Todos en fila, para que sea muy fácil aplastarnos de un solo pisotón


Caminamos en fila, como corderos uno detrás de otro. Nos dejamos llevar tanto por las noticias verdaderas como con las falsas, sin saber diferenciarlas. Preferimos las negativas, debe ser porque consideramos que nuestra vida es negativa y se asemejan esas quejas a las que nosotros necesitamos resolver. 

Pero siempre en línea, uno detrás de la dirección que tome el otro.

En verdad esta decisión es de una debilidad tremenda, vital. Es muy fácil aplastarnos si seguimos así de torpes.

Todos en fila, uno detrás de otro y… con un simple pisotón del que quiera destrozar nuestro camino, con un solo pisotón lo tiene muy sencillo. 

No debe ni pensar, solo pisar siguiendo una única línea. Todos caeremos a la vez. Nadie se salva ni aunque sea un despistado el poderoso.

El teatro de los locales de alterne amable


Una ciudad no es nada sin la amabilidad de sus locales abiertos al público. Todas las ciudades modernas necesitan espacios interiores en donde esconderse de uno mismo, en donde convertirse en otra persona por unos minutos, en donde dejarse envolver por decoraciones diversas para hacernos soñar. Si además hay música, color, ambiente, bebidas bien preparadas, y amabilidad, el sueño se consigue.

En España somos muy amigos de locales de este tipo, de bares y similares. No son para beber, no nos confundamos, son para dejarnos llevar, para relacionarnos, para continuar con la vida, para saborear de otro modo el instante, las horas, las relaciones con personas.

Una ciudad mediterránea sin bares, tascas, pub, tabernas, cafeterías o similares, no es una ciudad. Si acaso la suma de calles y adoquines. 

La imagen es de nuestro corresponsal por el mundo.: Luis Iribarren. En esta imagen no estamos viendo un bar, sino un paisaje. Estamos viendo un escenario teatral para crear vidas con toques de amabilidad.

Normas de trabajo muy celtibéricas


Hay auténticas normas de trabajo que son de una pura Celtiberia apabullante. Los horarios, el no poder utilizar ciertas zonas o parte de la vivienda, los minutos de la merienda, parece normas lógicas. pero llamar al dueño de la plantación AMO en los finales del siglo XX suena ya a curioso.

Esta cartel estaba en una masía mallorquina, pegado detrás de la puerta de la habitación en donde se cambiaban los trabajadores del campo. Y sí, fumar no está muy bien visto, pero lo que ya está prohibido es fumar porros. En el año 2007 todavía estaba pegado en la puerta, por si era necesario hacerle caso.

¿Somos capaces de vencer los miedos sociales, las depresiones actuales?

Ayer recibí de una amigo desde hace 56 años el siguiente texto.: En estos momentos sólo me supera la situación general, simplemente me da miedo. Sí, y el futuro de nuestros hijos también.  Si solo fuéramos nosotros me daría igual.

Es una condensación de lo que hablamos, de lo que yo ya llevo meses detectando entre la sociedad a través de mis participaciones en diversos Foros de Sanidad y Salud

Hay miedo, hay depresión social, primero con una pandemia de dos años que nos ha tocado los pilares de lo establecido, y ahora con una guerra que se nos ha venido encima casi sin preverlo. 

En las consultas médicas ha crecido poco a poco la llegada de problemas de seguridad personal y familiar, de miedo, de ansiedad, de hundimiento moral que no se expresa como algo que nos sucede por los "de fuera" sino como algo que sucede "por lo que nos pasa dentro".

Nadie nos ha preparado nunca para entender lo que sucede. Ni la pandemia, ni las debilidades sociales, ni tampoco el funcionamiento de la sociedad. Nos hemos ido llenando de insultos, de violencias verbales mentirosas y nos hemos creído que todo es así.

