12.7.26

Estuvimos en la Luna alguna vez?


En esos toques de humor de El Roto en el diario El País, nos decía o nos recordaba hace unos meses una frase genial. Ya hemos estado en la luna, pero no recordamos cómo.

No se trata de creer o de no creer sobre este tema, se trata de mirar con perspectiva. Los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin, alunizaron el 20 de julio de 1969 sobre la superficie lunar. Dicen que nunca lo hemos vuelto a intentar por coste, y por no tener un motivo necesario.

¿Tampoco propagandístico? ¿Tampoco estratégico?

Hace 57 años de aquello en este 2026. Hay países como España en donde el 23% de los encuestados parecen creer que fueron falsos los alunizajes siendo además España un país que participó en aquellos hechos, al retransmitir las señales de comunicación de este momento.

En EEUU son un 13% los que piensan que fue falso, mientras que en Francia o Alemania se mueven sobre el 10/15%, según el estudio YouGov-Cambridge Globalism Project 2020, con más de 22.000 entrevistas en 21 países. En Rusia como es lógico estas cifras son mucho más elevadas.

En el proyecto europeo TRESCA, realizado en 2021 en siete países —Francia, Alemania, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia y España— el 25 % de los europeos encuestados aceptaba la idea de que el alunizaje había sido un montaje. Pero entre los jóvenes estos datos aumentaban hasta el 35%.

¿No son datos excesivos, que aunque los hayan dado personas que en realidad tampoco en muchos casos habrán analizado el asunto con atención, demuestran un número de dudas muy alto?

El elemento clásico que más dudas produce es la bandera “ondeando” en un lugar donde no hay atmósfera. Muy cerca de ese argumento están las ausencia de estrellas en las fotos y las sombras extrañas; esos tres son los iconos más repetidos del negacionismo lunar. 

Entre los escépticos, la bandera suele ser el detalle más intuitivo y el que más circula porque parece “visible” incluso para quien no conoce física básica.

Aunque esas dudas sigan existiendo, las explicaciones científicas son muy sólidas. La bandera no ondea por viento o por la gravedad, sino por su estructura; las estrellas no salen por el tipo de exposición fotográfica; y los demás “fallos” tienen explicación física o documental. 

Además, las muestras lunares y la trazabilidad de las misiones son pruebas muy fuertes a favor del alunizaje. ¿Y porqué no hemos vuelto ante un número de dudas tan alto? 

¿Porqué no hemos sido capaces de enviar una misión sin tripulantes que fuera capaz de rodeando el lugar del alunizaje, fotografiar la zona y ver en qué estado se encuentran los elementos que allí se quedaron?

En las misiones Apolo 15, 16 y 17 se utilizaron los famosos rover lunares, pequeños vehículos eléctricos. Los tres quedaron aparcados en la Luna. También quedaron martillos, palas, rastrillos, pinzas, soportes de cámaras, piezas de embalaje, cables, antenas, mochilas del sistema de soporte vital y otros objetos. 

Los lugares de alunizaje no son solo memoria histórica. La Lunar Reconnaissance Orbiter ha fotografiado zonas de las misiones Apolo con resolución suficiente para distinguir restos de equipos, huellas de desplazamiento y elementos abandonados en la superficie lunar. 

La propia página de imágenes de LROC conserva vistas de lugares como Apolo 15, con resolución. El Surveyor 7, sentado en la manta de eyección del Cráter Tycho, fue la última nave espacial de la serie Surveyor, y la única en aterrizar en las tierras altas lunares. NAC M175355093L, el ancho de la imagen es de 500 m. La inserción tiene zoom 4x




1.7.26

Apuntes de un Testigo. Energía nueva


Si retrocedemos al año 2000 el petróleo, el carbón y el gas parecían insustituibles como fuente de energía por varios factores que iban desde el geoestratégico al del precio o la abundancia de este tipo de energía, y sin querer desde el Poder, explorar y asentar otros modelos energéticos a nivel mundial. En este año 2026 el panorama es muy distinto.

Las energías renovables han pasado de ser una curiosidad a veces incluso frenada en su desarrollo, para convertirse en un componente central del sistema energético mundial. En 2025 las renovables superaron por primera vez al carbón en la producción mundial de electricidad. España es un buen ejemplo, que pasó de frenar la energía solar a subvencionarla, en poco más de una década.

A comienzos de siglo apenas existían energías como la solar y la eólica y hoy son pilares del sistema eléctrico. Y todo indica que esta tendencia continuará durante décadas.

Las energías renovables (aire y sol) han pasado de ser una curiosidad para convertirse en un componente central del sistema energético mundial. En 2025 las renovables superaron por primera vez al carbón en la producción mundial de electricidad.

Mi impresión, apoyada por los datos actuales, es que la próxima década no traerá una sustitución simple de los “fósiles por energías renovables”, sino un desplazamiento hacia el consumo de más electricidad, más energía solar, más capacidad de almacenamiento, más redes y con más seguridad y más disputa geopolítica por los minerales críticos, y más equipos y capacidad industrial. 

La energía del mundo será algo más limpia, pero también más eléctrica, más material y probablemente más fragmentada en bloques geopolíticos.

