Vender para aumentar el valor añadido

El éxito del futuro parece ser la venta. Hay una empresa que tiene 51 vendedores por cada trabajador. Uno fabrica y tiene detrás 51 personas vendiendo lo que se fabrica. Todos cobran de lo mismo, de lo fabricado. No, no saquen cuentas, efectivamente es caro pues si no sería imposible mantener esta red de vendedores. Estoy hablando de Thermomix pero podría sacar otra marca. Han convertido al vendedor en asesor, profesor, y eso se paga a la hora de comprar el hierro.

Cada vez tiene menos importancia el producto en sí mismo, y más lo que genera de valor añadido en el camino que va desde que queda terminado hasta que alguien paga por ello. En ese camino se unen publicidad de marca, usos y análisis de mercado, transformaciones del producto terminado, servicio posventa, etc.

Un piña del mercadillo no es lo mismo que un zumo de piña. Y menos todavía que un zumo de piña con cereales y vitamina C.


Una batidora que da calor no es lo mismo que una Thermomix. O si es lo mismo, han logrado que no lo parezca. Si le añadimos soluciones, recetas, marketing y deseo de marca, hemos logrado un producto que se puede vender por mucho más precio que una batidora que da calor.

La venta ya no es solo mostrar el precio y ofrecer la talla. Ahora hay que añadir mucho más y quien logre hacerlo bien puede vender pantalones vaqueros por 200 euros si le saben poner una marca conocida con un valor añadido que no siempre representa algo tangible. Nadie garantiza que no esté fabricado en la misma empresa de Tailandia y con la misma tela que el pantalón de tu barrio a 30 euros. No compras solo tela, también marca y estatus económico que tienes que mostrar.