Dios no ayuda a los que madrugan, se avisa

 

No siempre madrugar es sinónimo de encontrarte las calles vacías. Depende de lo que han madrugado los demás. Así que lo normal es que Dios no te ayude por madrugar, ni tan siquiera que te vaya a invitar a un café. Sal de casa bien despierto, con dinero en el bolsillo por si te quieres tomar un cafelito, y no esperes milagros, si acaso conficiona tú mismo la suerte de cada día.