La globalización nos puede hundir. Pero nos podemos defender

Lo ha dicho primero Juan Rosell, el presidente de los empresarios, pero ahora me sumo yo. Cosas curiosas de la vida. O en España cambiamos o las empresas grandes se nos irán de aquí. En el fondo sus palabras y las mías buscan otros objetivos. La deslocalización es un hecho imparable, no cabe ponernos a pensar si nos afectará mucho o poco. Como tampoco cabe pensar si una vez que alguien huya, lo harán muchos o pocos. Ayer hablábamos de Detroit en otro sitio, y es el ejemplo más claro y además se dio dentro de un país claramente super capitalista.

A los débiles, a los “poca cosa”, solo nos queda prepararnos. Ellos nos quieren esclavos o a lo sumo criados del Sistema, pero incluso para eso nos tenemos que poner con urgencia a diseñar ese esclavismo con el menor dolor posible. ¿Tenemos que admitir que hay que ser esclavos? Bueno…, siempre lo hemos sido. Al menos intentemos elegir la mejor forma para nuestros intereses. Queda la rebelión. Poca cosa, no es posible pues el Sistema lo sabe. Prosigamos.

No queremos que entren emigrantes en Europa, menos todavía en España. Pero lo que va a suceder es que al no entrar ellos, se van a ir las empresas donde ellos estén. La economía del empresario capitalista escondido, busca rentabilidad y cero sustos. Ahora lo de la seguridad no lo tienen en esas zonas de origen de la mano de obra cero derechos, es lo que les falta y por eso no huyen en manada las grandes empresas de la Europa nuestra. Pero la pueden construir cuando ellos quieran, me refiero al Sistema Globalizador Pacífico.

Los empresarios españoles quieren sueldos bajos y cero dignidad laboral, creyendo que así van a poder competir contra la globalización. No ven que esto va de otra cosa. Menos sueldos…„ hasta cuanto? ¿Y menos sueldos no supondrá perder impuestos, ese famoso Estado social actual y el juego del consumo y su capacidad de mover economías gripadas? Es muy posible que los empresarios españoles no estén viendo que ellos, como pequeños que son, serán los primeros en caer en cuanto se consume menos en nuestra España.

Contra la globalización sólo cabe frenar su expansión. No sería la primera vez en la historia mundial. Que nadie crea que esto es nuevo. O convertirla en globalización total, es decir, también con esa parte positiva que se omite. Globalización social, en justicia, en cultura y formación, en movimientos de personas, en dignidad personal con los mismos derechos en todas las partes del mundo. Tampoco es tan grande esto.

Cuando se descubrió/conquistó América, el mundo del siglo XV se globalizó más que ahora. Se multiplicaron alimentos diversos y desconocidos, se llenó de oro y riquezas una parte del mundo a costa de destrozar otra parte, se crearon nuevos mercados y nuevas formas de comercio. Se intercambiaron culturas, religiones e ideas. Unos se hicieron más ricos, a costa de que otros desaparecieron. ¿Es eso lo que queremos ahora, otra vez? ¿Tal vez al revés entre occidente y oriente?


¿Y de qué forma podemos cambiar para que nos afecte lo menos posible? Bonita pregunta, a la vez que complicada. Sin duda hay que buscar economías propias según nuestra personalidad estructural. El turismo sería el ejemplo más fácil de explicar. Pero también ese turismo de larga estancia dirigido a colectivos sociales mundiales y muy determinados por edad. 

Sin duda la economía basada en la agricultura y ganadería del valor añadido. La economía del conocimiento y la formación de calidad universitaria. La economía de la cultura y el valor añadido de lo que no tienen otras zonas del mundo globalizado. La economía del servicio terciario de calidad, sin olvidar el sector primario readaptado. La economía de las comunicaciones, el transporte entre mundos y la seguridad. La economía basada en el mar y en la reparación.