Teoría sencilla de lo que es el dinero y su relación con la deuda

Hablar tranquilamente del dinero (teoría sencilla del chartalismo o cartalismo), ese elemento fundamental en el debate y el entendimiento económico, es, a veces, algo difícil. Sobre todo porque siendo un elemento de utilización diaria y en el que basamos gran parte de la argumentación y lógica económica, el dinero, su origen, su uso y sus efectos, están lejos de ser asentarse en un consenso unánime. Lo más característico, curioso si cabe, y de lo que quiero hablar hoy, es sobre su origen.

Probablemente pienses que es algo muy simple, de lo que ya has oído hablar. En el principio de los tiempos existía el trueque, y cuando se quedó escaso para ciertos intercambios vino la moneda. Pero puede que esa visión bastante parcial de las cosas esté más equivocada de lo que los manuales de texto de todo el mundo parecen indicar.

El origen del dinero se puede encontrar en una de sus definiciones más conocidas: “Dinero es cualquier cosa que los miembros de una comunidad estén dispuestos a aceptar como pago de bienes y deudas.”


El concepto importante es el de deuda. El dinero, y así su origen, según está visión chartalista, es la unidad de medida de la deuda. De ahí que pueda decirse que el dinero es deuda o, con un matiz que prefiero utilizar, la deuda es dinero.

Para entender este concepto, mal utilizado por documentales que aluden al dinero como una manera de esclavizarte (estupidez al canto), quiero volver al principio. Al origen. Y empezaremos por la visión normalizada.

Primero, los individuos usaban el truque para las relaciones comerciales. El truque consiste en intercambiar directamente un bien por otro.  Y claro, os podéis imaginar que eso tiene sus grandes inconvenientes. El primero y más claro es la necesidad de la “doble coincidencia de deseos”. El hecho de que si yo quiero pan y solo tengo peces, tengo que buscar a un panadero que tenga pan y quiera peces.

 El dinero, como elemento usado como medio de intercambio (una de sus tres funciones), simplificó mucho este problema. Lo que posibilita el dinero es que este sea pueda ser intercambiado por cualquier otro bien. Así que yo siempre admitiré dinero en vez de pan, cuando vaya a intercambiar mis peces, puesto que luego el panadero me admitirá también el dinero, que el a su vez utilizará en comprar (o intercambiar) con aquel que vende lo que el desea. La gracia está en que el dinero es algo que todo el mundo va a admitir como contraprestación o medio de intercambio. Primero, por su posible valor intrínseco (como la sal) y segundo porque, una vez generalizado y aceptado por todos, existe la confianza de que el dinero te lo van a admitir siempre. La palabra de gracia en esta visión es, por tanto, la confianza. Yo admito dinero como contraprestación porque tengo la confianza de que a mi también me lo van a admitir. Y como eso lo piensa todo el mundo en un feedback generalizado, el dinero se mantiene.

La visión Chartalista se basa, sobre todo, en otra de sus funciones. No tanto como medio de intercambio, sino como unidad de medida. ¿Medida de qué? De la deuda.

Y es que el truque no era algo tan común como se piensa. Antes de que existiera el dinero ya existía la propia deuda.

Pensadlo bien. Imaginaos que quiero pan, y que solo tengo peces. Pero mi panadero no quiere peces. ¿Me quedo sin pan? No. Le escribo un papel firmado diciéndole que le debo algo por valor del pan que me llevo hoy. Quizás quiera peces al día siguiente. No hace falta la doble coincidencia de deseos.Cuando el hombre quiera los peces vuelve a mi tienda y me los pide y rompemos el papel donde le decía que le debía peces. Si nunca quiere peces puede intercambiar ese papel (esa deuda) con otro vendedor que sí quiera. Aquí la confianza no se basa tanto en la propia moneda, como en el sujeto y en su capacidad de pagar la deuda a futuro. Pero claro, las sociedades antiguas, las que dieron origen al dinero, estaban basadas en pueblos y ciudades bastante pequeñas (en comparación con las actuales). Esa confianza estaba casi garantizada.

