Llevo malos meses con los fallecimientos. Debe ser la edad. la mía y la de los que se escapan. En pocas semanas he visto desaparecer a dos Vocales de mi trabajo municipal, al presidente de mi partido, al esposo de otra persona que gestionó durante décadas mi partido, y ayer a Raúl del Pozo. No han sido los únicos.
Mi vida como lector está siendo larga, aunque en las dos última décadas haya bajado mucho de intensidad lectora aunque no mi actividad de comprador casi compulsivo de libros. Es imposible leerme ya, ni la décima parte de los que tengo.
De jovencito empecé con José Luis Martín Vigil. Tuve un periodo intermedio con Camilo José Cela y algunos más de la prosa política y social de la época final de la dictadura. Eso me abrió la idea del periodismo literario hacia un Francisco Umbral ácido, y crítico con lo que ya teníamos sobre las cabezas.
Cuando Umbral falleció tuve que buscarme un sustituto. Gabilondo desde la radio no era suficiente, tenía que leer. Algunos aragoneses vinieron al rescate y desde Madrid, Raúl del Pozo ocupó ese espacio. Luego encontré a Juan José Millás y empezó a acompañarme.
Como es de suponer estos fueron los más usuales, aderezados por otros de similares características, casi siempre españoles lo cual es posiblemente un déficit mío, hasta que poco a poco fue dejando la literatura dura para adentrarme en el ensayo.
Raúl del Pozo a veces me gustaba y otros lo odiaba. Eso es bueno, pues si lo mantenía en mis escuchas y lecturas sería por algo valioso que me transmitía. Algo similar me sucedía con José Luis Trasobares.
Cuando uno mismo va creciendo en edad, a la vez que mengua en fuerzas y pelo, va perdiendo referencias de su vida, acompañantes de todo tipo.
Parece lógico, pero todo son como pequeñas heridas que te deja huella por abandono. Podríamos pensar que estar vivo y conociendo esas pérdidas es positivo por lo que supone de la propia trascendencia, pero no es cierto.
Quedarse poco a poco menos acompañado es admitir que todo va cambiando, todo se va perdiendo, y solo puedes observarlo y esperar…
Se pueden buscar recambios, eso sí, incluso es recomendable hacerlo. Pero ya no es lo mismo, pues muchas veces percibes que ya no estás viviendo en el mismo mundo.
Se pueden buscar recambios, eso sí, incluso es recomendable hacerlo. Pero ya no es lo mismo, pues muchas veces percibes que ya no estás viviendo en el mismo mundo.
Admites que vas cambiando, incluso admites que es a peor, pero cuesta admitir que te van dejando tus referencias.
