15.4.20

Un virus nos puede ganar, mientras nosotros nos dejamos perder

Acabo de venir de comprar de un supermercado muy valenciano. No había ido desde el confinamiento, estuvimos creo que el último día de libertad. Y he salido tocado. Faltan muchos productos, aquello ya no era lo de siempre, no era una tienda “de verdad” sino algo que refleja la guerra sin nombre, sin frutas ni verduras, sin jamón o algunos embutidos, sin carne de cerdo o de pollo. Sin pollos asados y sin muchos tipos de cerveza. Sin pipas de calabaza o algunos cafés de los que compro. Esa imagen hay que evitarla como sea. Es urgente para la moral de lucha.

Es una tienda muy grande y nueva en la Zaragoza que cumple con respeto todo lo que siempre se le dice, han sido las 5 de la tarde. Ha sido una pena envuelta en pensamientos agoreros. 

Es posible que la semana pasada de confinamiento industrial necesario haya hecho este roto de suministros, pero no quiero pensar qué sucedería si en vez de una semana fuera un mes. Algo muy gordo nos está desbordando y no se nos explica bien. 

En varias ocasiones el Gobierno se niega a responder sobre posibles enfermos ya curados que han vuelto a recaer sin tener —como con otros virus— una inmunidad adquirida. Sabemos que esto en Corea del Sur parece que podría haber pasado también. Pueden ser fallos puntuales de ALTA sin curacióon total, por eso la información es fundamental para evitar bulos.

Seguimos sin conocer el número real o incluso aproximado de fallecidos que podría ser más del doble del que se dice como oficial al no sumar los fallecidos simplemente con síntomas. Sin estadística real no se pueden elaborar análisis de soluciones, caminos de salida. Pero creo que eso no lo entienden igual todos. Ayer estuve en un entierro en Martorell, de una persona que vivía en Residencia de ancianos y falleció por no poder respirar. No la hemos visto y nos imaginamos que la caja que enterramos iba con ella dentro. No había flores, velatorio, cura. Ella había ido a todos los funerales de la familia, de sus vecinos y vecinas. Estuvimos tres personas de la familia.

La bronca política de hoy en el “mini” Congreso de los Diputados para evitar contagios ha sido un mal presagio. ¿Qué nos quedará de lo que era España tras esta debacle en forma de virus?
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