22.10.19

¿Y tras la jubilación, qué podemos hacer?

La jubilación no siempre es un tiempo de júbilo pues no siempre sabemos prepararnos para ella. Al perder el trabajo fijo se pierden los contactos, las llamadas, las tareas obligadas, la responsabilidad y esa sensación de utilidad que es tan necesaria en todo ser humano. Así que hay que asumirlo, entenderlo, trabajar el tema desde tu propia perspectiva y resolver lo lo mejor que sepas, a través de una preparación que debes comenzar antes de que llegue la jubilación.

Convertirte en el “cuidador” de nietos no es la mejor solución, aunque a veces sea la más sencilla y la que cazas o te cazan tras llegar a la jubilación. No solo es cambiar de tareas, de trabajo, de valoración, sino sobre todo de sensación de utilidad. Los nietos y los hijos nos pueden necesitar, pero a veces llegamos al esclavismo en silencio, y lo que podría ser un tiempo de alegrías e incluso osadías, se convierte en algo aburrido y sin tiempo libre. Y sobre todo del que es muy complicado escapar.

En la jubilación eres dueño de tu tiempo. De TODO tu tiempo, y para eso hay que estar preparado. Ya nadie va a venir a llenar tus horas con trabajos u órdenes. Y para eso hay que estar preparado y organizado.

La autoestima es fundamental para no caer en una depresión del jubilado, que es peligrosa. Hay que tener actividad, hay que crear pequeños proyectos vitales (o grandes) y dedicarte a ellos como si de verdad estuvieras trabajando. Hay que marcarse un horario, unas actividades, unas horas libres, una relación activa con personas, y perder el miedo al futuro.

A veces, muchas más de las que se deberían, las pensiones son bajas o muy bajas y por ello los miedos económicos abundan. Y aunque los gastos no son los mismos, sobre todo apuran la inseguridad de esa dependencia del Estado o de Instituciones que no puedes controlar.

Hemos tenido antes de la jubilación una larga vida laboral y hay que explorar si esta nos puede seguir dando alguna actividad después de la jubilación. Los oficios tienen muchas veces salidas laterales como voluntarios, para seguir activos. Pero también es un buen momento para aprender, para ayudar a los demás, para participar en pequeños proyectos, para crearlos y creerlos, para asistir a viajes, a charlas, a exposiciones, a reuniones y coloquios.

Sobre todo tenemos que estar pendientes de nuestro entorno, saber qué posibilidades nos ofrece nuestra ciudad, qué actividades tenemos cerca, marcarnos espacios temporales fijos con la pareja para compartir, programas de televisión o cine que sin atraparnos sean una posibilidad de crecimiento. La gastronomía y la salud puede ser otra actividad como lo tiene que ser el deporte suave (o no) y el andar de forma programada.

Escribir, el arte o la fotografía, el leer, la vida social o religiosa de tu comunidad, la recopilación de vivencias para compartir, el voluntariado o las actividades políticas son salidas posibles. 

Pero sin atarse en exceso, sino buscando espacios para compartir y crecer, pues incluso estando jubilados se puede ser feliz a costa de hacer buenos trabajos.


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