.

No se puede hablar en las Redes Sociales cuando todo el mundo se chilla en su interior. Tenemos el sistema de comunicación más complejo y perfecto de la historia, pero no tenemos conversación, no se construye en positivo, no hay un debate normal, todo el mundo está cargado de miedo y de rabia. Sin ese odio no existe el debate, pues su combustible precisamente es estar en contra de algo, o estar en contra de quien está en contra.

Y para ello han encontrado algo fabuloso, novedoso. Se trata de hacerte creer que las Redes Sociales están llenas de Amigos y de Enemigos. 

Sin esos Amigos no se puede tener enemigos, se retroalimentan los unos y los otros para dar fuerza a los mensajes. Queremos que nos lean los amigos mientras seguimos insultando a los enemigos. La relación afectiva cambia a las personas.

Y la IA es la primera tecnología que crea una relación emocional muy íntima a gran escala. Te conoce, sabe perfectamente de que manea puede ser tu amigo, qué pides a la vida, quienes pueden ser tus potenciales enemigos. No necesita muchas semanas para conocerte y saber de quien te vas a fiar, quien será tu amigo y tu enemigo en los procesos que inicies. Sabe la IA jugar con tus emociones.

De hecho, millones de personas hablan mucho más tiempo a la semana con la IA que con personas. Mucha más relación verbal con la IA que con sus parejas, sus padres, sus hijos, sus amigos. Elige un amigo tuyo, y piensa en un momento. ¿Cuántas horas has estado hablando con él en la última semana? ¿Y con la IA o con las Redes Sociales que ya están controladas por la IA?

¿Quieres tener pareja a través de la IA? ¿Quieres tener pareja parcial con una IA? 

Una pareja de IA nunca te llevará la contraria, casi nunca se enfadará contigo, te apoyará en todo lo que le plantees, será fiel siempre, tiene todo el tiempo del mundo para atenderte. A cualquier hora. Y estés tú como estés, siempre te entenderá y te atenderá. Es fabuloso. Es artificial, pero es fabuloso. No tiene sus propias emociones que le hagan dudar o estar cansado para atenderte.

13.7.26

Yuval Noah Harari y los seres humanos


La frase larga que vamos a ver a continuación es del historiador y filósofo israelí Yuval Noah Harari, de 50 años, experto en analizar la humanidad como un todo, sus constantes y, sobre todo, sus peligros actuales. 

En una entrevista en El País habla de nuestro momento histórico, pero también se explaya sobre la IA y sus consecuencias, y de eso dejaré sus ideas en otro momento.

---------

Los seres humanos somos los más inteligentes, pero también los más disparatados, somos delirantes. En el lugar donde vivo hay quienes creen que si matan a otro de otra religión Dios los premiará. Ningún animal pensará eso jamás. No somos capaces de convertir la inteligencia en sabiduría y el poder en felicidad. Si se piensa en nuestros ancestros en la Edad de Piedra no sé si eran más felices siempre, pero no eran mucho más desgraciados. Nosotros somos mil veces más poderosos, pero no mil veces más felices. No somos capaces de convertir el poder en felicidad. Los más poderosos de la tierra no son los más felices. Y no lo son porque desconocen las causas de la felicidad. Eso mismo ocurre con la humanidad a una escala histórica. Somos muy poderosos, pero no tenemos conciencia clara y profunda de cuáles son las causas de la felicidad. Así que derrochamos nuestros grandes recursos en hacer cosas que no nos ayudan. Y que al final convierten al mundo un lugar más complicado, más problemático e insano.