Hoy he estado con una veintena de personas de distinto calado social, todos mayores de 60 años y eso es el dato principal que nos unía, pero había aragoneses, castellanos, catalanes, valencianos y vascos.
No era una reunión política, pero en los paseos, cafés de media mañana o comida con más café, se van saliendo por la boca detalles fotográficos de la sociedad actual.
Y el suspiro escuchado no me ha gustado nada de nada. Aunque no me sorprende, venía preparado de largo. Odian a los políticos con voz fuerte, hasta tener que mirar yo de mala cara al moderador, pues nadie sabe quién es cerrajero, médico o político en las reuniones estas.
Odian lo que por torpes no entienden y es casi todo. Asustan, y preocupa cuando vean dentro de pocos meses, que algunos de sus mantras no se resuelven como dicen los milagreros que vienen engañando. Es decir, vienen manipulados de casa, con exabruptos tontos.
Si no sabes algo de economía productiva y comercio internacional, no sirve intentar explicar que: él resuelve lo de las naranjas de Marruecos en vez de españolas, en dos minutos.
Están convencidos de que España es una mierda sin saber cómo se vive en los países vecinos, y mucho menos en los países lejanos. Si esto no te gusta, casi todo lo demás ni te cuento. Pero el silencio a veces funciona. Lo mejor es que lo vean ellos mismos con un cambio profundo del Sistema mientras seguimos añorando todo lo que criticamos por sistema tabernario.
España es un gran país, y deseo que lo siga siendo. Pero a veces me dan ganas de rezar (se me ha olvidado) para pedir que gane en España la ultraderecha y a ser posible de la mano de los falangistas, pero para esperar y observar sentado, mientras me atuso el poco pelo que me queda.