Pere Aragonés y su capacidad de reflexión, más necesaria que nunca


“Y cuando Pablo e Inés despertaron, después de una foto en Colón y unos cuantos pactos, la bestia les había comido la tostada”, ha escrito Joan Baldoví tras los resultados de las Elecciones en Cataluña de ayer domingo 14 de febrero de 2021. Pablo Casado e Inés Arrimadas saben bien que ya nada será igual tras su debacle en Cataluña, un día aciago para las derechas, para el nacionalismo español, para los que pensaban que el problema de Cataluña ya se iba resolviendo poco a poco y sin hacer nada de nada. 

Yo no quiero a Cataluña fuera de España, y tenerlo que decir así de claro es un absurdo ejercicio de tontuna. Pero tampoco quiero que el nacionalismo español empuje a nadie al abismo, sea torpe en la búsqueda de soluciones, crea que las historias se escriben desde los silencios. 

Así que sin saber bien todavía si volvemos a la casilla de salida, admitiendo que Pere Aragonés no es Puigdemont, sé que tenemos que entender esto, es decir, vuelvo a repetir lo mismo que decía hace años: hay que ser catalán o haber estado entre catalanes suficientes años, como para intentar plantearnos soluciones que nos valgan a todos. 

La entrada de Vox con fuerza al Parlament es un detalle de por dónde van a ir los movimientos de ese nacionalismo español que se contagia y logra afianzarse de razones y de votos. Esto no facilita las soluciones aunque muchos crean lo contrario, pero es lo que quieren los catalanes, los españoles y pone un puntito de acidez a las mesas de diálogo, que puede venir incluso bien para dosificar las pretensiones de todas las partes. Nos esperan otra vez tiempos complejos de grandes políticos de mesas de reflexión.