28.6.26

Apuntes de un testigo. El futuro de la IA


La primera gran entrada de la IA del próximo futuro será en la burocracia cotidiana. No hablo sólo de chatbots. Hablo de sistemas que rellenen expedientes, clasifiquen solicitudes, detecten faltas de documentación, prioricen los casos sin intervención humana, redacten respuestas provisionales y encaminen a cada persona hacia el canal adecuado de respuesta y solución.

La OCDE ya documenta usos de IA en administración pública y en justicia, incluido el caso del Tribunal de Casación francés, que emplea IA para clasificar y dirigir recursos y peticiones. Eso anticipa un cambio muy serio: buena parte de la relación entre el ciudadano y las instituciones dejará de ser lineal y pasará a ser gestionada en parte por IA.

La segunda entrada fuerte será en la educación, y aquí sí creo que cambiarán hábitos que hoy todavía nos parecen normales. La UNESCO ya trata la IA generativa en educación como un asunto de política pública y no como una curiosidad tecnológica. Lo más probable es que el alumno tenga tutoría casi continua, ejercicios adaptativos, corrección instantánea y seguimiento de lagunas de aprendizaje, mientras el profesor se desplaza desde “transmitir información”, hacia diseñar contextos, evaluar criterio y sostener la parte humana del aprendizaje.

La clase física, el aula, no desaparecerá, pero la vieja idea de que todos aprenden lo mismo, al mismo ritmo y con la misma explicación, irá perdiendo terreno. Todo dependerá de los complementos que cada familia o cada alumno vaya añadiendo a lo que reciba en el aula. Más todavía que ahora, pues hay muchos más recursos y baratos.

La tercera acción de cambio de la IA del futuro próximo será la sanidad, no sólo en el diagnóstico sino en la vigilancia continua de la salud. La OMS ya habla de una implantación creciente de la IA en los sistemas sanitarios europeos y señala que la mayoría de los países de la UE ya despliegan herramientas (todavía pequeñas y que no caminan solas) de IA en entornos clínicos. 

El cambio de hábito más profundo no será que “la IA lea radiografías”, sino que anticipe los deterioros personales, detecte riesgos antes de que el paciente note síntomas y reorganice de esa manera un seguimiento clínico más personalizado. Eso empuja la medicina desde un modelo reactivo (en espera) hacia otro modelo más preventivo y personalizado.

Y donde hoy mucha gente todavía no piensa en IA, pero debería hacerlo ya, es en los cuidados y el envejecimiento. La OCDE estima que la población de 65 años o más en la OCDE pasará del 18% en 2021 al 27% en 2050, y que el empleo en cuidados de larga duración tendría que crecer un 32% en la próxima década para cubrir la demanda.

En ese contexto, ya hay experiencias de IA para detectar riesgo de soledad y conectar a personas mayores con servicios sociales, y la OMS apunta que la IA puede identificar signos tempranos de deterioro funcional, predecir hospitalizaciones y apoyar planes de cuidados personalizados. Éste puede ser uno de los cambios más profundos. La IA entrando no en el laboratorio, sino en la fragilidad cotidiana de millones de hogares. ¿Soledad? ¿Salud Mental? ¿Qué papel puede ampliar la IA para estar allí, prediciendo y resolviendo?

La cuarta gran irrupción será en la investigación científica. Aquí sí estamos ante algo que hace pocos años nos habría parecido exagerado. La revista Nature ya describe laboratorios autónomos y “self-driving labs” que automatizan tareas experimentales, seleccionan experimentos y aceleran el descubrimiento en química, materiales y biotecnología. 

Eso significa que la IA no sólo ayudará a escribir artículos o resumir papers publicados, sino que participará en el propio ciclo de hipótesis, experimento, medición y nueva hipótesis. La costumbre de imaginar al científico como alguien que formula y ejecuta manualmente buena parte del proceso puede quedarse anticuada, y antes de lo que parece.

La quinta entrada será en el campo de la energía y las infraestructuras, un campo mucho menos vistoso pero decisivo. La IEA calcula que la IA puede desbloquear hasta 175 GW de capacidad adicional de transmisión en líneas existentes y sostiene que transformará el sector energético al mismo tiempo que multiplica la demanda eléctrica de los centros de datos. Este asunto puede ser uno de los frenos mayores para la ampliación gratuita de la IA, su uso por la sociedad en general para asuntos banales.

También proyecta que el consumo eléctrico de los centros de datos podría más que duplicarse hasta 2030, con la IA como principal motor. Esto apunta a dos consecuencias. La IA no sólo será usuaria voraz de energía, sino también una herramienta muy necesaria para gestionar redes, ajustar demanda, detectar averías y mejorar la eficiencia. En otras palabras, entrará en el sistema nervioso de la economía, en sus zonas frágiles para hacerla posible en unos consumos exagerados.

La sexta será el paso casi utópico del software al mundo físico. Aquí no imagino tanto un desfile de androides como una multiplicación de robots especializados en logística, almacenes, hospitales, agricultura, inspección, construcción, limpieza técnica, reparto interno, apoyo en residencias. 

Tendrán que cambiar algunas costumbres de todos nosotros, pero parece inevitable. El trabajo manual tendrá una dimensión diferente, y eso suponen siempre cambios que tendremos que adaptar, algunos con pérdidas de calidades en el servicio.

¿Un camarero para traernos una caña, una tapa? ¿Y volverá para cobrarnos y luego otra vez para limpiar la mesa? ¿Y quién deseará ser camarero para servirnos? ¿Y a qué precio?

La Federación Internacional de Robótica prevé que las instalaciones mundiales de robots industriales sigan creciendo y superen las 700.000 unidades en 2028, y también informa de un fuerte crecimiento de los robots de servicio profesionales, impulsado por la escasez de personal y además por la demanda médica. El gran cambio de hábitos será que muchas tareas físicas dejarán de depender exclusivamente de manos humanas visibles.

La séptima será el trabajo de oficina básico, de atención al cliente. No porque todo desaparezca, sino porque muchas tareas “junior” serán absorbidas o rehechas por IA. Resumir, clasificar, buscar precedentes, preparar borradores, comparar ofertas, generar informes, atender incidencias simples, atender clientes en la zona de entrada, etc.

El FMI ya señala que alrededor de uno de cada diez vacantes en economías avanzadas exige ya y al menos, una nueva habilidad a menudo ligada a IT y IA, y el Foro Económico Mundial estima que casi el 40% de las habilidades requeridas en el empleo cambiarán y que 77% de los empleadores planean restructurar su plantilla por efecto de la IA. 

El golpe no será sólo sobre el empleo; será también sobre la manera de empezar una carrera y el camino hasta completarla si no quieres quedarte en la base en donde siempre sobrarán personas, mientras que faltarán cada vez más, especialistas en trabajos que hoy nos parecen sencillos y de perfil bajo.

