5.7.11

La visión de Krugman de la teoría keynesiana

Este año se cumplen 75 años desde que John Maynar Keynes publicará su conocido libro: Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936. Y para celebrarlo, Krugman dio un pequeño discurso enmarcando la teoría en la crisis actual, el cual voy a resumir brevemente para el disguste de aquellos que quieran entender un poco mejor lo que dice una de las teorías más famosas y menos reconocidas actualmente en el panorama intelectual.


Primero os enlazo tanto el video donde podréis ver el discurso completo (son unos 50 minutos, y tenéis otros 50 minutos más de preguntas y respuestas), como el discurso escrito (aunque es ligeramente diferente al video en si mismo). Los dos en ingles, y se pueden bajar al ordenador en varios formatos.



La visión de Krugman de la teoría keynesiana


Lo primero que Krugman quiere destacar es que no quiere hablar de la teoría Keynesiana en si misma. Por dos razones. Primero porque Krugman no es un keynesiano de pro, un escolástico macroeconomista defensor de su teoría, sino más bien de sus políticas. Y segundo, porque lo que le interesa es como se puede extrapolar la forma de pensar y ver el sistema económico de Keynes en la era actual y no tanto como la pudo ver en u momento, con los errores y el desconocimiento que en el pasado siempre se pueda tener.


Así, divide a los que siguen la corriente keynesiana en dos facciones. Por un lado los defensores del capítulo 12, el que es definido como el mejor de todo el libro, (The State of Long-Term Expectation), que trata de cómo los inversores toman sus propias decisiones de largo plazo, de los conocimientos necesarios, las formación de expectativas, la psicología de los inversores, la interdependencia entre ellos… no en vano Keynes fue un gran inversor que, creo, hizo su pequeña fortuna invirtiendo en tipos de cambio.


El mensaje clave de estos keynesianos es que los inversores interactúan en un ambiente de total y profunda incertidumbre, en la que no existe una verdadera respuesta racional más allá de una búsqueda a ciegas del máximo beneficio, y donde se puede generar inestabilidad financiera y económica.


Por otra parte están los que basan su argumentación en la primera parte de la teoría kyenesiana, basada en la posibilidad de que el sistema no genere la suficiente demanda como para mantener el sistema productivo ya creado, por lo que se generen crisis de demanda y se pierda capacidad productiva en el tiempo (en forma de generación de desempleo). ¿Os suena?


Keynes en esta parte del libro empezó combatiendo las falacias generadas por lo que el llamó (y despés todos le seguimos), economistas clásicos. Ellos decían, y tenían razón: “Todo ingreso es a su vez gasto. La renta que no se gasta en un sitio se gasta en otro.”


Esto tiene una connotación muy severa e implica que la acción del sector público no sirve para levantar de las crisis al sistema productivo, pues todo el dinero que utilice el sector público es arrancado de las manos del sector privado. Todo lo que genere el sistema público lo habría generado el sector privado si no se lo hubiera quitado.


Lo que Keynes dijo fue que, si bien todo el gasto es ingreso, no todo el ingreso va a parar al gasto, y que en un momento dado se pueden generar problemas que deriven en que parte de la renta no se mueve por la economía, dejando parte del sistema estancado, y originando una crisis de demanda.


Para entender esto debemos ir a un aspecto clave del funcionamiento de los mercados económicos.



Tipos de interés… ¿negativos?


El tipo de interés es el precio del dinero, el equilibrio entre los que ofertan dinero (esperando una recompensa a cambio) y los que demandan dinero (teniendo que pagar un precio por ello). Keynes no dudo de su formación bajo el mercado, pero si dilucidó un problema que podía causar una crisis en el sistema por una imposibilidad física: Los tipos de interés nominales no pueden ser negativos.



Sin embargo, el equilibrio teórico que ajustaría al mercado sí puede ser negativo, pues es teórico, puede ser cualquier número.


 Los inversores van a demandar más dinero cuanto más barato esté. Por eso la relación es decreciente. Los oferentes querrán dejar más dinero cuanto más tipo de interés le ofrezcan por el. Así se concierta el equilibrio donde concuerden los planes tanto de inversores y ahorradores en un tipo de interés.


Ahora imaginemos que por alguna razón la desconfianza puebla los mercados. Los inversores no estarán dispuestos a asumir mucho riesgo si no confían en el sistema, por lo que para cada tipo de interés demandarán menos dinero. Para invertir lo mismo que antes querrán que les exijan menos dinero. Por otro lado todo el mundo comenzará a ahorrar porque desconfían del sistema y no quieren quedarse sin ahorros por lo que el numero de oferentes aumentará y, con estos, el tipo de interés que pedirán será menor.


