¿Cómo pudimos vivir tantos siglos sin mascarillas?


Hace frío, tanto, que se agradece el uso de las mascarillas tapabocas para al menos tener caliente la nariz. Le estamos encontrando excesivos usos a las mascarillas, así que luego, dentro de 1.000 años cuando ya podamos quitárnoslas, no desearemos hacerlo. 

No nos conocen ni envejecemos tanto. Podemos ir sin afeitar y no sucede nada. Nos protegen de la gripe y los enfriamientos. Y además dan calor. Y son de diseño, con lo que puedes tener una cara distinta a la real, alegre o seria según convenga, aunque por dentro estés cagándote en todo lo demás. 

Yo tengo ya más de una decena de mascarillas de las falsas, de las de tela, más otro sinnúmero de las de verdad. Me regalan unas de diseño, otras que me hace mi santa, una de mi hijo y su empresa, otra con sensación de que soy pintor de cuadros, y una que parece que soy de Ciudadanos sin serlo, faltaría más. 

Pero a mi la que me mola para situaciones normales es la de quirófano y para los días de visitas de porte la de mi hijo que me mola mucho. Cuando tengo que hacer Zoom las tengo que recoger pues me salen en el vídeo, y en ese momento me doy cuenta de que nos estamos pasando en número. 

Lo que todavía no han hecho es regalarlas con el periódico, señal de que los medios en papel están muy malitos, como con COVID asintomático y en secreto para no alarmar.