28.8.19

Soñé con una máquina que no servía para nada

Hoy he soñado que me vendían una máquina de hogar que no servía para nada. Hacía de todo, pero no servía para nada excepto para joderme los ahorros. Una vez que la compraba todo eran visitas para venderme más “cositas” que tampoco servían para nada. Era oscura y alargada, pero nunca he logrado saber más de ella, ni para qué servía ni para qué puñetas la he comprado. Pero siempre estaba encima de mi mesa.

Creo que la vida es así, una constante sucesión de compras de nadas, de utensilios con los que se cae en la trampa del consumismo infantil y absurdo. Pero no solo de productos para el hogar, también de políticos, de ideas, de ciudades, de trabajos, de parejas, de hogares. 

Tenemos la obligación de autoengañarnos para no ser libres, pues no estar endeudado y disponer de un seguro de monedas, debe ser muy peligroso. No tener miedo es peligroso.

No pretendo elevar a rango de maravilla el ascetismo, es bueno estar entrampado de la propia vida. Son cuatro días y hay que saborearlos e incluso mal gastarlos. Pero al menos apoyo la idea de saberlo. 

Yo quiero ser tonto, pero antes quiero poder elegir ser tonto. Incluso si es posible quiero elegir qué tipo de tonto quiero ser y en qué tamaño de tontuna me quiero mover. 

Nota.: La imagen de arriba no es la realidad de mis sueños y ni se parece en nada.
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