Las grullas dibujaban sobre el cielo el camino


Las grullas dibujaban sobre el cielo el camino. Nosotros simplemente mirábamos su dirección. Escuchábamos sus voces y creíamos que los siglos se había congelado encima de nosotros. Era Gallocanta, era Aragón ancestral, era la naturaleza que nos avisaba de lo pequeños que éramos por incapaces de volar.

Ellas ni nos miraban, se habían acostumbrado a los espectadores erguidos que quedaban sorprendidos por sus gritos y los repetían sin para cuando nos miraban desde arriba. Creo que jugaban con nosotros.