Todos nos coleccionamos de todo. Incluso picantes


Todos somos coleccionistas de algo: de sonrisas, de personas, incluso de amigas y amigos, de billetes de 1.000 sin ser numismáticos, de comidas o sabores sin recoger las recetas o de viajes simplemente mirando la televisión. Podemos coleccionar de todo sin movernos de casa, comprar y vender, reír o incluso llorar unos pocos ratos cada día a modo de colección de sensaciones y simplemente mirando un trozo de cristal plano. Son los tiempos. Asumimos lo que nos entregan y nos lo guardamos.

En estos 10 meses últimos nos hemos coleccionado tristezas, dudas, miedos, mascarillas e incluso botes de gel. Hay personas que están escondidas pues no quieren decir su verdad, que se han coleccionado rollos de papel de WC que debe ser un problema por el espacio que ocupan. Yo prefiero coleccionarme botellas de vino, pero no sé por qué, enseguida se me convierten en botellas vacías y las tengo que tirar al contenedor.

Otra manía es coleccionarme picantes, pero todos ellos como recuerdos de sabores. No hay un picante, efectivamente, hay decenas de picantes distintos. Por países, por fuerza, por nombres, incluso por colores. Picantes suaves o imposibles. 

No es cosa de Diógenes sino de hacer caso a los que nos mandan, y ellos quieren que nos coleccionemos de todo menos fascículos. Y así estamos entretenido y no pensamos en ellos.  Y es que el truco consiste en que "ellos" se coleccionan… tipos como nosotros. Fáciles y coleccionistas de obediencias.