La IA no puede hacer de fontanero, de pintor de viviendas moviendo todos los muebles y añadidos. No puede hacer de "manitas" en decenas de pequeños trabajos del hogar o de la fábrica. ¿Quién y a qué precio deseará hacer esos trabajos?

La octava innovación de la IA del futuro más presente será la ciudad misma. La OCDE documenta un crecimiento exponencial de iniciativas urbanas de IA durante la última década, con predominio de aplicaciones en gobernanza y servicios urbanos. Lo que hoy aún vemos como proyectos aislados puede volverse normal. 

Una gestión adaptativa del tráfico, mantenimiento predictivo, relación personalizada con servicios municipales, asignación más fina de recursos, seguridad y resiliencia urbana, diseño de zonas verdes y de las nuevas calles. No será una “ciudad inteligente” de ciencia ficción, será una ciudad en donde más decisiones pequeñas y medianas se tomarán algorítmicamente. Aunque no se diga así, pues las decisiones y por ello las responsabilidades siempre seguirán siendo de personas.

Ahora bien, la pregunta más interesante no es sólo “en qué sectores entrará”, sino qué hábitos cambiará. A mi juicio, cambiará cinco costumbres de fondo. Primero, pasaremos de buscar información a delegar tareas a nuestro "Agente" personal en IA. Segundo, dejaremos de ver la IA como herramienta ocasional y la trataremos como capa permanente de asistencia para decenas de consultas a la semana. 

Tercero, crecerá la costumbre de vivir bajo evaluación predictiva ente el riesgo de enfermedad, riesgo de impago, riesgo de abandono escolar, riesgo de soledad, riesgo de avería. Esos "Riesgos" serán avaluados antes de que sucedan, para que podamos tomar decisiones en el mejor momento.

Sigamos. Cuarto, aumentará la personalización extrema. Misma institución, pero trato distinto según tu perfil y contexto pues sabrá quién eres, qué quieres, de qué manera quieres que te traten desde la IA, lo que facilitará que quedes más contento. Quinto, se volverá normal que muchas decisiones estén preparadas por máquinas y sólo validadas por humanos, que serán finalmente los responsables. Todo eso está implícito en el paso desde modelos conversacionales a agentes y sistemas insertos en procesos.

Sobre los “campos hoy impensables de que la IA entre”, yo matizaría una cosa. No creo que la sorpresa venga de que la IA entre en situación hoy impensables o en un terreno exótico y muy complejo de análisis. Creo más bien, que entrará más a fondo en cosas que hoy todavía creemos demasiado humanas o dispersas como acompañar a mayores, filtrar recursos judiciales, diseñar experimentos, ajustar redes eléctricas, guiar el aprendizaje diario, vigilar la fragilidad de una persona o servir de primera ventanilla del Estado.

No son campos impensables por futuristas, sino por cotidianos ciudadanos que ya vemos que son inasumibles en el futuro por la cantidad de atención que necesitan. Y precisamente por eso cambiarán hábitos de verdad.

No veremos una sustitución limpia y total del ser humano hacia modelos basados solo en IA. Veremos más bien un régimen híbrido. Los propios estudios que estamos viendo insisten en que la escala real de los tratos con personas todavía cuesta mucho ser admitidos, que la validación humana sigue siendo crítica, y que los problemas de seguridad, inexactitud, ciberseguridad, sesgo y gobernanza son ya la gran barrera para extender la IA autónoma.

La próxima década será, por tanto, menos una explosión sin control que una pelea continua entre capacidad técnica y necesidad de control institucional para que algunos humanos no abuses de los otros humanos.

Si tuviera que resumírtelo en una sola frase, diría ésta: La IA de la próxima década trabajará menos hacia “parecer humana”, y más hacia “organizar silenciosamente el mundo”. Y eso es más serio y peligroso que cualquier robot espectacular, si se hace sin un control efectivo de los peligros que puede representar que algunos humanos muy preparados, puedan gobernar y manipular a otros humanos mucho menos preparados para defenderse. 

Es decir, más de lo mismo, como siempre ha sucedido.

27.6.26

Apuntes de un testigo. La Inteligencia que llamamos artificial


Quizá el cambio más importante de todos los acontecidos entre los años 2000 y 2026 haya sido la llegada de la llamada Inteligencia Artificial. En el año 2000 la IA era un tema de laboratorios y películas. Hoy todos hablamos de ella, y muchos ya la utilizamos.

En este 2026 la IA ya redacta textos cada vez con más calidad y más humanos, traduce de y entre todos los idiomas y entre todo tipo de documentos que le entreguemos, programa nuevo software sin ser programador, ayuda en diagnósticos médicos y en información sobre medicamentos, optimiza redes eléctricas o el tráfico, participa en investigación científica ayudando a personas tremendamente alejadas las unas de las otras, genera imágenes, vídeo y voz de múltiples formas y modos hasta convertir en irreal y sin que se note cualquier petición que se le haga en estos campos, es capaz de engañarnos, de hacerse pasar por otras personas o de inventarse noticias o datos si no los conoce o si realmente está programada para engañarnos.

Y sabemos además que ayuda en las guerras, en temas militares, sobre todo en diseñar estrategias bélicas para optimizar los recursos militares, a ser más eficaz en el campo de batalla, ampliando los éxitos en las contiendas de cada día y sabiendo decidir qué estrategia o qué tipo de arma en cada momento es la más eficaz, optimizando las provisiones de cada combatiente, bombardeando con más eficacia en lograr más muertos y destrucción con menos coste. Fabuloso ¿no?

Y esto es probablemente sólo el principio. A diferencia de muchas tecnologías anteriores, la IA no sustituye únicamente fuerza física como sucedió con la industrialización o con los últimos periodos de la entrada de robot en las fábricas. Empieza ya a poder automatizar parte del trabajo intelectual.

Por eso muchos historiadores futuros podrían considerar los años 2020 como el inicio de una transformación comparable a la Revolución Industrial, que afecte a nuestro modo de visa, además de a la forma en que contemplamos el mundo laboral y la formación necesaria para poder tener éxito en los trabajos.

Hablamos ahora, en pleno nacimiento de la IA y su asentamiento como modelos de futuro que ya no tienen vuelta atrás, de los peligros que tendrá como pérdida de decenas de oficios actuales. Algunos ya previstos, pero otros solo intuidos o ni siquiera eso. Queda claro que esos trabajos que requieren una parte fundamental de trabajo intelectual se van a ver presionados, contaminados por la IA o literalmente verán como desaparecen sus puestos retribuidos de trabajo. No sus servicios, que, al convertirse en mucho más sencillos, serán realizados por muchas más personas, dejando de ser rentables.

En los nuevos trabajos, ya sabemos que al menos un 10% van a requerir una gran profesionalidad en IA, aunque todavía no somos capaces de definir bien qué especialización en IA será necesaria para esa Inteligencia nueva que se está definiendo cada semana.

