Escucho a Sabina, escribo de nada y fotografío sabinas. ¡Uff!

Tarareo con los dedos sobre la mesa creyendo que estoy tocando un teclado acompañando la música que escucho, que es tan rítmica que hasta los sosos seríamos capaces de movernos. 

Pero eso me distrae, me aparta de lo que estoy haciendo, esto mismo que lees. Se me lleva hacia la música en vez de hacia la escritura. Me salen letras tecleadas con ritmo de Sabina y no es bueno pues vete a saber qué estoy escribiendo. 

Nada. 

Ruido, ruido, mucho ruido. Ruido entrometido. Silencioso ruido. Ruido enloquecido, ruido sin sentido.