Tras asesinar a Tiempo e Interviú, todo es más soso

Es mentira que hayan muerto las revistas Tiempo e Interviú. Las hemos matado. Entre todos, entre nosotros. Yo también. Una revista o un periódico o una marca de yogures se matan dejándolos de comprar. Luego nos podemos inflar a decir que eran insustituibles, que eran buenísimas o que hicieron un papel en la sociedad que ya nadie va a cubrir. Pero la verdad es que las hemos matado entre todos.

España pierde libertad con la muerte por asesinato de las revistas Tiempo e Interviú. La mojigatería imperante ha logrado lo que no lograron las derechas salvajes de los 70. 


En tiempos del inicio de la Transición, surgieron decenas de revistas de humor con viñetas de carácter erótico o directamente casi pornográfico, con dibujos de parejas (o más) haciendo cochinadas con sus cuerpos y sus frases. Y aquello se hundió. Hoy sería impensable que ningún loco osara dejarlas nacer. Y sin censura estamos. No hace falta.

Los censores somos nosotros. El gran censor es internet con sus multiplicaciones virales y el robo de nuestro tiempo libre viendo la polla del negro de Whatspp o los niños que se caen con los perros graciosos. Todo es plástico. Incluso el negro de Whatspp.

Tiempo e Interviú han logrado sacar a la calle sus últimos números, en blanco y negro y rojo sangre, con un total de 332 páginas. Con dos tristes alegrías del trabajo bien hecho. Antes cerramos entre todos La Codorniz, Andalán, Hermano Lobo, Por Favor, Vívora o muchas otras, pero lo importante es que sigamos pegados a lo gratis.

Lo gratis no es gratis. Lo que sucede es que el precio que pagamos por ello no lo notamos, pues estamos aborregado. Lo siento, chicos.