Yo no creo que la próxima década vaya a ser, sobre todo, la década de “una IA más lista”. Creo que será la década de una IA más autónoma, más incrustada en instituciones y más metida en el mundo físico. Y posiblemente será también una IA más controlable, más vigilada. Ésa es la diferencia importante que hoy no sabemos todavía definir.

Hoy la IA sobre todo responde, pero en los próximos diez años tenderá a saber planificar mejor, ejecutar, coordinar herramientas, vigilar procesos y tomar pequeñas decisiones dentro de flujos de trabajo reales. McKinsey ya describe una expansión de la IA “de agentes personalizados”, y al mismo tiempo subraya que muchas organizaciones siguen todavía en fase de piloto y que la gobernanza para sistemas más autónomos va por detrás de la adopción.

Dicho de forma más clara. La IA no va a cambiar sólo “profesiones tecnológicas”. Va a entrar, sobre todo, en zonas que hoy nos parecen menores, grises de la vida diaria, que antes parecían demasiado humanas, demasiado administrativas o dispersas para ser automatizadas entre ellas. Ahí es donde veo el mayor cambio de hábitos. Pensemos por ejemplo en el mundo del Arte, o en el profesional de varias profesiones diferentes que se juntarán en un trabajo común.

Seguiré hablando a continuación, de este apasionante asunto, que nos está moviendo la forma de pensar, de crear y de trabajar.

26.6.26

Apuntes de un testigo. Analógico y digital


El mundo del año 2000 todavía era analógico, aunque ya existía Internet, seguía siendo un mundo esencialmente analógico. La mayoría de la gente no llevaba Internet en el bolsillo, se seguía utilizaba mapas de papel, llevaba sus imágenes a revelar, compraba periódicos impresos, veía la televisión a una hora determinada y en el momento en que ponía su programa favorito, acudía al banco físicamente, compraba siempre en tiendas físicas, llamaba por teléfono e incluso escribía cartas.

En el año 2026, todo eso sigue existiendo si alguien quiere seguir utilizándolo, pero ha dejado de ser el centro de la vida cotidiana. Ese cambio se ha producido de forma extraordinariamente rápido y las nuevas generaciones ya están dejando de utilizar mecanismos que ellos mismos consideran obsoletos, viejos, de otras generaciones. No parece un cambio espectacular porque ha ocurrido poco a poco, pero todo eso es comparable a la llegada de la imprenta, el coche o la electricidad. Pero de forma mucho más rápida, llegando al total de la sociedad si así lo quiere, en muchos menos años.

La información ha dejado de ser escasa en estos años de la tercera década del siglo XXI, y al contrario, hay tanta que resulta muy complicado separar lo real de lo que es manipulación, bulos para convencernos de mentiras fabricadas.

En el año 2000 la información era difícil de encontrar. Hoy el problema es exactamente el contrario. Tenemos más información de la que somos capaces de procesar. 

Eso ha cambiado en gran medida el concepto que tenemos de la política, los usos que le podemos dar a la educación, el valor de los medios de comunicación hoy muy multiplicados con respecto al año 2000 pero casi todos ellos de peor calidad y menos seguridad de que solo dirán la verdad, con una publicidad que intentamos no ver y que nos afecta por saturación mucho menos, y con unos cambios personales muy serios en la forma de creer en lo que nos crean para formar opinión dirigida.

Por primera vez en la historia una persona puede acceder desde su casa a más conocimiento que el disponible en muchas universidades de hace apenas unas décadas.

Pero al mismo tiempo han aparecido problemas nuevos sobre todo de desinformación y manipulación informativa al multiplicarse los medios sin control y sobre todo al ser muy sencillo crearlos y hacerlos desaparecer, convirtiéndose en cámaras de eco que buscan la polarización dentro de una saturación informativa. La abundancia de información ha resultado ser tan problemática como la escasez.

Ha nacido una segunda realidad, la llamada época digital. En el año 2000 existía una clara diferencia entre el mundo físico y el virtual. En 2026 esa frontera casi ha desaparecido. Dentro de nuestras interacciones diarias han entrado decenas de modos que ya no son físicas, entre personas. Trabajamos, compramos, aprendemos, nos relacionamos y nos entretenemos en espacios digitales.

Las redes sociales han creado algo completamente nuevo en la historia humana. Miles de millones de personas compartiendo simultáneamente un mismo espacio informativo. Nunca había ocurrido. Ni siquiera los grandes imperios o las religiones consiguieron una sincronización de la atención humana comparable. Nunca hemos estado tan acompañados… y a la vez tan solitarios.

Podemos enamorarnos sin conocer a la otra persona, podemos incluso hacer sexo sin podernos tocar ni conocer de verdad su voz en sonido ambiente. Y podemos hacer ghosting con todas ellas y con la misma facilidad con la que hemos tenido relaciones sexuales con varias personas en el mismo día, sin haber conocido físicamente a ninguna de ellas. 

Por eso la soledad es también una realidad, pues como animales humanos no estamos acostumbrados a tantos cambios en lo que son las relaciones humanas, que no son relaciones de tacto, de olor, de oído, de sentir. 

Incluso ya podemos tener sexo con personas artificiales, que no existan, y creernos que son personas que, aunque alejadas, son humanas, existen. En realidad, estamos teniendo relaciones, sexo o conversaciones con una representación, siempre. solo con aquello que vemos en una pantalla.

¿Qué hay alrededor de lo que nos enseñan desde sus pantallas? ¿Creemos que estamos masturbándonos con una persona que solo se dedica a nosotros, o a su alrededor está su pareja haciendo la cena o planchando…, y no la vemos?

25.6.26

Apuntes de un Testigo. El smartphone

La humanidad ha pasado de estar conectada ocasionalmente con sus vecinos y de forma oral solamente, a vivir conectada permanentemente y sin necesidad de tener que verse de forma física. Y creo que ésa es la gran transformación de nuestro tiempo que va desde finales del siglo XX hasta la época actual en 2026. No sé si para bien o para mal, eso lo dejo para reflexiones más adelante, pero sí constatar que es una realidad.

Hemos cambiado a los vecinos cercanos, por las máquinas que no sabemos quién las controla, pasando de tener pocos interlocutores y de calidad humana, a poder tener cientos de ellos, pero a sentirnos más solos que nunca. Si analizamos el aspecto de la Soledad no Deseada o el número de trastornos o enfermedades mentales, vemos que estos cambios tan rápidos, han acelerado estos nuevos problemas, y los han multiplicado.

En el año 2000, una fecha que voy a utilizar como referente para muchos conceptos de cambio, las personas ya empezábamos a tener distancias en la comunicación, y a finales del siglo XX ya utilizábamos la comunicarnos con teléfonos móviles que solo en menos de una década había pasado de ser un instrumento que producía admiración extraña, a ser un objeto de consumo adulto, sobre todo entre muchas personas que se movían con actividades en las que necesitaban estar conectados. No era una situación globalizada, dependía de países, de personas, para era ya un objeto que no producía extrañeza.