Yo —que como ya se sabe pertenezco a un partido de izquierdas— me reuní hace mes y medio con una representación de todos los partidos políticos en las Cotes de Aragón. Estaban desde VOX a Podemos, desde el PSOE y el PP a Ciudadanos y CHA, y estuvimos tres horas debatiendo sobre un problema, el sanitario, pero de una manera muy amplia. Solo entre nosotros y una representación minoritaria de laboratorios, farmacias y profesionales de sanidad. NO DISCUTIMOS, NO NOS INSULTAMOS aunque difiriéramos con educación de nuestros puntos de vista.

La semana pasada asistí a una Jornada sobre Enfermedades Raras también como representante de mi partido, por Zoom, con representantes de todos los partidos políticos del Congreso de los Diputados.  NO DISCUTIMOS, NO NOS INSULTAMOS aunque difiriéramos con educación de nuestros puntos de vista.

La percepción que tiene la sociedad es MUY DIFERENTE, cree que nos odiamos a muerte, que nos insultamos en cuanto nos vemos, que no somos capaces de hablar con la educación que aprendimos en nuestros diferentes colegios. Y todo se mueve a través de que no somos iguales cuando hablamos entre nosotros, que cuando hablamos para vosotros. 

Y eso crea tensión, y odios, y multiplica las reacciones adversas de la sociedad, que cae en los miedos, en las violencias de todo tipo, en las tonterías torpes e inútiles. Tenemos que empezar nosotros, por explicar, que a veces quedamos para tomar unos vinos aunque seamos de partidos muy diferentes. Y eso no quita que sigamos diciéndonos cosas fuertes.

Y tenemos que explicar más veces, que nos debemos a vosotros, que gestionar lo que sea, solo es posible desde el consenso, la educación, la tranquilidad, la reflexión. Y que creerse todo lo que nos cuentan, no siempre es bueno, pues se vende la espectacularidad.

La próxima semana tengo una jornada en donde debo explicar de qué manera se han logrado ciertos consensos que parecen complicados de lograr. En una reunión deberé comentar los caminos emprendidos hasta conseguir que unas personas dispares se pongan de acuerda para trabajar por un objetivo común.

Parece "buenismo", pero la diferencia entre el "buenismo" y la capacidad de lograr avances, radica en los objetivos conseguidos. 

Solo una última apreciación. Apuntarse los tantos, los éxitos, es uno de los primeros errores para conseguir los logros. Las cosas que se consiguen no depende de una persona, sino de varias y de diversos elementos que están esperándonos para ponerse a funcionar. Nadie es importante, pero la suma de varios logran los objetivos. Así que el único truco consiste en saber y poder unir a varias personas en el mismo trabajo.

Julio Puente

¿Y qué podemos hacer si ya no tenemos yodo? ¡Uff!

Primero fue el aceite de girasol a finales de la semana pasada, luego vinieron enseguida el papel de wc, las legumbres en botes de cristal, incluso las bombonas de butano. Ahora escucho que están aumentando en España (hablo siempre de España) del agotamiento en algunas farmacias del yodo, y del crecimiento de empresas que se dedican a construir búnker. ¿Estamos tontos?

Lo del yodo es demencial, no sirve de casi nada, es peor con sus efectos secundarios, para lo poco que podría resolver si nos cayera una bomba atómica encima. Los miedos del aceite, siendo posible que nos falte, se resolverá con otros aceites. Peor puede ser la falta de piensos para las granjas. 

¿Compramos corderos enteros y los congelamos?

¿Y si se nos va la electricidad por una bomba atómica y no tenemos yodo para sobrevivir y para comernos el cordero frito con aceite?

Puede suceder de todo, pero lo más grave, de momento, es tener miedo, y lo peor si al final sucede lo que nadie queremos ni nombrar, no será la falta de aceite, ni de papel de wc, sino nuestras calles hechas mierda y puré. 

Así que de momento, tranquilos todos, y a seguir viendo los menos Telediarios posibles, que también tienen efectos secundarios y que estos no se curan con yodo.