La primera gran transformación será el inevitable menor consumo de energía en forma de combustión directa, y más energía en forma de electricidad. La IEA prevé que la demanda mundial de electricidad crezca a un ritmo medio del 3,6% anual entre 2026 y 2030, al menos 2,5 veces más rápido que la demanda energética total. Además, las energías renovables y nucleares juntas aportarían en torno a la mitad de la generación eléctrica mundial en 2030. 

Eso significa que el centro del sistema energético se moverá desde los combustibles hacia los electrones. ¿Empezaremos a contemplar la energía nuclear como menos peligrosa de lo que parece, en comparación a otras barbaridades nucleares que sí nos asustan? España no está de acuerdo en la energía nuclear, pero no puede prohibir que existan en el sur de Francia, y eso también nos afecta.

La segunda es que, dentro de esa electrificación, la energía solar será la tecnología dominante. La IEA espera que la capacidad renovable mundial casi se duplique entre este 2026 y 2030, con unos 4.600 GW nuevos, y que la solar fotovoltaica represente casi el 80% del aumento. IRENA, por su parte, señala que en 2025 las renovables ya suponían el 49% de la capacidad eléctrica instalada mundial y el 85,6% de las nuevas incorporaciones. Sólo la energía solar añadió unos 510 GW ese año. Dicho en claro. La energía del próximo decenio será bastante más solar que la actual.

Ahora bien, el cuello de botella no será tanto “producir electricidad” como almacenarla, transportarla y estabilizarla. La lentitud en permisos, la escasez de transformadores ya encarece la electricidad y retrasan nuevas conexiones. Por eso, en la próxima década el liderazgo energético no dependerá sólo de tener petróleo o gas, sino de tener redes, baterías, flexibilidad y cadena de suministro industrial.

Las baterías serán el otro gran protagonista silencioso. La IEA ya señalaba que las adiciones anuales de almacenamiento en baterías superaron los 75 GW en 2024, ayudando a compensar parte de la intermitencia renovable, aunque sin resolver por sí solas las necesidades estacionales. Por eso el sistema del futuro inmediato no será “solar y ya está”, sino solar + baterías + red + respaldo gestionable. La energía solar ya transformada en electricidad es mucho más compleja de almacenar y distribuir que el petróleo.

¿Y qué pasará con el petróleo, el gas y el carbón? Aquí conviene ser sinceros e ir con calma. No van a desaparecer en diez años. En el escenario de políticas vigentes de la IEA, el petróleo se aplana hacia 2030 y luego entra en un descenso lento; el carbón entra en declive si se mantiene el impulso renovable, pero su destino seguirá escribiéndose sobre todo en Asia; y el gas, lejos de hundirse, continúa creciendo en los años 2030 por precios más bajos y por la nueva oleada de GNL (gas natural licuado). 

Así que el mundo de 2035 probablemente será con menos petrolero en tendencia, menos carbon en varias regiones, pero aún muy gasista en muchas decisiones de seguridad energética.

De hecho, uno de los movimientos más relevantes será la expansión del gas natural licuado. La IEA calcula que hay unos 300 bcm anuales de nueva capacidad exportadora de GNL prevista para entrar en operación antes de 2030, un aumento del 50% de la oferta mundial disponible; aproximadamente la mitad se está construyendo en Estados Unidos y otro 20% en Qatar. Vemos pues, la importancia de la lucha de bloques, de esa geolocalización que crea lideres mundiales en la economía a través de la energía.

Esto me lleva a una conclusión simple: el gas no será “la energía del futuro” en sentido histórico largo, pero sí será una pieza clave de la próxima década, sobre todo como combustible de respaldo, comercio flexible y arma geopolítica. 

¿Y qué es el Gas Natural Licuado? Pues efectivamente, gas convertido en líquido. El gas natural licuado (GNL) es, básicamente, gas natural normal —sobre todo metano— enfriado hasta unos −162 °C para convertirlo en líquido. Al pasar de gas a líquido, ocupa más de 600 veces menos volumen, y por eso puede almacenarse y transportarse mucho mejor en grandes cantidades.

Al mismo tiempo, la energía nuclear volverá a pesar más de lo que pesaba hace unos años, aunque no lo bastante como para dominar el sistema. La IEA dice que la generación nuclear mundial alcanzará un máximo histórico en 2025, que hay más de 70 GW en construcción y que el interés político por expandirla existe ya en más de 40 países. También prevé que los primeros SMR comerciales entren en operación alrededor de 2030. 

Pero añade una advertencia importante: buena parte del impulso actual depende de tecnología china y rusa, de modo que también aquí habrá lucha por diversificar cadenas de suministro. Volvemos a la importancia den el futuro de las geolocalizaciones políticas diversas.

Otro motor decisivo será el nuevo consumo eléctrico, no sólo el tradicional. La IEA prevé que el crecimiento de la demanda venga de industria, vehículos eléctricos, aire acondicionado y centros de datos

Sólo los centros de datos podrían más que duplicar su consumo eléctrico hasta unos 945 TWh en 2030, y la mitad del crecimiento adicional de esa demanda se cubriría con renovables, pero con un papel relevante también del gas y, más adelante, de la energía nuclear y geotermia. Es decir: la digitalización y la IA no sólo cambiarán la economía; también alterarán la geografía y el calendario de la demanda eléctrica, del mundo de la nueva energía.