En esas fechas, entre 1995 y el año 2000, es donde yo situaría el nacimiento del móvil para el ciudadano corriente. Entre 1995 y 2000 el crecimiento fue espectacular en número de terminales y en aumento de su calidad.

La combinación de varios factores fue decisiva. Se empezaron a vender terminales más pequeños, hubo una clara bajada de precios en las terminales y en la conexión telefónica y de datos, y asistimos a una gran expansión de las redes GSM digitales, y la aparición de las tarjetas prepago para quien los utilizaba poco, con la popularización de los SMS como mensajes de texto entre terminales. Se acabaron los modelos de comunicación que no fueran los teléfonos, desaparecieron los "Busca".

En muchos países europeos, incluida España, el teléfono móvil pasó de ser un lujo para convertirse en un objeto cada vez más de uso común. Entre los años 1998 y 2002 es el momento en que ocurre algo históricamente importante. Tener teléfono móvil deja de ser algo excepcional y empieza a ser normal en las familias de clase media, entre las personas que necesitaban estar algo comunicadas. Aparecen modelos de Nokia, Ericsson, Motorola o Alcatel que ya podían permitirse comprar estudiantes, trabajadores y familias corrientes. Y se los compran, nos los compramos. Es la democratización de la comunicación personal y total.

Curiosamente, hoy tendemos a pensar que el gran cambio fue el teléfono móvil. Pero no. El gran cambio fue posterior, era la llegada del smartphone. Ese teléfono móvil que dejó de ser ya un simple teléfono para convertirse en mucho más y que se popularizó aproximadamente entre 1995 y 2005. En solo una década todo el mundo cambió su teléfono móvil por un teléfono inteligente.

El smartphone transformó el mundo entre 2007 y 2015, tras la aparición del iPhone por un lado y del sistema Android como competencia. 

Cuando empezó el siglo XXI, el móvil aún era una novedad relativamente reciente. Apenas habían pasado unos pocos años desde que millones de personas lo llevaran por primera vez en el bolsillo. Hoy nos parece algo tan natural como la electricidad.

Y ya no es en el año 2026 un simple teléfono, lo llamamos smartphone o teléfono inteligente, pues además de teléfono es ya una cámara fotográfica, cámara de vídeo, agenda y mapas, aparato para conectarte con internet o con la IA, un controlador de las constantes de la salud, un reproductor de música, una máquina de juegos, la tarjeta bancaria para pagar o un reproductor de televisión, entre otros usos.

En 1970 para hablar con mi familia en un pueblo de Soria, en donde solo había un teléfono que llevaba una familia del pueblo de acuerdo con Telefónica, tenía que llamar a esta familia y decirles que mi abuela estuviera allí a una hora determinada, pues la iba a volver a llamar. 

La familia cobraba de la empresa una parte de las llamadas que se hacían a ese teléfono. menos de 50 años después yo ya podía hablar con aquel pueblo y verlos en vídeo en directo, a cualquier hora y sin intervención de nadie. Y lo curioso es que con tarifa plana de coste. Mi abuela no lo pudo ver, pero yo sí. ¿Qué veréis vosotros, si todo sigue cambiando a esta velocidad?


Apuntes de un testigo entre los años 1960 y 2026


En el año en que nací todavía retumbaban las bombas en las cabezas de mis padres. Era 1956, a principios, y aunque una década desde que había acabado la II Guerra Mundial parece mucho, todo depende de la edad de cada uno de nosotros. En aquel año en España se estaba con miedo, en plena y dura Dictadura, con la Falange asustando y las cárceles llenas de españoles de izquierdas o que el Sistema se creía de izquierdas.

Yo nací en un piso con inodoro pero sin agua corriente, sin lavabo ni ducha, y tuve que esperar hasta los 10 años de mi niñez para conocer lo que era ducharse. Nos lavábamos encima de un gran pozal hechando agua con una jarra por encima de la cabeza.

El inodoro funcionaba sin agua corriente y con una goma que desde la fregadera de la cocina lanzaba agua, y con todo el desagüe hacia un pozo negro que estaba en el patio del edificio de tres alturas, en la Zaragoza enfrente de la iglesia San Nicolás. Aquel pozo lo limpiaban varias veces al año.

No teníamos lavadora, ni frigorífico, ni televisor, y sí una radio grande llena de cables que a modo de antena se distribuían por el techo del salón. La cocina era de carbón y la calefacción de petróleo. Mi padre era inmigrante soriano y trabajaba todos los sábados al completo e incluso alguna mañana de los domingos en una gran empresa del metal de la Avenida de Cataluña de Zaragoza.

Y sí, mi hermano y yo, hasta 1966 que nos trasladamos a Las Fuentes, jugábamos en la calle con otros niños y con las piedras de los solares, aunque tuviéramos cinco u 8 años. Era lo único que había.

Pero este libro quiere hablar de los cambios acontecidos entre nosotros desde el año 2000 al 2026. Nada que ver con 1956. Alejadísimos quedan esos 70 años de distancia.

Pero hay que poner un contexto, Un punto de partida.
Y ese tiene que ser el de reconocer que nunca en toda la historia de la humanidad, ha existido una sola generación que haya cambiado tanto en sus años de vida

Somos los niños de la posguerra mundial los que ahora en nuestra vejez estamos viviendo la explosión de la IA, de la imagen y de la manipulación, de los coches sin conductor o el calentamiento global que no sabemos hasta dónde avanza.

Nunca en toda la Historia del Mundo, una misma persona ha visto la escena real de ver salir de sus casas a los adultos simplemente para ver un coche pasar por su calle, y sin morirse y de momento, ver que ya existen coches que se conducen ellos solos sin intervención de personas al volante.

Nunca nadie había visto a lo largo de su vida como se tenía que vivir en su pueblo sin inodoros y defecando en el campo en zonas comunales en la España de los años 60, o sin electricidad en las viviendas, sin agua corriente, y a su vez ahora observar que las comodidades que tenemos creemos que nos corresponden para siempre, sin fijas e inamovibles, forman parte de nuestra vida como lo es tener corazón u orejas.

¿Alguien duda de lo que yo quiero decir con "agua corriente"? Sí, esa misma, la de abrir un grifo y que salga agua sea del tipo que sea, por tener tuberías que comunican un depósito con tu vivienda. La de no tener que ir al poco a coger el agua y a la acequia a tener que lavar la ropa o los platos.

En el pueblo de Soria los animales grandes vivían en la casa, en la planta baja, junto a las personas y entraban por la misma puerta. Los caballos, machos o burros dormían en la plata calle debajo de los dormitorios, y así servían de calefacción natural a las personas que dormían arriba, en el primero. En la plata baja dormían los animales, estaba la despensa debajo de la escalera, y había una zona de paso para personas y animales que se utilizaba como salón de estar, pues como el suelo era de tierra muy compacta, se estaba muy fresco en verano.

