Cuanto más se manda, más posibilidades de mandar mal. E incluso de mandar bien.


La incompetencia es tremenda, pues muchas veces nubla la vista de los incompetentes. Y entonces, raudos, se dedican a buscar la incompetencia en los que le rodean. Cuanto más se manda más posibilidades de mandar mal. E incluso de mandar bien.