Ayer hablaba ligeramente de Economía, básica, de la de empezar a conocer todos un poco más, para evitar que nos engañen. Tenemos que saber que la inflación nos hace más pobres y a su vez conocer en qué medida y qué debemos decidir cuando nos ataca. De eso saben mucho los argentinos, por desgracia para ellos.
Hace unos años se empezó a hablar del trueque, del intercambio de servicios entre las personas. Es algo antiquísimo como conocemos. Mi amigo me arregla el grifo da la bañero y yo le hago las declaraciones de impuestos, como ejemplo sencillo. Era una manera de volver a crear aquellos Bancos de Horas, o Bancos de Tiempo. En algunas Comunidades funciona mejor que en otras.
No es sencillo, no cuajó, pero se mantienen mucho entre amigos, entre conocidos. Cada día más, si tienen un amigo que es médico de familia, tienes un tesoro, aunque ellos lo sientan como un excesivo peso. Cuando la Sanidad Pública va lenta, los que pueden pagar la Privada lo hacen, los que no podemos, buscamos alternativas y los amigos o las Farmacias son a veces esa alternativa.
En esas viñetas os dejo un poco de humor sobre lo que es el trueque. Si eres descalzo y te ofrecen zapatos, tal vez esos zapatos los puedas cambiar por barras de pan o por unas camisas.
En realidad todo es trueque. Yo te doy parte de mis horas diarias de vida, para que las utilices como quieras, y a cambio me das unos números en mi banco, para yo poder comprar zapatos o pescados. Efectivamente, como hace miles de años.
La economía del trueque es una forma de intercambio en la que no se usa dinero del que fabrican los que gobiernan. En vez de pagar por algo con euros, dólares o cualquier otra moneda, una persona entrega un bien o un servicio a cambio de otro bien o servicio.
Pero tiene varios problemas. El principal es que las dos personas tienen que querer justo lo que la otra ofrece. Si tú tienes pan y quieres zapatos, pero el zapatero no quiere pan, el intercambio se complica. A esto se le llama a veces “doble coincidencia de necesidades”.
También es difícil poner precios. ¿Cuántos kilos de trigo equivalen a una cabra? ¿Y cuántas horas de trabajo equivalen a una bicicleta? El dinero solucionó en gran parte ese problema porque sirve como medida común de valor, al trocear con números el valor de las cosas y servicios.