En el primer piso estaba la cocina con chimenea, el comedor con una especie de cadiera castellana, y los dormitorios muy pequeños para calentar con facilidad. Y una escalera que comunicaba con la "falsa" que era el granero, y en donde vivían las ratas. No, no había wc, ya lo he dicho. Las mujeres meaban y cagaban en el corral que había detrás de las habitaciones, en la planta baja, en donde había una docena de gallinas. Y los hombres en el campo, en zonas que se había constituido como lugares de evacuación y a donde iban los hombres a fumar, cagar y charrar.

Enseguida hablaré del siglo XXI, tranquilos. Con la Etiqueta "Apuntes de un Testigo" podréis seguir todos los textos que iré publicando, a modo de libro contenedor.

20.6.26

Fútbol o Baloncesto


La revista The New Yorker tiene un pasatiempo muy simpático, una especie de concurso, en donde ofrece un dibujo, una viñeta pero sin texto, para que cada lector le ponga el texto que él considere mejor. 

Y si lo manda a la revista, puede ser elegido y publicado al número siguiente. 

Algo sencillo, un simple juego, pero me parece simpático.

Esta semana viene de fútbol, y yo le he puesto mi propio texto, como un juego al juego.

19.6.26

Pedro Cavadas en "El mundo que viene"


De referencias cruzadas, casi todos conocemos algo del doctor cirujano Pedro Cavadas y de sus trabajos por el mundo. Esta semana en Zaragoza y organizado por Fundación Ibercaja estamos asistiendo a una especia de Congreso que con el título "El mundo que viene" se está intentando plantear en qué punto estamos y hacia dónde caminamos.

Os dejo algunas de las frases del doctor Cavadas, como ejemplo de sentido común, donde el pionero mundial en trasplantes complejos y microcirugía de alta dificultad, ha reflexionado acerca de lo que significa estar bien. Solo eso.

--------

Estar feliz 24 horas al día los 7 días de la semana es un engaño comercial, no existe eso, lo importante es la capacidad de encajar la lluvia de hostias que es la vida.

Las personas deben “buscar un sentido a la vida”, y uno muy recomendable es, simplemente “ser buena persona, ayudar a los demás” en un mundo “anestesiado” por las redes sociales y el estrés. Si no le das un sentido a tu vida, te conviertes en un tonto más consumidor de nada, que evidentemente nunca jamás vas a tener nada parecido a una salud mental sólida

Siempre habrá un billonario intentado que estés anestesiado, que estés jugando con pantallitas en lugar de estar en lo que tienes que estar”.

Sé lo que es estar mal, pero lo que es estar bien no lo sé todavía.

El objetivo de la medicina es aliviar sufrimiento, los humanos somos "monos asustados" y en los momentos de debilidad agradecemos que un profesional, con conocimiento y profesionalidad, nos lleve de la mano en todo el proceso de sufrimiento, ayudándoles a curarse si es posible o a morir dignamente si la patología no es reversible.

La empatía es ponerte de verdad en la piel de otro. Y eso no está de moda.

Ser una buena persona puede hacer que tu salud mental mejore e incluso sobrevivas a tragedias o heridas severas. Pero ese objetivo conlleva ocuparte de los demás, y eso no puedes hacerlo encerrado en tu casa o en una pantalla. Y también, claro, a través del amor que es un camino a la felicidad, y encima es barato, no conlleva suscripciones, ni tienes que actualizarlo.

Es vital ser capaz de encontrarle el placer a la ayuda y, en especial, a regalar por el hecho de regalar y no para esperar una respuesta o un agradecimiento o un reconocimiento. El objetivo para un ser humano, es ser buena persona.




La Inteligencia Artificial y la Salud


Aunque de forma general, solo de pensar en la entrada de la IA (Inteligencia Artificial) en los temas de Salud, nos produce pánico, hay que empezar a entender su funcionamiento, sus virtudes y sus riesgos; pero sí parece imparable su entrada casi a saco, en temas tan sensibles como la salud. Y hay que conocer en qué punto estamos.

La entrada de la IA está marcando un antes y un después en la forma en que se gestiona la salud y a su vez la sanidad, y que de alguna manera nos puede afectar a todos, directa o indirectamente, cuando ya hay varias empresas muy avanzadas en inteligencia artificial que han lanzado casi al mismo tiempo plataformas de IA diseñadas específicamente para hospitales, clínicas y pacientes.

Son proyectos reales de IA ya activos y funcionando en diversos tipos de consultas, incluso públicas, y que suponen una apuesta directa por entrar la IA en uno de los sectores más complejos y sensibles que existen, y también más rentables a nivel económico complejo. En la salud privada de momento, como un componente que parece de calidad aunque no lo sea.

El contexto de la sanidad vive una presión constante, cada vez hay más pacientes con más enfermedades crónicas por el envejecimiento de la sociedad o el aumento de los años de vida válida y que debemos cuidar, y más pruebas necesarias para controlar más enfermedades crónicas y más información que procesar al mismo tiempo por parte de los profesionales sanitarios.

El personal profesional de la Salud dedica una parte enorme de su jornada a rellenar formularios, revisar y ampliar historiales y gestionar la burocracia. Rebajar esa presión es un avance para dejarles más horas al mes para atender de lo que realmente saben.

Los nuevos avances médicos además, están dispersos entre miles de estudios, guías y bases de datos, y todo esto hace que el sistema de aprendizaje constante sea cada vez más difícil de sostener por falta de tiempo.

En estos nuevos escenarios, la IA aparece como una posible ayuda, no para sustituir a los profesionales sino para descargarles de tareas repetitivas y ayudarles a manejar volúmenes de información que ya superan la capacidad humana.

También existen ya versiones de AI pensadas para los pacientes y su salud.

La idea es convertir la IA en una especie de consulta al experto artificial pero con una base de datos tremenda, que por una parte acompaña y ayuda (nunca sustituye) al médico en su razonamiento clínico

Y en la práctica esto podría servir para que un médico subiera el historial completo de un paciente a su IA, con una enfermedad compleja bien explicada, y pedirle a la IA que lo resuma, que identifique los factores de riesgo más relevantes o que lo compare con las guías clínicas más recientes. Eso de hecho ya lo hacen las IA para los usuarios particulares. 

También podría el médico preguntar algo tan concreto como: ¿Qué dicen los últimos estudios sobre un determinado tratamiento?, y recibir una respuesta basada en literatura científica con referencias, logrando una conexión científica, sabiendo que las respuestas se apoyan en estudios reales, pues se indica de dónde salen los datos, lo que permite al médico verificar la fuente y tomar la decisión final.

Estas nuevas IA se puede integrar con los sistemas internos de los hospitales de cada país, de modo que las recomendaciones tengan en cuenta los protocolos y normas de cada centro. Modelos abiertos a las consultas de los profesionales y que se van constantemente actualizando.

