Nacionalismo e independentismo. No son lo mismo

No es lo mismo nacionalismo que independentismo. Y esto que nunca se ha sabido ni querido explicar, es uno de los errores básicos a los que se agarran ambas partes —nacionalistas e independentistas— para tener más fuerzas en sus ideas de construcción del nuevo futuro.


 A algunos nacionalistas les interesa amagar con el independentismo, para asustar y tener más razones de presión ante sus demandas.


 A los centralistas les interesa unir independentismo y nacionalismo, para intentar demostrar que ambos son lo mismo y así quitarles a los dos sus razones.


 A los independentistas les interesa unirse de forma básica e inseparable al nacionalismo para demostrar que son muchos más de los que realmente son.


Pero además de no ser lo mismo, aunque no quiera decirlo nadie, tal vez sería bueno reconocerlo para poner en su sitio las diferentes ideologías, y dar valor a unos para quitárselo a otros. Donde crece el independentismo, decrece el nacionalismo puro. En número y en sentido social.


Estaría en la misma línea que durante algunas décadas poco democráticas, se intentó decir que era lo mismo socialismo que comunismo. No solo son diferentes, sino antagónicos en muchos casos.


Un nacionalista simplemente intenta cuidar, mimar, defender, conocer, poner autoestima y algo de asertividad en su propia sociedad, en un ejercicio básico a veces de simple supervivencia. La sociedad fuerte nunca necesitaría ser nacionalista. Excepto si lo que pretende es ser nacionalista propio para absorber a otras posibles nacionalistas mucho menores. Como un nacionalista quiere lo mejor para su sociedad, nunca aspira al separatismo pues sabe en el siglo XXI que cualquier forma de trocear un territorio o una sociedad es un seguro al empobrecimiento.


El independentista busca la independencia pura y dura, ajena incluso al nacionalismo racional. Y por diversos motivos sociales, donde todas las partes tienen responsabilidad (los que la pretenden y los que la niegan), incluso buscan la independencia admitiendo en voz suave que les puede ir peor. Y equivocándose en algo básico, y es que después de la independencia es posible que no sean ellos —los que luchan por conseguirla, los separatistas natos— los que gestionen sus consecuencias.


Todo ser humano individual necesita ser en un momento dado independiente. Y en ese ejercicio vital que surge en la adolescencia no hay paredes que le detengan. Y eso es bueno. Incluso es imprescindible y muy bueno.


Pero eso no tienen nada que ver con el ejercicio básico de todo ser humano para ponerse en valor, para exigir respeto y futuro, para crecer y ser capaz de valorar lo propio en un ejercicio de autoestima y de asertividad que le sirve para ser feliz  a la vez de para ser mejor.


Trasladado de una persona a una sociedad, estaríamos explicando de forma bruta lo que diferencia al nacionalismo del independentismo. Ser independiente es simplemente no ser dependiente. Pero eso no quiere decir que haya que enemistarse con la familia y dejar de tener trato con ellos. Una vivienda o una cueva no forma familia, no es el símbolo básico que crea sociedad. Lo es la relación, la ayuda, el apoyo, la convivencia.

Yo soy nacionalista aragonés. Pero estoy en contra del separatismo aragonés. No solo advierto que no están cerca lo uno de lo otro como ideología, sino que aviso de que a veces son antagónicos, y uno evita que tome valor el otro. Incluso diría más, si estas palabras las lee un separatista o un presunto nacionalista viejo que aspira a la independencia, verá en mí a su mayor enemigo ideológico.