Sí, la imagen es de Zaragoza, de finales de la semana pasada. Somos torpes hasta para comprar. Hace poco meses ese aceite estaba en el Día a 0,99 euros la botella.


La Democracia no es una Meta, es un camino


Desgraciadamente la viñeta de Quino es totalmente cierta. Las opciones de poder entrar a los lugares públicos de gestión, los de todos, son cada vez más escasas. Ya no hay la misma capacidad de participación o de consulta, o de reclamación que antes. Ahora los que mandan han aprendido a poder mandar desde la democracia…, pero cerrando las puertas para no ser molestados.

Utilizan la democracia para llegar al despacho, pero luego ya en el sillón, cierran las puertas hasta que sean despedidos por el mismo procedimiento con el que entraron. Y eso no es democracia.

A veces nos han explicado que la Democracia es un Meta, y es un gran error; la Democracia es un camino, es una herramienta, nunca llegamos a ella pues hay que estar constantemente alimentándola, avanzando, cuidándola, revisándola incluso para que no se nos ponga malita. 

No hay tampoco una sola forma de ser Democracia, hay varios tipos de democracia, y ese es otro error. Se puede ser demócrata y ser un dictador, se puede ser demócrata y ser un inútil, se puede ser demócrata y ser un ácrata, incluso se puede ser demócrata y no querer que lo sean los demás. 

¿Y si me hubiera dedicado a una sola cosa?


Creo que en la distorsión de nuestras palabras con el tiempo, de la inconstancia casi constante que nosotros mismos tenemos, vamos construyendo la realidad de estos tiempos, aunque parezca todo una obra casi abstracta. Somos la suma como sociedad, de todos nuestros errores y nuestras mierdas.

Somos flojos, no queremos, sabemos, podemos continuar con lo que empezamos con muchas ganas. Y a veces esto es —incluso— mucho mejor que sea así. 

¿Merecemos la pena? Pues desde dentro podríamos pensar que no lo sabemos, pero sí debemos admitir que cada uno de nosotros somos una parte diminuta del todo, y por ello somos parte de lo que finalmente se va formando.

Yo por ejemplo, bastante bobo pero sencillo (creo), voy cambiando de ilusiones, de proyectos, con excesiva facilidad. 

Pero a la vez soy MUY fiel a mis principios, mis herramientas, mis amigos, mis lugares. Cambio de proyectos, pero en su substancia son los mismos, es un cambio leve en el fondo, tremendo en la forma.

Reconozco que con mis ya casi 66 años he vivido importantes situaciones de muy variado tipo. 

Tremendas por lo importantes, desde el punto de vista de muchas personas que no tienen esa suerte. Por su variedad, por lo que nos ha tocado vivir a la gente de nuestra generación. Y también por el lugar en las que me ha tocado mirarlas.

Podríamos —la gente de nuestra edad— tener una visión compacta casi de muchísimas cosas, pero no siempre es sencillo sumar todas las experiencias, agruparlas, recordarlas incluso. Unas tapan a las otras, las evitan, nos obligan a olvidarlas.

Llevo años —¿excesivos?— escribiendo diarios, textos, relatos, cuentos, libros de variado tipo. Y para nada, lo sé, lo cual ni me importa. Me gusta y eso para mi ya es suficiente.

Pero a veces me pregunto…: ¿Y si me hubiera dedicado a una sola cosa?

Nadie tiene razón en una guerra. Ni tampoco razones



¿Para qué sirven las guerras? Para vender. Para fabricar odios y para apoderarse de territorios. Para matar y hacer vacíos. Para crear odios entre los jóvenes, que tardan muchos años en curarse. Las guerras son un gran invento para los poderosos y una forma legal de matar inocentes voluntarios o no. Las guerras son tan fuertes, que llevamos miel de años con ellas y no sabemos derrotarlas. Hay que joderse y aguantarlas.