Así, con este tipo de crisis de demanda, el tipo de interés de equilibrio baja, de forma que puede quedar siendo negativo, pero como el nominal no puede ser menor que cero, lo que se crea es una brecha entre la cantidad que se ahorra y la cantidad que se invierte. Esta brecha hace que parte del dinero que se ingresa y se ahorre no vaya de nuevo a la economía, y que esta necesite unos tipos de interés muy bajos que vuelvan a relanzar la economía.


Llegados a este punto uno puede pensar, ¿Puede ocurrir algo así?



Políticas keynesianas en una realidad vivida y vívida


Krugman, y cualquiera que lea los periódicos y viva en este mundo sabe que no sólo es posible, sino que lo estamos viviendo. Y no solo lo estamos viviendo ahora, sino que ocurrió en los años 30 y en la “década perdida” de Japón.  Es decir, no es ni una curiosidad histórica ni teórica, es una realidad palpable.


Llegados a este punto, donde las políticas monetarias no tienen efecto (aumentar el número de billetes no tiene efecto ninguno), es en la política fiscal donde debe recaer la responsabilidad. El aumento de la demanda de dinero (en forma de déficit, por parte del sector público) puede aumentar el tipo de interés, pero este es negativo por lo que cualquier aumento no se trasladará a aumentos reales del tipo nominal. Y aunque lo hiciera, si tenemos en cuenta un mayor movimiento de la renta, se podría generar un aumento de la propia producción, derivando en un aumento por si mismo del ahorro autónomo. Se ha intentado estudiar mucho si exista una relación entre los déficits públicos y los tipos de interés para desacreditar la teoría keynesiana. Empíricamente no está nada claro, pero siguen apareciendo estudios.


Lo que hace el gasto público es utilizar el dinero que en que está estancado en el sistema para mantenerlo ocupado (al sistema) hasta que se restituya la confianza, de forma que se intenté mantener lo máximo posible los niveles de empleo.


Ejemplo propio: Podemos pensar en una furgoneta que se ha quedado calada. Puede ser que necesite un empujón inicial a la hora de hacerla volver a arrancar. Tendrá que bajarse alguien del coche y hacer fuerza, se cansará, sí, pero una vez que arranque el coche, podrá descansar dentro.


A su vez, Krugman dice que, de una forma u otra, estábamos destinados a enfrentarnos a una crisis como la actual, por tres razones: inestabilidad intelectual, política y financiera.



La inestabilidad del sistema social


Inestabilidad intelectual: La ciencia económica se ha especializado sobre todo en dos niveles, Micro y Macro. La microeconomía habla de mercados perfectos, agentes… y la macroeconomía de problemas en los mercados, pero con muchas consideraciones ad hoc (supuestos introducidos por el autor). La macroeconomía (impulsada sobre todo por Keynes), ha ido adoleciendo de su esencia inicial, ya que todos los académicos han ido en busca de la llamada “fundamentación microeconómica de la macroeconomía”, una forma de sentar las bases de la macroeconomía basándose en las decisiones de agentes representativos, maximización de expectativas… y esto no ha d


ado los frutos esperados. Ha sido una degradación de la macroeconomía, de lo que ya sabíamos, de lo que ya entendíamos. Es lo que Krugman llama una edad oscura de la macroeconomía.


Inestabilidad política: Keynes


en si mismo era un conservador, por lo que no podemos hablar de política de izquierdas o derechas en este aspecto. Es, simplemente, una forma de ver la economía. El problema es que hay muchas personas que, simplemente, no quieren que el sector público tenga nada que ver ni tenga rol alguno en el sistema económico.


Lo bueno del sector público es que no necesita confianza alguna, y no se mueve por estados de animo humanos, sino que es la que debe generar confianza y guiarse por políticas e ideas propias.


Inestabilidad financiera: Por que existen ciclos de largo plazo, en donde un plazo de estabilidad financiera da paso a la toma de decisiones con alto riesgo que, con el tiempo, generan shocks sin sustento real que, generalizados, producen crisis económicas. No podemos escapar.


Para acabar, Krugman habla de lo mal que muchos de nosotros podemos sentirnos cuando nuestras ideas se ven continuamente contrastadas mientras son continuamente rechazadas. Su discurso finaliza con un mensaje que paso a traducir:



Este es mi consejo para los economistas y políticos frustrados por la inadecuación de las respuestas políticas y la regresión intelectual de gran parte de nuestra profesión: Seguid tranquilos y trabajando, la historia justificará vuestra persistencia.
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