La importancia de construir bien al personaje, cuando se escribe una novela

Para contar una historia necesitamos personajes que nos muevan la trama, creen la acción, sepan relatarnos a través de un narrador qué está sucediendo, con sus palabras o sus actos. 

Los personajes pueden quedar relatados como unos entes muy redondos, con muchos detalles, contando una historia completa de su vida o de lo que ellos son. O pueden ser unos personajes más planos, simplemente unos brochazos incluso bastos de quienes son, de sus personalidades o de sus intenciones, pero no por ello serán ni más ni menos protagonistas o importantes en el relato. Depende de las acciones que realicen.
Pero siempre un personaje debe estar mucho más completo en la mente del escritor que en la de sus futuros lectores, mucho más completo que lo que se refleja en sus escritos, incluso perfectamente dibujado y terminado, escrito o no en hojas ajenas al relato, en donde tengamos perfectamente montado todo el sujeto, su forma de pensar y de actuar, sabiendo que muchos de estos detalles nunca los vamos a utilizar. Como escritores, debemos conocer al personaje perfectamente, sobre todo si es un sujeto importante en la obra. Luego iremos decidiendo qué contamos de él, qué escondemos o simplemente qué es lo que no queremos que aporte a la novela.
Hay que tener en cuenta que cada personaje no es lo que el escritor queremos que sea, sino lo que el lector quiere que sea. Por eso, si queremos una personalidad muy dibujada de un personaje, hay que entregarlo en la obra perfectamente delimitado, para que no se cree en la lectura como cada lector quiera. Excepto que el escritor pretenda precisamente esto, lo cual también es una decisión.


Es una muy buena idea tener una ficha de cada personaje, muy completas de datos y en donde hayamos puesto una teórica imagen del mismo, conseguida de un recorte, de internet, y en donde en todo momento veamos a la hora de escribir, cómo es cada personaje, para imaginarnos mejor su forma de actuar, de decidir.