Al mismo tiempo ya se ha lanzado una versión de IA dirigida al público en general, al paciente, que permite conectar historiales médicos y datos de salud personales. La idea es ofrecer respuestas más ajustadas a cada persona, con una visión global de su estado de salud.

Un paciente puede subir sus análisis de sangre, sus informes médicos y los datos de su reloj inteligente y pedir una explicación conjunta de todo ello. A su vez estos sistemas hacen preguntas, analizan las respuestas, e incluso en algunos casos son capaces de entender la modulación de la voz, para detectar problemas si es una herramienta que se utiliza de forma constante por el propio paciente.

Hay claros interrogantes importantes sobre la privacidad y el posible uso de los datos de la IA, algo que no sucede tanto si solo es un consultor para automatizar procesos complejos de salud, o solo administrativos, que también suponen un alto tiempo de los profesionales.

Cuando se trabaja con información tan sensible como la salud, toda la IA pone mucho énfasis en el comportamiento ético de todos sus modelos, intentando limitar respuestas peligrosas o no adecuadas. Y que esos datos NUNCA salgan del ámbito privado.

Una cosa es ayudar a los profesionales a pensar mejor, a comprender mejor cada caso y apoyarse en la evidencia científica para que el sistema funcione mejor, automatizando trámites validaciones y procesos que consumen una enorme cantidad de tiempo. 

Y otra cosa es que rebajemos los enormes procesos burocráticos y creamos que también se puede lograr restar procesos de humanización sanitaria. La máquina que mueve la IA debe ser consultada por un profesional médico, si queremos validar sus respuestas.

Pero seamos positivos. Un médico podría analizar en segundos la investigación más reciente sobre una enfermedad rara y sus síntomas, y esto podría traducirse en menos errores y mejores diagnósticos y tratamientos, menos retrasos y más tiempo para el trato humano con el paciente.

Pero también existe el riesgo si convertimos la IA como una herramienta de consumo abierto, con datos médicos a disposición de varios caminos, y por ello nos ofrece interpretaciones personalizadas, pues es fácil que el usuario le otorgue a esa IA más autoridad de la que debería, y existe el peligro de que un paciente retrase una consulta real porque una IA ya le ha dado una respuesta tranquilizadora. O que los datos salgan del ámbito totalmente privado, y se utilicen de forma bastarda. 

O, al contrario, que la interpretación que se hace de la respuesta de la IA como consultor abierto a todo el mundo, haga que las personas se conviertan en pacientes, sin tener que serlo por magnificar la persona lo que nos dice la máquina. Hay que saber interpretar lo que nos dicen las máquinas.

Es muy probable que llegue un momento —y puede que no tardando mucho—, en el que no se considera lógico que un profesional sanitario no utilice la inteligencia artificial para validar un tratamiento, un diagnóstico, y utilizar la IA sea en muchos sentidos el primer paso que acompañe a la atención sanitaria.

Ya hay seguros médicos que lo primero que hacen es filtrar la llamada telefónica para ver hacia dónde hay que derivar al paciente, un triaje con IA que hay que saber programar muy bien. Perdemos humanismo, aunque ganemos estadísticamente eficacia.

Ojalá estas aplicaciones alcancen los niveles de seguridad y fiabilidad necesarios, para poder implementarse de forma generalizada. Pero mucho cuidado, pues la Salud necesita humanidad a su alrededor.

El contacto humano también cura, sana, y siempre diagnostica, es imprescindible siempre.

Como una herramienta más, puede ser fabulosa la IA, como algo que sustituya a la humanidad del facultativo no será posible, pues la persona débil que se ha convertido en paciente, necesita ese calor que da la humanidad de quien le escucha.

17.6.26

Diferencias entre la Salud y la Sanidad?


Los ingleses usan los nombres de "health care" y "healthcare" para hablar de cuidados en salud y asistencia sanitaria. En castellano sería un poco la traducción para diferenciar la Salud y Sanidad. Dos palabras similares, que a veces confundimos.

Y ni es lo mismo, ni los profesionales o los objetivos que se dedican a estos dos temas, son los mismos.

Como ciudadanos y personas, debemos cuidar nuestra Salud.

Como ciudadanos y pacientes tenemos que admitir que sean los sanitarios los que nos cuiden si tenemos problemas de salud. Y debemos exigir una Sanidad Pública de calidad.

A veces es complicado pasar de ser persona libre a ser paciente, pero hay que admitirlo aunque sea duro, y por ello hay que cuidar antes y por nosotros, todo lo referente a la Salud.

Debemos responsabilizarnos de nuestra Salud.

Admitiendo que incluso así, nos fallará y tendremos que acudir a la Sanidad.

La Salud eres tú. Soy yo. La Sanidad en cambio, somos todos.

Fumar es tu decisión, pero cuando nos afecta a todos es un tema en el que debemos opinar.

Y por eso, aunque nos llenan constantemente de asuntos que se refieren a la Sanidad y a sus deficiencias, no escuchamos tantas voces hablando de la Salud y de nuestras responsabilidades personales para cuidarla.

Admitimos que la Sanidad está mal, floja, vacía incluso. Pero no hacemos lo suficiente para cuidar nuestra Salud, o para dotar la Sanidad de más recursos y nuestra Salud de más defensas.

Se dice que la Sanidad afecta al 25% del sistema de Salud de las personas, y que el restante 75% de esa Salud depende de las decisiones que vamos tomando cada uno de nosotros.

Nota.: La imagen está generada por Inteligencia Artificial, no es ningún quirófano real.

15.6.26

Somos libres de no ser libres


Estoy convencido de que El Roto en su viñeta de El País de junio 2026 no quiso ser tan duro como aparenta la viñeta. Seguimos teniendo libertad de opinión, de…, seguimos teniendo…, bueno sí, seguimos.

La vida está llena de Ciclos, de Tempos incluso que nos van modificando las sensaciones. 

Es cierto, existieron tiempos mucho mejores para la Libertad de Prensa, de Opinión, la Personal, y sin tener que insultar. Ahora creemos que por tener libertad de insultar, tenemos libertad de opinión. 

Hemos caído en la trampa.

Ahora, incluso los insultos, están programados. E incluso y esto es lo maravilloso, no nos damos cuenta de que han programado nuestra capacidad de insultar. 

No somos libres ni para ser libres

Ni para insultar, mientras nos creemos que sí somos libres. Je je je. Han sido fabulosos y hay que reconocérselo. 

7.6.26

Cartel por la Ley de Sucesión en España. Año 1947


En las Dictaduras también se vota. Poco, es cierto, con trampas, pero se vota. Sin campañas libres que pidan el voto de una forma o de la contraria, pero se vota para disimular, para darle carácter legal a algunas de las decisiones que toman los dictadores.