Tenemos el planteamiento de que una deuda es intransferible, y el dinero es de todo menos intransferible. Por eso puede costar un poco ver este planteamiento. Pero pensad en ello como lo que ocurre actualmente en los mercados. El Estado contrae una deuda, imprimiendo bonos. Esos bonos luego se pueden vender en el mercado secundario. Si yo compro un bono no tengo porqué esperar a cobrar la deuda del propio estado. Puedo vender esa deuda a cualquiera. La MMT aquí introduciría que, puesto que un país soberano siempre puede pagar sus deudas, siempre habrá confianza en el que bono se va a pagar, lo cual hace que su intercambio se haga con tal confianza que pueda emplearse incluso como dinero (ya que es sustituto perfecto del dinero). La deuda, por tanto, junto a la confianza plena del emisor, convierte a dicha deuda en dinero.

La gracia de todo esto la expone muy hábilmente David Graeber en su libro: Deuda, los primeros 5.000 años, donde hace un repaso histórico a las sociedades y el origen del dinero, evidenciando (a veces de manera demasiado numerosa, profunda y tediosa) la cantidad de veces en los que la deuda jugaba un papel fundamental mucho antes de que apareciera el dinero como tal. Antropólogos, sobre todo, dan cuenta de las antiguas escrituras, y la cantidad de edictos e inscripciones públicas que tenían que ver con la deuda.

Se pagaban impuestos ya antes de que existiera el dinero, pagando en trabajos públicos o como tributos en especie a los diferentes templos (versión previas a lo que seria el estado).

El dinero surge, por tanto, como unidad de medida de esta deuda, basada en el valor de los bienes a intercambiar. Por eso la teoría chartalista dice que el dinero no es un objeto. Para entender esto simplemente pensad en un metro. Un metro, como unidad de medida, es como el dinero, una entidad abstracta. La regla, que mide el metro, así como la moneda (el medio de intercambio elegido) es el objeto. La moneda es la forma oficial de reconocer una deuda que pueda intercambiarse.

¿Y qué moneda emplear como dinero?

Aquí la visión chartalista se vuelve a basar en los diferentes escritos encontrados para decir que generalmente se utiliza como medio de intercambio aquel bien que sirve para el pago de impuestos o tributos. Si el estado o el templo me obliga a pagar en plata (como explicaba en el artículo sobre Ur), la plata se convertirá en el medio de intercambio más fiable, porque siempre podré utilizarlo en el pago de impuestos. Aun en el caso de que utilizará otros bienes, siempre querré tener plata por si acaso al estado/templo se le ocurre obligarme mañana a donar X gramos. Eso no quiere decir que el estado sea el origen del dinero, al menos hasta que sea este quien lo cree (oficializándolo con inscripciones que le otorguen poder legal). El origen del dinero es la deuda o, mejor dicho, la forma que toma el reconocimiento de la deuda. El estado/templo solo puede potenciar mediante su poder coercitivo el valor de algunos bienes como medio de intercambio.

Actualmente el dinero sigue existiendo como representación de una deuda, o más coloquialmente, un IOU (I owe you). Actualmente, el dinero como tal ya no es algo a lo que el estado pueda dar más o menos valor en base a los tributos, sino que lo hace de forma total. Cada estado define lo que es o no es dinero, lo que se admite o no como moneda de curso legal. Una tienda está obligada a admitir dólares/euros/rublos/libras (dependiendo de cada país) como pago de los bienes que se deseen comprar.

En definitiva, primero fue el reconocimiento de deudas como medio de agilizar el proceso económico. El poder coercitivo del estado/templo para pedir impuestos/tributos genera también una deuda. Para medir esa deuda se pueden utilizar diferentes bienes, pero generalmente se usaban aquellos que el estado/templo admitía como pago.

Las dos visiones por tanto se diferencian en el peso sobre el que recaen. Una, la visión clásica, sobre el dinero como medio de intercambio (con un valor intrínseco, por tanto), y otra, sobre el dinero como unidad de medida (de los bienes y la deuda).

Lo cierto es que lo más seguro es que os haya conseguido embrollar un poco más la cabeza con el concepto del dinero y su origen. Todo recae sobre diferentes visiones de una historia que, por ser historia, no es del todo clara. Posiblemente nunca podamos viajar al 3.000 antes de cristo y ver de primera mano como funcionaba el sistema económico. Probablemente diferentes zonas o pueblos basaran sus sistemas de origen en estas dos visiones. Puede que haya evidencia sobre las dos. Puede que estén más unidas de lo que pensemos.

Puede que el dinero sea el concepto más simple y llano útil y diario pero, desde luego, sigue dando que hablar.

PD: Si alguien más docto en el tema quiere puntualizar o ampliar algo que lo ponga en la caja de comentarios. Estaré encantado de actualizar.
Miguel Puente Ajovín. Caótica Economía.