Naciones, sociedades, países que creíamos ricos en economías suficientes, en formación y cultura, en activos de todo tipo, se han ido mostrando débiles y se han hundido ante la adversidad de la crisis del año 2008 que se repita tras el COVID-19 y la Guerra de Ucrania.
¿Hemos dado una vuelta por nuestras calles por la noche, por la Plaza Mayor de Madrid por poner un ejemplo fácil y reconocible?
¿Saben cuántas personas se alimentan de la caridad en España?
¿Nos interesa saber de qué manera ha crecido la pobreza en España, en Europa en esta década perdida, o preferimos no saberlo?
Podemos esconder la mirada, podemos no querer seguir leyendo lo que incluso consideramos mentiras. O podemos ir a visitar al padre Ángel en Madrid y preguntarle, pues él siempre responde y además suele estar allí mismo atendiendo a todos.
La pobreza depende de nosotros, de nuestros silencios, de escondernos o de girar la cara. Si sigue en aumento nunca sabremos hoy a quién le tocará mañana. No hay ninguna garantía de que no sea a mí.
De nada.