En esos toques de humor de El Roto en el diario El País, nos decía o nos recordaba hace unos meses una frase genial. Ya hemos estado en la luna, pero no recordamos cómo.
No se trata de creer o de no creer sobre este tema, se trata de mirar con perspectiva. Los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin, alunizaron el 20 de julio de 1969 sobre la superficie lunar. Dicen que nunca lo hemos vuelto a intentar por coste, y por no tener un motivo necesario.
¿Tampoco propagandístico? ¿Tampoco estratégico?
Hace 57 años de aquello en este 2026. Hay países como España en donde el 23% de los encuestados parecen creer que fueron falsos los alunizajes siendo además España un país que participó en aquellos hechos, al retransmitir las señales de comunicación de este momento.
En EEUU son un 13% los que piensan que fue falso, mientras que en Francia o Alemania se mueven sobre el 10/15%, según el estudio YouGov-Cambridge Globalism Project 2020, con más de 22.000 entrevistas en 21 países. En Rusia como es lógico estas cifras son mucho más elevadas.
En el proyecto europeo TRESCA, realizado en 2021 en siete países —Francia, Alemania, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia y España— el 25 % de los europeos encuestados aceptaba la idea de que el alunizaje había sido un montaje. Pero entre los jóvenes estos datos aumentaban hasta el 35%.
¿No son datos excesivos, que aunque los hayan dado personas que en realidad tampoco en muchos casos habrán analizado el asunto con atención, demuestran un número de dudas muy alto?
El elemento clásico que más dudas produce es la bandera “ondeando” en un lugar donde no hay atmósfera. Muy cerca de ese argumento están las ausencia de estrellas en las fotos y las sombras extrañas; esos tres son los iconos más repetidos del negacionismo lunar.
Entre los escépticos, la bandera suele ser el detalle más intuitivo y el que más circula porque parece “visible” incluso para quien no conoce física básica.
Aunque esas dudas sigan existiendo, las explicaciones científicas son muy sólidas. La bandera no ondea por viento o por la gravedad, sino por su estructura; las estrellas no salen por el tipo de exposición fotográfica; y los demás “fallos” tienen explicación física o documental.
Además, las muestras lunares y la trazabilidad de las misiones son pruebas muy fuertes a favor del alunizaje. ¿Y porqué no hemos vuelto ante un número de dudas tan alto?
¿Porqué no hemos sido capaces de enviar una misión sin tripulantes que fuera capaz de rodeando el lugar del alunizaje, fotografiar la zona y ver en qué estado se encuentran los elementos que allí se quedaron?
En las misiones Apolo 15, 16 y 17 se utilizaron los famosos rover lunares, pequeños vehículos eléctricos. Los tres quedaron aparcados en la Luna. También quedaron martillos, palas, rastrillos, pinzas, soportes de cámaras, piezas de embalaje, cables, antenas, mochilas del sistema de soporte vital y otros objetos.
Los lugares de alunizaje no son solo memoria histórica. La Lunar Reconnaissance Orbiter ha fotografiado zonas de las misiones Apolo con resolución suficiente para distinguir restos de equipos, huellas de desplazamiento y elementos abandonados en la superficie lunar.
La propia página de imágenes de LROC conserva vistas de lugares como Apolo 15, con resolución. El Surveyor 7, sentado en la manta de eyección del Cráter Tycho, fue la última nave espacial de la serie Surveyor, y la única en aterrizar en las tierras altas lunares. NAC M175355093L, el ancho de la imagen es de 500 m. La inserción tiene zoom 4x