Este cartel es de la Campaña Electoral del 6 de junio de 1947 para votar en el Referéndum de Sucesión de España. Con una Ley hecha a medida, se instauraba la Monarquía de nuevo, pero se legitimaba a Franco como Jefe de Estado vitalicio. Iba a ser una Monarquía sin Monarca, sin Rey, para que no mandara como Jefe de Estado.

Era la primera ocasión que se votaba en España tras la Guerra Civil, tras el sangriento Golpe de Estado de Franco.

Como es lógico el resultado estaba cantado de antemano. Pero por si hubiera dudas, votar era obligatorio y a los trabajadores se les exigía que llevaran a la empresa un certificado como que habían ido a votar. 

El truco o el trato de esta exigencia, para que además pareciera normal, es que las Pagas Extras del 18 de Julio, la hoy Paga Extra de Verano, era en aquellos años un "regalo" del Estado que se cobraba o no se cobraba, según quería el mismo Estado. 

Quien no iba a votar y entregaba el certificado, se quedaba sin cobrar la Paga del 18 de Julio, y en tiempos de gran necesidad y hambre, eso parecía imposible.

Con una participación de casi el 89% de los electores, el 93% votó que sí a esa Ley de Sucesión, con un 4,7% en contra y un 2,3% de votos nulos o blancos. No hubo voces pidiendo el NO, pues no era posible.


5.6.26

La IA y las personas mayores. Usos y aprendizaje

Durante excesivos años hemos ido diciendo que las personas mayores no se habían podido enganchar a las Nuevas Tecnologías. Era relativamente cierto, pero eso ha cambiado por Ley Natural. Muchos ya no están, y otros que hemos ido entrando, llevamos 40 años con los teclados.

Ahora viene la duda de la aceptación de la IA por parte de las personas más mayores. ¿Hay dudas, es válido, hay que promocionarlo?

De entrada es fundamental tener Voluntariado Tecnológico para ayudar a las personas mayores. Que pueden ser los hijos o los nietos. Con calma, con paciencia, pues las personas mayores venimos de otros espacios y nos cuestionamos todo desde otra óptica.

La capacitación digital de personas mayores, a los que se les enseña a aprovechar mejor las apps de su móvil, a usar la IA o a simplemente entretenerse con las nuevas tecnologías, es fundamental para ampliar su calidad de vida, su entretenimiento, y abrirles la mente a nuevas opciones.

Jugar con máquinas es también un buen ejercicio de entretenimiento y de alimentar nuestro cerebro. 

Entender qué se puede hacer con la IA es otro, y no solo hablo de crear imágenes, es un excelente ejercicio de integración con el mundo que nos rodea, tengamos la edad que tengamos.

La relación entre la Inteligencia Artificial (IA) y las personas mayores es uno de los campos más prometedores de los próximos años. Y además tiene una particularidad interesante: muchas veces se presenta la IA como una tecnología para jóvenes, cuando en realidad puede ser especialmente útil para personas de 65, 75 u 85 años. Y no, no hablo (sólo) de hacer consultas médicas o de calidad de vida.

Hablo de mantener la actividad intelectual, combatir la soledad no deseada, facilitar nuevos aprendizajes entretenidos, estimular la memoria, desarrollar aficiones nuevas o ampliar los conocimientos de las anteriores, y prolongar la autonomía personal. 

Es decir, "estar más presentes en el nuevo mundo" aprovechándose de lo que en cada momento tenemos.

Muchos de nosotros vivimos en su momento la llegada de la televisión y más todavía la televisión a color y la televisión a la carta, vimos la popularización del teléfono inteligente que además es cámara de vídeo, o la llegada de la informática doméstica e internet. La IA podría ser otro de esos grandes cambios lógicos. 

Sin miedos, pues es una máquina controlada por humanos. Efectivamente, los humanos a veces somos unos bichos torres, pero esa es otra derivada.

Muchas personas jubiladas disponen de algo muy valioso, su tiempo para aprender lo que les guste. Y a la vez, su tiempo para repartir experiencia y trabajos menores.

La IA puede ayudar a estudiar historia, arte, literatura, fotografía, idiomas, informática, jardinería, filosofía o astronomía, por poner algunos ejemplos al tuntún. Y además puede adaptar las explicaciones al nivel que ya tenga cada persona.

La IA puede formularnos preguntas y ordenar nuestras respuestas. La IA puede proponer ejercicios de memoria, juegos de lógica, asociaciones de palabras, ejercicios de cálculo mental y de atención, ayudarnos en escritura creativa o poesía visual, o algo mucho más simple, ayudarnos a la resolución de problemas de todo tipo. 

Y además la IA es capaz de ayudarnos a escribir recuerdos propios y a ordenar todo, añadiendo datos a lo que le proponemos.

La IA no sustituye a los amigos, ni a la familia, ni se puede comparar a unas buenas relaciones humanas. Pero sí puede actuar como interlocutor nuestro a cualquier hora y ante cualquier duda o problema.

Puede ser un apoyo intelectual y social si necesitamos hablar con alguien, pues es también una herramienta de conversación. A cualquier hora, sobre cualquier tema.

Muchas personas mayores tienen intereses muy específicos que a veces encuentran poca atención en su entorno. Desde hace muchos años los que éramos diferentes teníamos pocas opciones de intercambiar datos u opiniones, y que ahora aunque nos suene a barbaridad, pueden encontrar ayuda en la IA, compañía y comunicación. No es lo mejor, ni lo correcto, pero a veces es lo inevitable.


El daño de los comentarios en Redes Sociales


Estamos en unos tiempos totalmente diferentes a los anteriores en cuanto a tener que soportar "los comentarios" que no hace muchos años, no existían en nuestras vidas. En décadas anteriores los posibles comentarios que recibíamos eran mucho menos y mediatizados por ser verbales y por conocer de cara a quien nos los efectuaba.

Hoy en cambio, más en casos de tener necesidad de estar en las redes Sociales (sí, a veces hay personas que lo necesitan para compensar por ejemplo la soledad no deseada) los comentarios casi siempre negativos, se reciben desaforados, brutales y sin medida, y sin poder conocer quien los efectúa.

Desde el anonimato un comentario asqueroso llega mucho más duro, se puede realizar sin ninguna medida de humanismo, de sentido común.

Es verdad también y según los estudios hechos, que el número de comentarios negativos en todo tipo de Redes Sociales es MUCHO más bajo de lo que se percibe. Pero el valor negativo que generan los comentarios negativos en personas vulnerables por muy diversos motivos, es tremendo.

Se calcula que ante la suma total de comentarios en Redes, y dependiendo mucho del tipo de Redes, del país que los origina y del momento dado, entre un 20% a un 40% son comentarios positivos. Entre el 40% al 60% son comentarios o respuestas neutras, que afianzan o meditan sobre lo publicado pero sin entrar en insultos, críticas desaforadas u opiniones duras.

