Y hay que decirlo aunque me gane recelos desde los muchos amigos y lectores que tengo en esos puestos de trabajo.
Son maravillosas personas, en muchos casos grandes trabajadores, pero en la inmensa mayoría de los casos son personas que no han conocido otros oficios, otras empresas, otras necesidades y temores, otro tipo de presiones y objetivos.
Son maravillosas personas, en muchos casos grandes trabajadores, pero en la inmensa mayoría de los casos son personas que no han conocido otros oficios, otras empresas, otras necesidades y temores, otro tipo de presiones y objetivos.
Y cualquier país necesita una pluralidad en sus gestores, para poder encontrar soluciones que se salgan de una sola línea de actuación.
¿Quién va a querer ser político, viniendo de la empresa privada, si esta persona tiene una calidad profesional reconocida, estando en estos momentos, el prestigio de los políticos por los suelos?
En una empresa privada, más si es tuya, además de tener una fiscalización de tus actos muy pequeña, una formación a cargo de la empresa muy actualizada, un reconocimiento que va en aumento…, nunca nadie critica tu vida privada.
¿Quién va a querer ser político, viniendo de la empresa privada, si esta persona tiene una calidad profesional reconocida, estando en estos momentos, el prestigio de los políticos por los suelos?
En una empresa privada, más si es tuya, además de tener una fiscalización de tus actos muy pequeña, una formación a cargo de la empresa muy actualizada, un reconocimiento que va en aumento…, nunca nadie critica tu vida privada.
Puedes organizarte con arreglo a las necesidades de tus obligaciones laborales.
Insisto, estoy hablando de puestos de responsabilidad laboral de cualquier tipo, o de empresas en las que participes en la sociedad o como directivo.
España no debería permitirse el lujo de que en su gestión ya no quieran entrar “todos los mejores” o al menos “los mejores de todas las partes de la sociedad”, por muy diversas causas que se explican muy bien en estos momentos que se solapan desde hace más de una década.
España no debería permitirse el lujo de que en su gestión ya no quieran entrar “todos los mejores” o al menos “los mejores de todas las partes de la sociedad”, por muy diversas causas que se explican muy bien en estos momentos que se solapan desde hace más de una década.
¿Tener un cargo político en tu ciudad, en tu país, para qué?
La respuesta es clara.
La respuesta es clara.
Cobraría menos que ahora, me preguntarían en el autobús por cualquier cosa y de forma autoritaria sin poder explicarme, mi familia sufriría acoso (como poco) de los conocidos y vecinos, se me auscultaría todo mi pasado, dejaría de tener vida privada y libertad, y todos los errores que cometa como político se pagan mucho peor que en la empresa privada.
Y para colmo no podría desarrollar mis ideas sociales, pues entraría en un mundo oscuro donde todo son zancadillas. Y lo digo sabiendo lo que digo, pues estoy dentro.
