Nuestro mundo feliz se hunde por culpa de Omicrón.


En 24 horas todo el mundo "feliz" se ha reactivado ante la pandemia, se nos han acabado las alegrías del verano y ahora ya todos nos hemos ido llenando otra vez del miedo a las restricciones, a unas navidades a medio gas. ¿Se debe/puede pasar en 24 horas de la normalidad artificial al miedo? Sin duda como sociedad dejamos mucho que desear. 

Nos han ido convenciendo poco a poco de que Papá Estado está por encima de nosotros cuidándonos siempre, y que nosotros como niños inseguros vivimos muy bien escondidos entre la protección de laboratorio social.

De golpe ahora nos dicen que ya no podemos pensar en la altura del Árbol de Navidad de la plaza, del número de led que alumbran el cemento, y que tenemos que volver a prohibirnos nosotros mismos el entrar a los bares. ¡¡Chicos malos!!

Es el peligro de pasarse con la idea de Papa Estado tan fácil para manipularnos desde algunas culturas. No en todas sucede lo mismo. Así que nada, volvamos a las filas, a las caras templadas, al susto  y sin trato, y a pensar que somos muy débiles e incapaces de gestionarnos a nosotros mismos. Siempre nos quedará Doña Manolita.