Y nos queda entre un 15% al 25% de opiniones negativas. Solo esas. Que es mucho, sobre todo si analizamos a quien van dirigidas y sobre todo su intensidad.

No tiene el mismo valor negativo recibir unas críticas por tu forma de vestir que por tu explicación sobre un dolor o una enfermedad o trastorno mental. Un comentario asqueroso de un anónimo puede ampliar tu sensación de culpa, de ansiedad, de esa desesperanza que te atormenta, y hacer crecer esa depresión o ansiedad.

No es lo mismo que quien reciba una crítica asquerosa sea una persona que está peleando contra ella misma, que una persona que se muestra incluso para ganar dinero son sus ejercicios en Redes Sociales. A veces una mala crítica contra una persona en debilidad, hace que se replantee si merece la pena seguir peleando. No abandona las Redes Sociales, abandono estos marcos mentales.

Algún caso muy conocido hemos tenido en televisión, por críticas sin medida contra una actuación determinada, sin que los que las hacen den la cara ni sean capaces de entender los procesos personales de cada uno.

Los seres humanos como animales que somos, prestamos más atención a las críticas, los insultos, los conflictos, amenazas, polémicas o incluso silencios organizados que a las alabanzas.

Si una publicación recibe 95 comentarios positivos y 5 comentarios muy agresivos es muy probable que el autor recuerde sobre solo esos cinco que vienen de personas que muy posiblemente estén menos preparadas que quien las recibe y muy seguramente sea bastante menos humano.

Diversas investigaciones han encontrado que los comentarios negativos generan más respuestas, provocan más discusiones, aumentan el tiempo de interacción, y suelen recibir más atención. Y eso es precisamente lo que buscan algunas personas con sus textos publicados. Por eso a veces parecen más numerosos e importantes los comentarios negativos, de lo que realmente son, pues además los publican personas que se van haciendo conocidas por repetición lo que les otorga un valor personal que no tienen.

En muchas comunidades digitales el 90 % de las personas que entran solo observan y leen, el 9 % participa ocasionalmente, y solo el 1 % es el que genera gran parte del contenido. Es verdad que X es la Red con más críticas desaforadas seguida por Facebook, pero hay otras en donde las críticas a las entradas son mucho menores aunque depende de los temas que se tratan.

Por eso la sensación subjetiva de muchos usuarios es que "Todo el mundo critica" cuando los datos suelen mostrar algo más parecido a "Una minoría muy activa critica mucho y muy alto, mientras una mayoría silenciosa observa o participa de forma moderada.". Lo malo no es la crítica, sino el tamaño del insulto y hacia quien va dirigido.

4.6.26

Cuándo envejece el cerebro?


Hay una cierta teoría que ya se empieza a considerar "viejuna" y por ello caduca y con dudas, sobre el funcionamiento del cerebro. sobre todo en su capacidad de seguir creciendo o no durante toda la vida.

Siempre hemos creído que el cerebro se desarrollaba tremendamente en los primeros años de vida, y es cierto pues empieza desde cero. Y que a los 18 años llega a una situación de estancamiento pues consideramos que ya está maduro, adulto, aunque nosotros como personas a esa edad todavía no seamos en algunos casos, unos adultos. Y que en ese estado se mantiene fijo muchos años.

Hoy se observa que el cerebro sigue desarrollando a lo largo de toda la vida, aunque no a la misma velocidad. Eso supone que tenemos que aprender a conservarlo con buena salud, hasta que efectivamente por alguna enfermedad o trastorno, empiece a fallar, a romperse.

Pensemos en el disco duro de un ordenador. Puede que se vuelva algo más lento, que al estar muy lleno ya no funcione con la misma agilidad que antes, pero mientras no se rompa seguirá funcionando bien para nosotros aunque haya ya modelos nuevos y vacíos, a poco que sepamos mantenerlo en buenas condiciones.

Esto supone que en neurología deberíamos empezar a pensar en cuidar ese cerebro, en detectar síntomas leves de problemas antes de que e conviertan en graves. Normalmente cuando el cerebro avisa de sus propios problema, lleva años fallando lentamente y sin darnos cuenta, con leves fallos que si los hubiéramos descubierto antes, se podría tratar mejor la situación.

Somos capaces de entender que el corazón puede fallar, pero creemos que el cerebro, mientras no falle, es que está bien. Como si el cerebro se basara en otros mecanismos de desgaste. Sin darnos cuenta de que en realidad el cerebro es el que controla nuestro propio cuerpo, nuestra carcasa y el resto de piezas que hacen que sigamos vivos. El cerebro también es el que logra hacer funcionar bien el hígado o el páncreas por poner dos ejemplos.

Por ello además, sabemos que el estrés es malo para muchas partes de nuestro cuerpo. Afecta al cerebro y por ello a los mecanismos de respuesta de diversas partes de nuestra maquinaria. Podríamos decir también que junto al estrés mueven el cerebro para mal: los vicios, el alcohol, las sustancias, la inseguridad personal, las obsesiones, etc.

Sabemos que enfermedades como el Alzheimer pueden llevar desarrollándose una media de quince o veinte años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Hay que intentar detectarlo en fases muy tempranas. Si ya está diagnosticado, tenemos muchas partes de la solución perdidas.

Un sobrepeso a los 30 años actúa sobre una demencia a los 65 años. Con 30 años se puede vivir bien con sobrepeso, pero si te está dejando heridas internas, pagarás la factura dentro de unas décadas. A los 85 años de vida, la mitad de las personas tienen ya demencia en diverso grado. Entonces ya, es imposible resolver el problema.

Y curiosamente hoy en día, se puede medir la Salud Cerebral, incluso algunos síntomas muy leves los pueden detectar algunos relojes inteligentes, pues ya son capaces de medir la forma de andar, la velocidad, etc. Como hablamos, como nos movemos en el deporte o a la hora de hablar y andar rápido, como escribimos, como somos capaces de hacer dos tareas a la vez. Una pregunta tonta. ¿Tienes dificultad para hablar por teléfono si estás andando? ¿Necesitas pararte si al hablar por teléfono tienes que explicar algo complejo? Puede ser una casualidad o una causalidad. No te preocupes, pero piensa que todo es medible.

¿Has pensado en cómo afecta a tu cerebro que te sientas solo, abandonado? No tanto en "estar" solo, sino en como gestionas esa soledad.

Las señales de alerta pueden ser muy variadas pero no hay que obsesionarse, calma, hay que distinguir entre los olvidos cotidianos y los problemas que merecen atención. Olvidar el nombre de un restaurante o de una persona no suele ser preocupante. Más importante es perder el sentido y recuerdo de una experiencia, o repetir las mismas preguntas sin recordar que ya las has hecho o no recordar hechos recientes que deberían haberse quedado fijos en el cerebro.

Y si tienes dudas, no lo dudes, háblalo con tu médico de familia, que sabe mucho más que tu y te podrá tranquilizar.