Palabras de fotógrafo inglés David Hurn, referente de los años 50 y 60


Empezó usted en 1955 a hacer fotos, ¿qué le interesaba por aquel entonces?


Correcto. Empecé a mediados de los cincuenta y mi interés era el mismo que ahora: ver la impresión de la gente, cómo la vida se abre frente a la cámara, cómo era innecesario crear nuevas realidades porque la existente era insuperablemente interesante. 

Me gustaba fotografiar las cosas tal y como eran y esto nunca ha cambiado. Siempre he sido un reportero, o un periodista personal si quieres llamarlo así, alguien que ha hecho algo que le gustaba. Siempre he buscado fotografiar lo que me interesaba y después encontrar a alguien al que le gustara lo mismo que a mí y —sobre todo— que pagara por ello. Así fue como pude abandonar mi incipiente estado de malnutrición. 

Lo que hice, sin embargo, fue empezar a frecuentar los coffee bars, que en aquella época se habían puesto de moda y eran locales gigantescos con muchísima vida. Allí descubrí algo curioso: si tú tenías entusiasmo genuino te encontrabas a ti mismo atrayendo a otras personas como tú. Creo que ahora lo llaman networking, pero en aquella época no es algo que hicieras a propósito o con alguna intención determinada.

La cuestión es que si hablas de algo con entusiasmo, atraes a alguien que habla de lo suyo con entusiasmo y aprendes a diferenciar a los que dicen y a los que hacen. Así que empecé a coleccionar (por así decirlo) «hacedores», gente que hablaba poco y hacía mucho, y nos enriquecíamos los unos a los otros. 

¿Cuál es su primer recuerdo de los sesenta del siglo XX? Lo primero que le venga a la cabeza.

Mi primer recuerdo de los sesenta es de hecho los sesenta [risas]. Todo lo que pasó en mis sesenta empezó a pasar a finales de los cincuenta. Los periódicos hablan de todo lo popero que pasó en los sesenta pero lo cierto es que eso solo pasaba en Mánchester o Londres, en las grandes ciudades. Yo estaba en medio de lo que pasaba y sabía de qué iba, conocía a Duffy, Donovan o Bailey y lo que hacían no puede llamarse rebelión, aunque fuera algo contra el establishment, porque no era metódico como antes, era gente que hacía cosas de una forma distinta. 

Toda esa gente, los Beatles, los Rolling Stones, tipos que se habían enseñado a sí mismos a tocar un instrumento… era muy excitante si eras parte de ello, pero había gente que quería publicitarlo como si aquello fuera todo lo que había cuando a la mayoría de la gente en el Reino Unido o en el mundo le importaba todo un pito. 

Si eras un inmigrante que llegabas a Gran Bretaña porque habían destruido tu hogar te importaban un pito los Beatles. Antes de saber qué música te gusta tienes que tener el estómago lleno. Eso me molestaba y me sigue molestando: esa parte de idolatrar una época por ese uno por ciento que en realidad no le importaba a nadie, excepto a los que estaban allí chupando del bote.

Entonces, ¿por qué tenemos esa obsesión con glamourizar los años sesenta?

Oh, porque vende revistas y libros, la gente tiene títulos y másteres sobre los sesenta y da clases de ello, pero a mí me importa un pito. Prefiero las revueltas, los viajes, las protestas… allí es donde veo la gente. ¿Los sesenta? A quién demonios le importa. Yo estaba allí, no fue para tanto [risas].


Estas palabras anteriores son del famoso fotógrafo inglés David Hurn miembro de Magnum y entrevistado en la revista Jot Down que reflejan un poco la vida de aquellos años de un cierto descubrimiento cultural, revolucionario incluso, de protesta, de queja, de trabajo por un mundo diferente tras la II Guerra Mundial.